Por: Fotos: Gala Abramovich

“Somos tantas, miles, ¿cuántas seremos en todo el país? ¿cuántas tras las fronteras, en el mundo?”, decía Liliana Daunes ni bien agarraba el micrófono, y la marea verde respondía con gritos, sonidos de tribus y cantos estrellas de la tarde. El #8M fue histórico, por lo masivo, la cantidad de jóvenxs, pero sobre todo por su carácter político y sindical. Las cúpulas obreras descubrieron al feminismo, que no puede ser tal sin el campo popular. Un día antes los sindicatos llamaron a una conferencia de prensa con un hit bien aprendido “La cumbia de la unidad, la bailan las trabajadoras/ la derecha no la baila, porque es una explotadora”. Frente a las cámaras las referentes de la CGT, las dos CTA, CTEP, la Corriente Federal, CCC, Barrios de Pie y el Frente por Milagro Sala, lograron unir en una convocatoria y en una marcha lo que ningún hombre pudo en varios años. Y ayer, ante más de medio millón de mujeres, lesbianas, trans y travestis, el documento que se leyó fue interrumpido en varias ocasiones con un reclamo que parece interno, que parece directo a las cúpulas masculinas: ¡paro general! ¡paro general!

A las 15 el centro de Buenos Aires ya estaba tomado por chicas, señoras, adolescentes, treintañeras, todas las edades, todos los colores, todas con los pañuelos verdes de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. A las 16 ya casi no se podía circular entre el Congreso y la Plaza de Mayo, todo estaba ocupado por columnas y más columnas. A las 17 las diagonales Sur y Norte rebalsaban de gente para entrar en Avenida de Mayo pero no había fluidez. Sin nada más que hacer, se hacía fiesta, cantos desde megáfonos que se iban repitiendo como ecos; porque lo que las pibas tomaron también ayer fue la palabra. La bandera de arrastre quedó perdida a la mitad de recorrido, nunca llegó hasta la plaza del Congreso. La marea humana no avanzaba, no había lugar, todo era mujeres, lesbianas, travestis y trans. Y también varones, que al parecer no pudieron correrse del foco de atención ni un día.

Si en las anteriores marchas los femicidios y las violencias fueron el reclamo principal, este #8M tuvo dos ejes centrales: contra los despidos y el ajuste del gobierno de Mauricio Macri, y por el aborto legal, seguro y gratuito. No fue un capricho ni una politización orquestada en alguna oficina, en las asambleas feministas que se dieron en el galpón de la mutual Sentimiento, al lado de las vías del tren Urquiza, las despedidas, las trabajadoras en conflicto, llegaban desesperadas a dar su testimonio. Las trabajadoras del Hospital Posadas, del INTI, del Ministerio de Hacienda, de la Casa del Moneda, de Pepsico, las tercerizadas de Latam, las docentes, las trabajadoras de la economía popular, todas afectadas por el ajuste salvaje que lleva adelante el gobierno, que precariza la vida de las mujeres. En las asambleas recibieron un abrazo feminista y un espacio de contención y se evidenciaron como la cara del ajuste. Ahí, en las asambleas -que fueron como movilizaciones en sí mismas por la cantidad de gente que hubo-, cuando se discutió quién iba a ir al escenario las manos alzadas en voto hacia ellas fue muy superior a la propuesta tradicional, la de representación de organizaciones. Hay una urgencia y tiene nombre.

Pero ayer en la calle, las cuadras y cuadras de mujeres le pusieron color a una lucha histórica: verde. Mostraron que la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito es unánime en los feminismos organizados. También en los grupos estudiantiles de 15, 16, 17 años que llegaban por oleadas, donde la reivindicación por la Educación Sexual Integral va de la mano del derecho a la autonomía sobre nuestros cuerpos. Como contracara a esto también se notó la ausencia del pañuelo verde en las columnas del campo popular sobre 9 de Julio. En los bases, en los barrios, la discusión no parece estar saldada. La fuerza del pañuelazo el 19F, la presentación histórica por séptima vez del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo con 71 firmas evidencia un momento donde la sociedad está dispuesta a dar el debate, situación que no se le escapa al gobierno. Si fuera oportunismo del gobierno, el movimiento por el derecho al aborto lo va a aprovechar. Pero la sensación de que “es el momento” descansa en el acumulado del feminismo en su reclamo más permanente. Muy claro lo dijo Brenda Austin, una de las diputadas radicales firmantes del proyecto, “no es momento de creencias personales o religiosas, se debate la salud pública”. Y desde el escenario quedó firme: los feminismos sabemos muy bien que el terreno cultural ganado fue en base a la militancia de las mujeres y la presión de la Campaña Nacional por el Aborto Legal. Por eso, la marea feminista marchó hacia el Congreso, en el sentido contrario de lo habitual. Que sepan los legisladores que la presión del movimiento de mujeres no disminuirá.

