Este debate se produce sobre el rotundo y sistemático fracaso del Estado para un problema que existe, que se plantea para la vida de las mujeres y sobre el cual las cifras ya se han planteado de manera extensa. Se producen 500.000 abortos al año, tenemos entre 50 mil y 80 mil mujeres que son internadas por complicaciones con abortos; tenemos una cantidad de mujeres muertas, mutiladas no sabemos cuántas tenemos. Es el fracaso de la política del aborto clandestino, una política que el Estado nacional argentino mantuvo durante toda su existencia bajo diferentes variantes.

El aborto clandestino es un negocio para las clínicas privadas. Hay un sector de las mujeres de una clase social acomodada que se pueden practicar un aborto seguro y en este país, desde siempre, en las clínicas privadas las mujeres se han podido practicar abortos seguros.

El aborto clandestino es un mecanismo de disciplinamiento social contra las mujeres en general y particularmente contra las mujeres pobres. Es una herramienta política. Efectivamente, el Código Penal se ha mostrado, de acuerdo a una mirada, absolutamente ineficiente con relación a esta problemática, porque no vemos que estén detenidas 500.000 mujeres al año, eso no ocurre; ni siquiera las 50 mil o 80 mil mujeres que pueden quedar internadas por complicaciones. Pero quiero hacer una corrección: el Código Penal en un Estado como el nuestro, no es solo un instrumento para aplicar penas, es una herramienta política, es un instrumento ideológico, establece las bases de la sociedad. Y durante toda su existencia el Estado nacional argentino y los gobiernos que transitaron en este Estado nacional le han dicho a las mujeres de este país que si abortan son asesinas, que deben ir presas, que tienen que ocultar este tipo de prácticas. Y en ese sentido, el Código Penal ha resultado ser enormemente efectivo; porque es una herramienta política y un mecanismo de control social del cual son absolutamente conscientes las iglesias que desfilaron por este estrado el martes pasado defendiendo la clandestinidad del aborto. Entonces, el Código Penal es un instrumento fundamentalmente político y esto me parece muy importante tener en cuenta: cuando le dice a una mujer que es asesina, que va a ser penalizada por hacer esta práctica, el Código Penal está sometiendo al conjunto de las mujeres.

Ahora, a nosotros no se nos escapa que acá hay una extorsión en curso. Quiero introducir para el debate parlamentario los elementos políticos del presente: hay una extorsión en curso. Primero, han puesto el debate porque hemos puesto en pie un movimiento de mujeres hermoso, que logró durante estos últimos 30 años combatir todas estas políticas del Estado argentino y de las iglesias, sobreponerse a eso y lograr una mayoría entre la población que abraza la causa del aborto legal. Este es un mérito del movimiento de mujeres impresionante. Pero, en segundo lugar, el gobierno pone esto en debate porque está peleado con la Iglesia católica. Ha tenido un primer logro el gobierno frente a esto. Resulta ser que en menos de un mes el papa Francisco pidió disculpas por sus gestos; en menos de un mes, cuando el gobierno no se lo esperaba, el papa Francisco le mandó una esquela a Macri diciéndole que tenía que seguir gobernando bien, sic. Y, finalmente, emitió su tercer exhortación episcopal, en la que refiere a la problemática que estamos discutiendo en la Argentina, y que introduce el tema de decir que si vamos a defender a los embriones les pide por favor que se acuerden también de los pobres’, que es lo que hizo [Gustavo] Carrara en este estrado el martes pasado. Esta es mi interpretación política, yo estoy acá como dirigente política. Quiero que eso quede claro para todos aquellos que se molestan con las interpretaciones políticas. Soy mujer y hago interpretaciones políticas sobre lo que pasa. (Mientras emitían gritos las Diputadas Martinez Villada, Ivana Bianchi y otras)

Entonces, estamos en presencia también de una extorsión y queremos advertirles, a aquellos que quizás se engolosinan con los gestos papales en estos días, que el movimiento de mujeres va a analizar todo lo que está pasando y va a defender su derecho a la legalización del aborto en las calles, como lo hizo el último 8 de marzo con una movilización de más de un millón de personas en todo el país. No vamos a dejar que detrás del movimiento de mujeres se terminen enjuagando acuerdos que tiren por la borda las aspiraciones de este enorme movimiento de mujeres. Les quiero ofrecer otro argumento. Acá se está hablando en estos días del achicamiento del Estado y, entonces, se despiden trabajadores y trabajadoras. Hay mucha preocupación al respecto de achicar el Estado. Nosotros tenemos una fórmula para darles: hay que legalizar el aborto porque, como aquí se dijo, el aborto clandestino es tremendamente caro para el Estado. Entonces resulta ser que tenemos un montón de mujeres internadas y un gasto superlativo del Estado con el que los diputados, las diputadas y el gobierno no están dispuestos a terminar.

Quiero decirles finalmente lo siguiente: el movimiento de mujeres está luchando plenamente y conscientemente por este derecho y vamos a ir adelante y vamos a tratar de convencer a cada uno de los legisladores y las legisladoras. Y somos conscientes de que lo vamos a seguir haciendo desde las calles, movilizadas y respetando absolutamente un principio: a diferencia de muchos de los que se han parado acá, nosotras hablamos por nosotras mismas, no hablamos en nombre de nadie. Hablamos por nosotros mismas: nos alcanza con todas las mujeres de diferentes sectores, trabajadoras, estudiantes que nos estamos movilizando por este derecho para saber que solo -si eso fuera necesario aclararlo- solo por ellas, solo por nosotras, es necesario aprobar este derecho. Luego, muchas de las que hoy no quieren hablar o muchas de las que hoy no pueden hablar serán beneficiadas con este derecho que hemos podido conquistar. Nadie puede expropiar la voz de las mujeres: hablamos por nosotras mismas y les reclamamos que terminen con esta actitud y legalicen el aborto de manera inmediata.