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Al momento de la Convención Constituyente, el Consejo Nacional de la Mujer, primer organismo jerarquizado, ya tenía una importante gravitación en la agenda gubernamental y social. Logramos la sanción de la Ley de cupos, primera a nivel mundial, como así también políticas pioneras en salud sexual, educación, trabajo, comunicaciones, y otras.

Agradezco esta oportunidad a las diputadas y diputados y especialmente a quienes presiden las comisiones por el clima democrático y de pluralidad de estas audiencias.

Quiero decir ante todo que siento una enorme emoción por vivir este momento. Hablaré como mujer política y daré un testimonio de una etapa clave, que fue el papel del Consejo Nacional de la Mujer y mi posterior renuncia, a raíz del alineamiento del ex presidente Carlos Menem con el Vaticano, respecto al aborto. Recordarán que fue en el marco de la Convención Constituyente, de cara a las conferencias de la O.N.U sobre Población y Desarrollo, y de la Mujer.

Este hito, paradojalmente, abre el debate sobre el aborto en la Argentina. Hasta ese momento dominaba un “pacto de silencio” en la dirigencia política. Y, a pesar de nuestras militancias feministas desde la transición democrática, no habíamos logrado instalarlo como asunto público.

Al momento de la Convención Constituyente, el Consejo Nacional de la Mujer, primer organismo jerarquizado, ya tenía una importante gravitación en la agenda gubernamental y social. Logramos la sanción de la Ley de cupos, primera a nivel mundial, como así también políticas pioneras en salud sexual, educación, trabajo, comunicaciones, y otras.

Al momento de la Convención Constituyente, el Consejo Nacional de la Mujer, primer organismo jerarquizado, ya tenía una importante gravitación en la agenda gubernamental y social. Logramos la sanción de la Ley de cupos, primera a nivel mundial, como así también políticas pioneras en salud sexual, educación, trabajo, comunicaciones, y otras-

Así fue que para la Constituyente se incorporaron 80 mujeres convencionales, producto de la primera aplicación de la Ley de cupos, novedad que fuera festejada como un avance.

Pero el inesperado intento de incluir una cláusula antiabortista en la nueva Constitución que venía a romper el núcleo de coincidencias básicas, se convirtió en el debate más fuerte de la Convención Constituyente.

El rechazo de las organizaciones de mujeres que sumaron a líderes de la oposición no se hizo esperar.

Y desde el Consejo Nacional de la Mujer, el camino fue la desobediencia. Junto a legisladoras del oficialismo, fuimos por más. Como acción simbólica, se presentó un proyecto de consulta popular (a pesar de que todavía no se había votado en la Convención).

Pero más asombrosos fueron los resultados que dio a conocer el Consejo Nacional de la Mujer, de la primera encuesta de opinión sobre el aborto: el 57 por ciento de las mujeres del área metropolitana estaba a favor de la legalización.

Esta ruptura dentro del oficialismo que promovimos las mujeres puso en cuestionamiento la política presidencial. Y les dio fuerza a las convencionales peronistas que, junto a mujeres de los otros bloques, impulsaban un acuerdo interpartidario para impedir la incorporación de la cláusula antiabortista.

Y la cláusula no ingresó. De lo contrario, hoy no estaríamos participando en este debate. Salimos victoriosas y se habían logrado importantes derechos para las mujeres como la inclusión de la “Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la Mujer”, las acciones “acciones positivas” y otras.

Aunque los efectos del alineamiento con el Vaticano se prolongaron en la reunión preparatoria de la Conferencia Internacional de la Mujer (Beijing 95), que tuvo en la Argentina su sede regional . Y allí no pudimos impedir que se “encorchetaran” las obligaciones del Estado en materia de salud sexual y reproductiva. Pero el Vaticano sufre una contundente derrota frente a la Conferencia internacional mas grande de la historia y arrastra a la Argentina a un papelon que todavía se recuerda.

Hacer un balance desde la realidad presente sobre ese momento clave, me anima a asegurar que logramos constituirnos el Consejo Nacional de la Mujer y un grupo de legisladoras y convencionales del cupo, como una intensa minoría que fue capaz de romper ese “pacto de silencio” y también develar el consenso que había en la sociedad argentina ya en esa época con respecto a la legalización del aborto.

No fue sin costos, ya que con mi renuncia se perdía un organismo potente a favor de las mujeres, pero dejó una marca: que las políticas del Consejo inspiradas en el feminismo expresaban la aspiración de la mayoría de las mujeres en la Argentina.

De lo que vino después, mucho se ha hablado en este ámbito. Han pasado ya veinticuatro años desde aquel momento. Y muchos han sido los avances en materia de derechos sexuales que han tenido como protagonista a este Congreso.

Pero es esta gran marea imparable que expresa una nueva etapa del movimiento de mujeres en la Argentina, la que nos ha traído hoy acá. Una revolución en marcha que no solo se refleja en la masividad, sino que se encarna en nuevas subjetividades cuya cara más nítida son las jóvenes y los jóvenes, en donde el derecho a la legalización del aborto forma parte de su sentido común.

Estos procesos de cambio también se han dado en la dirigencia política argentina. Hoy, vemos que en el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo la adhesión de mujeres legisladoras es mayoritaria. Hemos pasado de la intensa minoría de hace veinticuatro años a una mayoría, a la cual también se han sumado los varones.

Sobre los fundamentos por los cuales demandamos que se legalice el aborto se ha hablado acá con evidencia, erudición, activismos hasta poesía.

Solo quiero decir que no se soporta más que en una Argentina donde hace casi cien años se controla eficazmente la natalidad en los sectores medios y altos, que la política siga exigiendo heroísmo a un sector muy importante de las argentinas, las más humildes, imponiendo sus maternidades forzadas.

Y finalmente: quiero persuadir, convencer, decirles que se animen, que pierdan el miedo, primero a las legisladoras que no han decidido su voto. Y que para ello pueden encontrar una guía en esa estirpe rebelde que tuvo la lucha de la ley de cupo.

A los diputados varones, que todavía hoy son mayoría, decirles que han dado un gran paso al embanderarse en la Paridad. Que rompan ataduras. Que escuchen esa marea verde que nuevamente se mostrará el próximo 3 de junio, que reclama una Paridad en todos los ámbitos y donde la legalización del aborto es una política fundamental.

Las diputadas y diputados tienen la oportunidad con su voto positivo de cerrar una historia negra de nuestro país.

Soy optimista y estoy segura de que el día después la mayor parte de la sociedad nos sentiremos más dignos y dignas de ser argentinas y argentinos. Muchas gracias nuevamente.