Por:

Las jóvenes nos están demandando el reconocimiento de su derecho a decidir sobre sus propias sexualidades, emociones y cuerpos, a vivir sin violencia, a comenzar y continuar su vida sexual con disfrute, con educación sexual, con acceso a anti conceptivos y con aborto legal si se lo requiere.

Es un honor y una gran alegría haber sido convocada para participar de este tan esperado debate. Primero de todo quiere decirles que fue tan esperado este momento, por tantos años, que tengo una gran emoción por estar acá.

Quiero hacer un recorte de aquello que yo puedo abordar ahora, para reconocer toda la riqueza de las cual se ha hablado acá sobre todo de todas las colegas que me precedieron en la defensa del proyecto de la Campaña

El proyecto de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, es producto de la historia de la movilización de mujeres y feminista y ha sido debatido colectivamente por más de 12 años en la sociedad. No esta imporovosado.

Como ya lo han dicho en este recinto, esta lucha no comenzó ahora, viene de hace 35 años, tiene casi tantos años como el proceso de democratización iniciado en Argentina en 1983. Y acompaño ese proceso. Se amplifico en los Encuentros Nacionales de Mujeres (ENM), que son el punto nodal de expansión y articulación feminista.

En los años transcurridos, diversas organizaciones y redes se han organizado, para canalizarse finalmente en la Campaña por el Derecho al Aborto, desde 2005-

La crisis del 2001 y las protestas populares previas y posteriores fueron un significativo cambio de escenario en la vida política argentina y también lo fueron para las demandas de nuevos derechos, vinculados a la sexualidad.

Las mujeres que tenían alguna forma de militancia o activismo en los barrios y que participaban de los ENM comenzaban a romper el silencio, hablaban del aborto y activaban por la despenalización y legalización, junto con las feministas

Ese proceso se fue profundizando. Observemos hoy las calles: miles de adolescentes y jóvenes de diferentes barrios, colegios, universidades, fábricas, etc, nutren las marchas y reclaman en forma cada vez más enérgica por la educación sexual integral, el libre acceso a anticoncepción, la despenalización y legalización del aborto y la igualdad de género en todos los ámbitos,

Estamos en presencia de la articulación de demandas en el espacio público y de nuevas actoras y por esto estamos acá.
La salida a la calle en las manifestaciones y el activismo en diferentes espacios tienen un potencial transformador de las identidades, que es lo que sucedió con la emergencia y el desarrollo del Ni Una Menos.

Desde que surgió en 2015, la consigna del NI UNA MENOS contra el abuso, la violencia y los femicidios se expandió por todo el país e impactó muy fuertemente en el Estado, los partidos políticos de signos muy diversos, los movimientos sociales, las organizaciones sindicales, sectores religiosos, empresariales, etc. Las imágenes que identifican al NUM se pueden encontrar en dependencias oficiales, negocios, y hasta en alguna parroquia. Como manifestó en una entrevista una de las integrantes del colectivo, Florencia Alcaraz, se derrama por todas partes. Podía derramarse por diferentes canales, más o menos feministas o más o menos patriarcales: las consecuencias de estos impactantes procesos de acción colectiva, es que muchas/os pueden solidarizarse con el dolor de las mujeres en situación de violencia, estremecerse de espanto ante la brutalidad de los femicidios, cuestionar o denunciar a los varones violentos, exigir medidas ante las violencias contra las mujeres. Pero, y en muchos casos, no preocuparse del mismo modo por la violencia contra las lesbianas y trans, no estar de acuerdo con la despenalización y legalización del aborto, no considerar la violencia, la humillación y el irrespeto que sufren muchas mujeres que deciden abortar, por no hablar del peligro a la salud, cuando no tienen recursos para hacérselos en forma segura

La principal demanda del NUM, para que se detenga la violencia machista y los asesinatos de mujeres, pudo ser adoptada tanto desde un discurso feminista como desde otros discursos, patriarcales, sean laicos, o religiosos. Los sectores e iglesias tradicionales no tuvieron nada que objetar en relación con las concentraciones y marchas. En cambio, son muy críticos de los ENM y de la marchas y concentraciones del 8 de marzo.
Con el tiempo, el reclamo se construyó en discurso feminista, y especialmente las jóvenes abrazaron la lucha por la legalización del aborto, como lo vimos en el 8 M de 2017 y especialmente en el pañuelazo del 19 de febrero de 2018 y en la gigantesca marcha teñida de color verde en el 8 M de 2018.

Las jóvenes nos están demandando el reconocimiento de su derecho a decidir sobre sus propias sexualidades, emociones y cuerpos, a vivir sin violencia, a comenzar y continuar su vida sexual con disfrute, con educación sexual, con acceso a anti conceptivos y con aborto legal si se lo requiere.

Las jóvenes nos están demandando el reconocimiento de su derecho a decidir sobre sus propias sexualidades, emociones y cuerpos, a vivir sin violencia, a comenzar y continuar su vida sexual con disfrute, con educación sexual, con acceso a anti conceptivos y con aborto legal si se lo requiere.

