Por: Fotos: Prensa y Comunicación Diputadxs

Considerando la formación de gran parte de lxs profesionales de la salud que trabajan en los distintos subsistemas de salud, no se puede invisibilizar la ausencia de prácticas de calidad que cuiden y protejan a lxs usuarixs. Al no tener un marco normativo acorde que permita la legalización del aborto voluntario cuando la persona gestante lo desea, se recae en un vacío sanitario en el cual los únicos beneficiarios son los proveedores de abortos en la clandestinidad. Así, de los cerca de 500.000 abortos que se estima se producen con el marco normativo vigente, sólo contamos con estadísticas que puedan dar cuenta de los pocos que acceden al segundo nivel de atención, vinculados a las complicaciones ocurridas.

Buenas tardes. Mi nombre es Clara Noceti , soy médica, residente de medicina general de la ciudad de buenos aires, formo parte del frente feminista del Movimiento Popular La Dignidad y desde algunos años de la Red de profesionales de la salud por el derecho a decidir. Somos, lxs que formamos parte de esta red, muchxs de los que día a día acompañamos el derecho a elegir de múltiples mujeres y personas con capacidad de gestar. El día de hoy vengo a aportar al debate, un poco del estado de situación de cómo nos formamos lxs profesionales de la salud en la actualidad.

Considerando la formación de gran parte de lxs profesionales de la salud que trabajan en los distintos subsistemas de salud, no se puede invisibilizar la ausencia de prácticas de calidad que cuiden y protejan a lxs usuarixs. Al no tener un marco normativo acorde que permita la legalización del aborto voluntario cuando la persona gestante lo desea, se recae en un vacío sanitario en el cual los únicos beneficiarios son los proveedores de abortos en la clandestinidad. Así, de los cerca de 500.000 abortos que se estima se producen con el marco normativo vigente, sólo contamos con estadísticas que puedan dar cuenta de los pocos que acceden al segundo nivel de atención, vinculados a las complicaciones ocurridas.

Considerando la formación de gran parte de lxs profesionales de la salud que trabajan en los distintos subsistemas de salud, no se puede invisibilizar la ausencia de prácticas de calidad que cuiden y protejan a lxs usuarixs. Al no tener un marco normativo acorde que permita la legalización del aborto voluntario cuando la persona gestante lo desea, se recae en un vacío sanitario en el cual los únicos beneficiarios son los proveedores de abortos en la clandestinidad. Así, de los cerca de 500.000 abortos que se estima se producen con el marco normativo vigente, sólo contamos con estadísticas que puedan dar cuenta de los pocos que acceden al segundo nivel de atención, vinculados a las complicaciones ocurridas.

Al no contar con protocolos de actuación que se amparen en una legislación que respete las libertades individuales, las mujeres y personas gestantes se someten a tratos inhumanos de profesionales de la salud que no han tenido formación para lidiar con el aborto como problema de salud, por la ausencia de institucionalización del abordaje de esta problemática.

Cotidianamente se ven expuestas a internaciones de una a dos semanas, con colocación de comprimidos de misoprostol a cuenta gotas o esperando la disponibilidad de anestesia total y quirófano para un legrado. Se someten o mejor dicho, los profesionales de la salud las someten a estas prácticas pudiendo resolver de forma ambulatoria la mayoría de los abortos utilizando medicación de calidad y AMEU (Aspiración manual endouterina).

Esta técnica no sólo disminuye los costos en salud, sino que además tiene menor riesgo de hemorragias, dolor o adherencias y no es necesario usar anestesia general, a diferencia del legrado, que continúa utilizándose en la mayoría de los hospitales de la ciudad de buenos aires.

Con medicación de calidad me refiero a misoprostol de 200mcg en formulación adecuada y producido por el estado (no con diclofenac y para engordar los bolsillos ya repletos del laboratorio beta). Con medicación de calidad me refiero a mifepristona, droga con la que no contamos en el país y que está demostrado en numerosos artículos científicos y guías de práctica clínica que aumenta la eficacia del aborto en forma ambulatoria, a diferencia del misoprostol sólo.

Las nuevas tecnologías quedan entonces por fuera de las prácticas actualmente estandarizadas en el sistema de salud argentino y solo pueden acceder a estas las mujeres que se encuentran en condiciones de pagarlas, pero sin que ello signifique ninguna garantía.