Marea obrera

En la avenida 9 de julio concentró la columna sindical. Las trabajadoras unidas en un hecho histórico. Las mujeres lograron que las centrales obreras convoquen al paro y salieran a la calle. Eso se notó. Las banderas tuvieron un protagonismo que no se había visto en otras movilizaciones feministas. Es el correlato directo del escenario que planteó el 21F, donde sólo se usó la palabra “Paro” junto al Mujeres. El espacio político se fue ganando a fuerza de alianzas y asambleas feministas. Vanesa Siley, diputada nacional y Secretaria General de SITRAJU, contó que en el #8M del 2017 intentaron marchar todas juntas en unidad pero no lo lograron, entonces este año llegaron a las Asambleas Feministas con ese objetivo. “Queremos traducir esta unidad de acción en muchas más, no sólo para esta marcha”, dijo días atrás en la conferencia que dieron en el Monumento al Trabajo, porque cree que “está en manos de las mujeres salvar al movimiento obrero organizado, por la necesidad de reconstruir su legitimidad y por la transformación que el trabajo ha tenido en los últimos años, donde la principal afectada es la mujer”.

En la calle, la 9 de Julio era una postal de las viejas huelgas general que ya no se hacen. Mamás adolescentes, abuelas jóvenes, bebés en brazos, banderas, resistencia y el dolor certero de que somos las mujeres las que sufrimos el ajuste en la medida más poderosa, doblegándonos a la informalidad y la flexibilidad laboral, al doble de trabajo sin ser remunerado. Al final de la noche, el documento fue leído y retumbaba por los parlantes de la plaza de los dos Congresos. Ahí se enumeraron los reclamos, que exigen mayor representatividad de la mujer en las cúpulas sindicales y paridad en la representación gremial, el rechazo de plano las reformas laborales de cualquier tipo impulsadas por el gobierno de Macri, la derogación de la reforma previsional que afecta principalmente a las amas de casa y trabajadoras domésticas informales.

Cobertura

Frente al escenario, Liliana Daunes leyó el documento -que se acordó durante dos meses de asambleas semanales- junto a Nora Cortiñas y Lita Boitano, Madres de Plaza de Mayo, y la histórica militante lesbo-feminista Ilse Fuskova. Frente a ellas un centenar de cámaras las enfocaban y transmitían en vivo para todos los canales de televisión, arriba los drones se movían como moscardones y filmaban la multitud de pañuelos verdes.

A un año de un represión y persecución, cacería de feministas post marcha #8M, esta vez el contexto social y la abrumadora masividad no dio espacio para la provocación institucional. El ánimo de la calle era otro. Se escuchó el hit del verano que tiene como protagonista al presidente y que salió, como él, de la cancha del club Boca Juniors, con mini pogos frente al escenario. Allí Daunes pidió una renovación en los cantos, para que el cancionero no ofenda a nuestras compañeras, que no son las madres del presidente. Y luego de la desconcentración, al llegar a la luz de la tv, todos los canales seguían pasando las imágenes de la marcha, debatiendo el feminismo en la mesa familiar.

Las imágenes se replican por el mundo: España y Uruguay con manifestaciones multitudinarias, lo mismo Francia, Estados Unidos. En Brasil las mujeres tomaron la redacción del diario “O globo”. La insurrección llegó al mundo.

Un tramo de la discusión ya fue ganada: salir a la calle produce resultados, ahora es tiempo de que el Congreso le dé al movimiento feminista el saldo legislativo que necesita para fortalecerse. Necesitamos una ley de interrupción voluntaria del embarazo, la fabricación pública de Misoprostol y Mifepristona y que la ANMAT los reconozca como medicamentos obstétricos y ginecológicos. Las mujeres somos las sujetas políticas que han rechazado durante años. La calle parece decir “¿Así que me subestimaste? Mirá lo que puedo hacer”. El que no escucha es necio, varón y patriarcal.