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Legitimar el derecho de las mujeres a una maternidad voluntaria y no imponerla como obligatoria sin su consentimiento es una deuda de la democracia.

Parto de una convicción: nadie puede sustituir, penalizar o dic-taminar qué hace una mujer con un embarazo NO: no buscado, no deseado, no previsto, no evitado, no pensado, no consentido. Un embarazo presidido por el no es un hecho traumático al que hay que encontrarle solución. En cualquier caso, la decisión es de la mujer. Es eso lo que decimos cuando hablamos de derecho al aborto. Aaspiramos a que se reconozca la libertad de decidir sobre su embarazo como derecho básico de ciudadanía de las mujeres.

Para hablar del derecho de las mujeres al aborto no se puede pasar por alto el papel humanizador del vínculo que da origen a cada vida humana individual: el vínculo con la madre. Todos nacemos de mujer… o de un cuerpo capaz de gestar, es decir, que tiene los órganos reproductivos funcionales a la gestación y al parto. El embrión humano ocurre en la medida en que el cuerpo está sometido a las leyes de la biología. pero, aunque el cuerpo biológico es un prerequisito para que advenga el sujeto en una cultura, en relación so- cial con otros, el cuerpo, el embrión en este caso, no Es el sujeto. salvo para quienes creen que los embrio- nes son de dios, o de una fuerza sobrenatural, capaz de humanizar un cuerpo embrionario haciendo caso omiso de su vínculo con el deseo de la madre. Lo que humaniza al embrión es el deseo materno que anhela que ese embrión sea un hijo. No simplemente un organismo vivo, sino una persona que cuidará y amará mientras desarrolle las características de la especie humana en su cultura, y hasta que adquiera autonomía para valerse en su grupo social. El parentesco biológico no asegura por sí mismo la existencia de un vín- culo afectivo personalizante.

Hay mujeres que abortan embriones que han deseado, porque las mujeres no decidimos solo en base a nuestro deseo, sino en función de condiciones que juzgamos necesarias para poder criar a un hijx. Y también hay quienes creen que Dios, el papa, la naturaleza, pueden hacer un hijo del embrión que ella no quiere. Esas son las que pueden sentirse culpables si abortan. no les sucede lo mismo a las que resuelven voluntariamente interrumpir un embarazo que les re- sulta incompatible con su proyecto de vida y se responsabilizan así de llevar una vida vivible para sí mismas y para quienes dependen de ellas, ya que es muy frecuente que las mujeres que abortan ya tengan hijos. Y la mayor parte de las veces todos los que desean y pueden mantener.

El trabajo de maternar (dar los cuidados de los que depende la vida del (infans) recién nacido humano) pro- duce por añadidura la libidinización de su cuerpo, la significación afectiva que humaniza el cuerpo infantil, crea, produce, a partir de una vida orgánica anónima, un ser humano al que se nombra, que entra en relación con otros y tiene un contorno propio. El niñx que nace no es solo un “ya dado” por la biología, ni mucho menos por la pura genética. Es un constructo cultural. Desde el origen polivalente y aleatorio del embrión, se abren dos posibilidades para el ejercicio del poder de la mujer gestante: si la mujer gestante puede hacer imagina- riamente de “eso” un hijo, “eso” será una persona y si no, lo más probable es que el embarazo se interrumpa es- pontáneamente como ocurre en un alto porcentaje de casos, o que sea interrumpido voluntariamente.

Los “niñospornacer” de los que tan prematuramente se habla, solo lo son porque están animados por el deseo de celebrar a Dios y cumplir con los mandatos de género. Existe un “niño por nacer” cuando la mujer inviste su embarazo y decide que quiere que sea su hijo. ni los varones, ni las leyes, ni los médicos, ni la iglesia, son quienes hacen nacer niños. somos las mujeres, quienes ante el compromiso vital que implica la maternidad, deciden sÍ o no gestar y parir, según su leal saber y entender. los poderes dominantes no respetan, ni su vida, ni su aptitud para decidir sobre sí mismas y las tratan como seres subalternos. las ofrecen en sacrificio en el altar de “lavidadesdelaconcepción” para sostener su fe, e imponerla como verdad, a quienes confían en el buen tino y la capacidad ética de las mujeres, las únicas que pueden y deben tomar sus propias decisiones de vida. Y que toman de todas maneras, aunque se jueguen la muerte.

Destinar un embarazo al nacimiento es la obra del trabajo deseante de la mujer que así le da humanidad singular a eso que prolifera en ella. Da vida a alguien. Una vida, no “la” vida. Distingue el proceso biológico impersonal, de una persona que será incorporada a su grupo social como su hijo/a, porque ella tiene el poder de hacerlo.

Impedir que el aborto voluntario sea legal, intenta desalojar a las mujeres de su privilegio de ser las creadoras y donantes voluntarias de la vida. Depositarias de la condición humana universal: ser paridxs y separadxs del cuerpo de la madre. Al nacer, el ser que se separa y aparta de la unión fusional, agrega valor a la mujer que abandona y hace madre. Y la mujer es el único ser vivo que sabe que está generando valor social cuando realiza la labor de gestación y el trabajo de parto.

Las mujeres aspiramos a que se nos reconozca la libertad de decidir sobre nuestros embarazos como de- recho básico de ciudadanía. otros y otras se referirán aquí a los fundamentos jurídicos de esta libertad. lo mío es un argumento ético surgido de mis experiencias personales, pro- fesionales y políticas. Una ética de la igualdad de géneros donde domina la cultura de la subordinación. la legalización del aborto voluntario pretende transformar el imaginario social hegemónico, que reduce la maternidad, que incluye tanto la disposición biológica, como los dispositivos cul- turales de reproducción social de las relaciones de poder entre los sexos, a una pura relación “natural”.

El proyecto de IVE que presenta la CNDALSG abre espacios de implementación de políticas públicas que garanticen los derechos y la autoridad de las mujeres para gobernar sus vidas y valoriza su capacidad de transmitir valores de autonomía y creatividad cultural.

Legitimar el derecho de las mujeres a una maternidad voluntaria y no imponerla como obligatoria sin su consentimiento es una deuda de la democracia.


Legitimar el derecho de las mujeres a una maternidad voluntaria y no imponerla como obligatoria sin su consentimiento es una deuda de la democracia.

Educación sexual para decidir. Anticonceptivos para no abortar. Aborto legal para no morir.