Si consideramos al aborto como un problema de salud que como otros, en ocasiones puede tener complejidad, su abordaje se enriquece de la participación de múltiples disciplinas, sin que esto signifique una condición para obstaculizar el acceso al derecho. En la formación de lxs profesionales de la salud, y en particular en la formación médica (que yo atravesé) la única visión relevante termina siendo la médico legal. Embanderada de conocimientos legales arcaicos y sin entender a la salud desde la concepción integral que manifiesta la OMS, la Universidad de Buenos Aires que se dice a sí misma laica, recae en teorías religiosas y les dice a los profesionales de la salud que denuncien el aborto como delito, invisibilizando los marcos normativos relevantes en esta temática, como el plenario Natividad Frías.

De esta forma, en la Argentina se forman profesionales de la salud que en vez de acompañar los procesos de salud , atención y cuidado se convierten en jueces morales y religiosos de las mujeres y personas con capacidad de gestar. Así, muchxs de quienes desean interrumpir sus embarazos continúan quedando a merced de prácticas inseguras.

Los únicos intentos de profundizar los conocimientos para que los distintos profesionales de la salud puedan actuar en la materia fueron llevados a cabo por una tarea activista de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito , la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir, las Socorristas en Red y la Red de estudiantes de la Salud por el derecho a decidir en distintas universidades de todo el país.

Todavía hay universidades que hacen oídos sordos a la salud y los derechos de las mujeres y gestantes, pero eso no significa que nos vayamos a detener.

Ustedes se preguntarán, estimadxs diputados y diputadas, por qué se me ocurre siquiera venir a hablar de la formación de lxs profesionales de la salud al recinto. Nunca en 8 años de formación médica escuche la palabra aborto, salvo en caso de pensarlo como una complicación de un embarazo deseado o como una situación pasible de ser criminalizada. Nunca las muertas por aborto clandestino pudieron atravesar los claustros de la Universidad de Buenos Aires. En un ámbito donde se empieza a conocer la vida de las personas a través de sus cuerpos y de sus fragmentos, los cuerpos de las personas muertas por aborto clandestino no tienen lugar.

¿Y por qué esto se vuelve relevante?

Para los que no saben, las residencias son las principales formas de capacitación de los profesionales de la salud una vez finalizada la formación de grado. En este ámbito acompañamos los procesos en salud sexual de las personas con capacitación autogestionada que no proviene de los claustros universitarios.

Muchxs de nosotrxs disputamos en lo cotidiano conocimientos institucionales arcaicos y ligados a la tortura de las personas en situación de aborto.

Esto lo realizamos de acuerdo a los protocolos y prácticas actualizadas de la OMS , pero aun quedando a merced de un sistema judicial en el cual, de acuerdo a la mirada de un juez de turno, se pueden ver criminalizadas tanto las personas gestantes como lxs profesionales que las acompañamos.

Muchxs de lxs que acompañamos la decisión de abortar, aprendimos de los acompañamientos de mujeres por mujeres. Fueron las mujeres y las personas gestantes las que construyeron herramientas para el acceso y las que nos llevan al debate el día de hoy. Fueron las mujeres y lesbianas las que descubrieron que el Misoprostol podía lograr que los abortos sean seguros de forma ambulatoria. Son actualmente las mujeres y varones trans lxs que continúan realizando acompañamientos cuerpo a cuerpo, para protegerse del desamparo del sistema médico que intenta regular y obstaculizar su acceso a abortos de calidad.

A su vez, en el derrotero que tienen las personas en situación de aborto para lograr una atención que las acompañe y resuelva su problemática, algunxs acceden a misoprostol provisto por el estado y a un segundo nivel que en algunos casos acompaña las posibles complicaciones y otras, que quizás viven más lejos de algunas grandes ciudades, quedan sometidas a una maternidad forzada. No podemos seguir tolerando esta coyuntura en la cual el domicilio es el único factor que permite la garantía de un derecho o provoca su vulneración.

Los derechos de las mujeres y las personas gestantes no pueden quedar sujetos a la libertad de cátedra ni a la geografía. Deben constituirse en política pública. Necesitamos profesionales de la salud formadxs de acuerdo a los estándares de calidad de organismos internacionales.

Esto no podemos hacerlo sin un marco normativo que defienda los derechos de las personas gestantes. Y no cualquier marco, sino el construído por años de debate en la Campaña por el derecho al aborto legal seguro y gratuito.

Necesitamos aborto legal y voluntario

Educación Sexual Para decidir

Anticonceptivos para no abortar

Aborto Legal para no morir