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La falla en el uso de métodos anticonceptivos, el olvido, el desconocimiento del propio cuerpo, la falta de provisión estatal de anticonceptivos , la negación masculina al uso de preservativos o a la realización de la vasectomía, la imposibilidad de asumir la responsabilidad económica, afectiva, habitacional, sanitaria, entre muchas otras, que implica criar una persona , el no deseo de una maternidad para la cual no estamos disponibles, son algunas de las razones que nos llevan a interrumpir gestaciones no oportunas.

Buenos días a todas y a todos. Gracias por abrir este espacio de debate y por permitirme participar. Además de Directora de la Diplomatura en Géneros, Políticas y Participación, soy docente e investigadora del área y la Licenciatura en Política Social de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Las palabras que siguen fueron pensadas junto a Conurbanas, colectiva que me guía desde su creación, hace diez amorosos años.

La falla en el uso de métodos anticonceptivos, el olvido, el desconocimiento del propio cuerpo, la falta de provisión estatal de anticonceptivos , la negación masculina al uso de preservativos o a la realización de la vasectomía, la imposibilidad de asumir la responsabilidad económica, afectiva, habitacional, sanitaria, entre muchas otras, que implica criar una persona , el no deseo de una maternidad para la cual no estamos disponibles, son algunas de las razones que nos llevan a interrumpir gestaciones no oportunas.

La falla en el uso de métodos anticonceptivos, el olvido, el desconocimiento del propio cuerpo, la falta de provisión estatal de anticonceptivos , la negación masculina al uso de preservativos o a la realización de la vasectomía, la imposibilidad de asumir la responsabilidad económica, afectiva, habitacional, sanitaria, entre muchas otras, que implica criar una persona , el no deseo de una maternidad para la cual no estamos disponibles, son algunas de las razones que nos llevan a interrumpir gestaciones no oportunas.

También se han escuchado aquí otros motivos: la violencia conyugal, la violación intra y extra familiar (tan silenciada), el aborto impuesto por varones que sostienen relaciones extramatrimoniales o no, o con los cuales existe una relación de trabajo desigual y jerárquica. También están las familias que obligan a sus hijas a abortar por embarazos producto de relaciones que no se ajustan a las expectativas morales, matrimoniales, económicas o “de apellido” de quien formó parte de la gestación. Junto con ello identificamos modos más sutiles de violencia como es la negación de las parejas masculinas a que usemos dispositivos intra-uterinos para la prevención de embarazos no deseados, métodos que no dependen ni de la memoria, ni del deseo puntual que puede generarse en una relación sexual ocasional o sostenida.

El EMBARAZO ES ALGO QUE NOS SUCEDE. Es una cuestión particularísima y personal. Es un hecho. Una vez generada la gestación SE IMPONE UNA DECISIÓN: seguir o no seguir con ese embarazo en curso. No se trata, entonces, de una determinación libre.

Repetiremos hasta el cansancio y hasta que nos escuchen: NO NOS EMBARAZAMOS PARA ABORTAR. El posicionamiento ante esta situación es, para nosotras, una decisión crucial. Tanto la continuidad de un embarazo como su interrupción están íntimamente ligadas con el cuidado, con la vida y con la responsabilidad que nos toca.

Hay un punto de acuerdo entre quienes estamos aquí presentes: todas y todos quisiéramos que haya menos abortos. Está comprobado que los países que llevan adelante políticas integrales de salud sexual y en los que el aborto es legal bajan la tasas de aborto y de morbi-mortalidad de personas gestantes, morbimortalidad materna, así se llama el indicador

Entendemos que NO SE PUEDE NEGAR LA EVIDENCIA EMPIRICA y que tampoco se debe mentir sobre la evidencia empírica y sobre las implicancias benéficas que tiene la legalización y mortíferas de la clandestinidad del aborto en nuestro país y en el mundo entero. Sostener la ilegalidad del aborto, y su clandestinidad, no se ajusta a lo que hoy estamos viviendo y que se expresa, con contundencia, en los cientos de miles de pañuelos verdes que se agitan en escuelas, en encuentros, en calles y en casas de diferentes territorios, credos, clases sociales, orientaciones políticas y sexuales. Desde la total franqueza y la sinceridad decimos YO ABORTE y de ese modo nos corremos de la condena, al ostracismo, la maternidad forzada y la culpabilización injusta. NO QUEREMOS MENTIR.

Cuando no se toman en cuenta nuestras experiencias y nuestra voluntad nos niegan nuestra condición de ciudadanas plenas. Nos excluyen de un contrato sexual y social.