Todo esto se engloba en la noción de Ciudadanía sexual, que hace visible la demanda en torno al control del propio cuerpo, la seguridad, la propia definición sexual, la legitimidad de la agencia y del placer y cuestiona el desbalance de derechos existente entre los géneros/sexualidades, normados por los patrones patriarcales y heterosexuales.

Esta concepción se basa en la demanda por el reconocimiento de la sexualidad sin vincularla necesaria y únicamente a la reproducción, esto es, a ninguna visión esencialista de alguna finalidad de la misma.

Cada derecho sexual ganado es también la puerta que abre más derechos civiles, sociales y políticos, etc.

Es necesario, señoras y señores legisladores que den su apoyo y su voto al proyecto de la Campaña porque la igualdad de oportunidades y de derechos es condición para el pleno ejercicio de la ciudadanía, la cual está definida como una práctica de sujetos corporizados, cuya identidad de sexo/género afecta fundamentalmente su pertenencia y participación en la vida pública.

Quiero remarcar que el obstáculo central para la ciudadanía de las mujeres es la política de la maternidad -que Carol Pateman llama la diferencia por excelencia-que no puede ser dejada de lado en este debate.

Las regulaciones en los derechos sexuales llevan como base ideológica una concepción de la mujer-madre y de una sexualidad femenina al servicio exclusivo de la procreación y no del placer.

Generalmente, en los grupos que más se oponen a los derechos sexuales, existe una ideología patriarcal muy acentuada, ya se trate de varones o de mujeres.

Se basan en general en definiciones esencialistas sobre nosotras. A quienes muchas veces intentan controlar y domesticar para que sean buenas madres, en sus términos, útiles agentes de las decisiones de otros, no de nosotras mismas, que decidimos si y cuando podemos y queremos ser o no madres.

Se ensañan más con los cuerpos, emociones y decisiones de las mujeres más pobres para tutelarlas y con la excusa de cuidarlas, tomar decisiones por ellas.

La demanda en torno a la despenalización y legalización del aborto se inscribe en el marco de la sexualidad como asunto político, de ampliación de la ciudadanía para las mujeres, lesbianas y trans, enarbolada en el cuestionamiento al orden patriarcal que vincula la sexualidad a la procreación.

Está ligada al reclamo por el control de nuestros cuerpos, y exige un enfoque de derechos humanos y política pública. Por lo tanto, desvinculado de las creencias religiosas que cada funcionario/ a tenga.

Lo que indica la importancia de la profundización del estado laico, que como la democracia, siempre puede ampliarse y perfeccionarse. Estado laico que debe garantizar con políticas públicas el poder de las mujeres, lesbianas y trans para tomar decisiones libremente sobre sus cuerpos y sus propios proyectos de vida.

El hecho de que el movimiento feminista haya puesto en la arena publica la lucha por la despenalización y legalización del aborto y que hayamos llegado hasta este recinto, muestra la demanda por la profundización del carácter laico del estado en Argentina, como se vio con el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género.

Las leyes y las políticas públicas no pueden responder ni a los deseos de algunas dirigencias religiosas ni a las creencias religiosas y morales de legisladorxs y funcionarixs. Las y los representantes del pueblo tienen la obligación de no imponerlas al conjunto de la población, por e contrario, llevar a cabo sus funciones de acuerdo con el interés público, más allá de sus creencias.

Con la ley aprobada las mujeres decidirán lo que quieran y puedan, ya que las que abortan no son marcianas, en su mayor parte profesa alguna religión. O es este el problema? Que sean creyentes y aborten y no hayan tenido las espantosas consecuencias que sean han comentado aquí?

Históricamente se nos ha considerado menores, y hasta que los fuimos consiguiendo, sin derechos para disponer libremente de la propiedad, a la educación, al voto, a la responsabilidad parental, a la discriminación positiva para participar en elecciones y ser elegidas, entre otros.

Y en pleno siglo XXI, a casi 100 años de la modificación del Código Penal que estableció dos causales, que ya fueron ampliamente discutidas, seguimos siendo consideradas incapaces de tomar decisiones responsables sobre un embarazo no deseado, cualquiera sea la causa.

Queremos que esto se acabe ya.

Las adolescentes y jóvenes, muchas son nuestras hijas y nietas, que tienen proyectos de vida a desarrollar, que pueblan las manifestaciones en las calles, que hacen talleres en los colegios y barrios para compartir estrategias de cuidado individual y colectivo, para hablar del uso de anticonceptivos, merecen ser tratadas como sujetas de derecho, ciudadanas plenas, y no sufrir humillaciones y tratos crueles de parte de las instituciones y sus agentes que debieran garantizar sus derechos. Lo cual afecta a todas, pero más, a las que poseen menos recursos y de territorios marginales.

Por eso, educación sexual, anticonceptivos, despenalización y legalización del aborto para respetar los derechos de todas.

Ha llegado el momento en que las mujeres no tengamos que presentarnos ante el poder patriarcal, sea este ejercido por varones o por mujeres, para explicar nuestras decisiones. Esto es lo que nos convertirá en ciudadanas plenas.