Contrato que está tallado por la clase social, la etnia, el lugar de residencia y el género. Más aún en sociedades como las nuestras en las que la responsabilidad de la crianza recae en un 90 % en los brazos, las espaldas, las emociones y el tiempo de las mujeres-madres. O en sociedades donde todavía estamos luchando para que maternidad y sexualidad plenas no se impongan como binomios excluyentes. La maternidad es una opción y un deseo posible. EL DESARROLLO DE UNA SEXUALIDAD PLENA REQUIERE QUE NOS DESPOJEMOS DE LA MATERNIDAD OBLIGATORIA O DE LA ENTREGA FORZADA DE NIÑAS Y NIÑOS EN ADOPCIÓN. SE TRATA DE NOSOTRAS Y NOSOTRAS SABEMOS LO QUE NOS PASA.

Así es, señoras diputadas y señores diputados SOMOS CUERPO, RAZÓN, SENTIMIENTO Y ACCION. Cuando decimos que QUEREMOS SEGUIR CON UN EMBARAZO LO HACEMOS, PERO CUANDO DECIMOS QUE NO QUEREMOS SEGUIR CON UN EMBARAZO, ESTAMOS DICIENDO QUE QUEREMOS INTERRUMPIR ESA GESTACIÓN, Y TAMBIEN LO HACEMOS. El no garantizar esa interrupción en condiciones seguras y gratuitas nos arroja a la clandestinidad, al negocio de la clandestinidad y a la puesta en riesgo de nuestras vidas.

Al finalizar esta jornada habrán abortado en nuestro país alrededor de mil mujeres. La enorme mayoría lo habrán hecho en situación de clandestinidad. Son muy pocas las instituciones del sistema de salud que garantizan el acceso al aborto seguro, que aplican la normativa vigente y que se rigen por las orientaciones del fallo FAL.

Desde Conurbanas, armamos un cuestionario en el que preguntamos a diferentes tipos de población a cuántas personas conocían de su entorno cercano que hubieran abortado voluntariamente alguna vez en su vida. El número no baja de 2 y llega a 50, pasando por el incifrable de “muchas o varias”. ESTE RESULTADO NOS LLEVA A PENSAR QUE QUIENES ESTAMOS ACÁ, EN ESTE RECINTO, SIN DUDAS CONOCEMOS PERSONAS DE NUESTRO ENTORNO CERCANO QUE ABORTARON O ESTUVIMOS DIRECTAMENTE INVOLUCRADAS O INVOLUCRADOS EN UNA SITUACIÓN DE ABORTO.

También nos embarcamos en la tarea de recopilar relatos de abortos en clandestinidad. En dos días recibimos 38 relatos escritos. No orales, escritos. Verdaderos documentos que debieran ser considerados para legalizar y despenalizar el aborto. Todas las escribientes sostienen, en base a su experiencia de aborto clandestino, que el aborto debe ser legalizado. Esos relatos expresan lo que viven las 1000 mujeres por día que experimentan el miedo de que en el aborto se les vaya la vida. ESTALLÓ EL SILENCIO LEGALIZAR EL ABORTO NO OBLIGA A ABORTAR, sólo lo saca de la clandestinidad, del negocio que supone para algunos y de la tortura que implica para nosotras.

Diputadas y diputados, QUEREMOS QUE NOS ESCUCHEN, QUE LEGISLEN EN FUNCIÓN DE LAS NECESIDADES Y EXPERIENCIAS que quienes vinimos a este estrado compartimos con ustedes. Queremos QUE GENEREN DISPOSITIVOS INSTITUCIONALES QUE PONGAN EN PRIMER PLANO LA RESPONSABILIDAD DEL SISTEMA EDUCATIVO Y DE SALUD EN LA IMPLEMENTACIÓN DE NORMATIVAS Y POLÍTICAS QUE GARANTICEN DERECHOS SOCIALMENTE CONQUISTADOS.

Queremos que se implemente la educación sexual integral con perspectiva de género en todo el sistema educativo. Queremos QUE SAQUEN EL ABORTO DE LA CLANDESTINIDAD, QUE DEFINITIVAMENTE LO LEGALICEN Y DESPENALICEN.

Sostenemos que eso ES FUNDAMENTAL PARA LA VIDA Y PARA LA DEMOCRACIA. Es condición indispensable que se dispongan a escucharnos, a escuchar lo que nos pasa para así legislar de un modo justo y responsable. MUCHAS GRACIAS