“Siempre me dice groso”, dice Paluch en el descargo que hizo en el programa de radio que conduce. Se refería a un sonidista colega de Ariana Charrúa. Mientras Charrúa lo denuncia por tocarle la cola, el otro sonidista le “dice groso”. Mientras la mujer no tiene humor para comprender que esa palmadita en la cola fue un simple saludo fraternal, “un give me five”, según dijo también en su declaración, entre varones reina el entendimiento implícito, aunque, dice Paluch, que de ese sujeto no conoce el nombre siquiera, ni lo conocerá, porque ese que le dice groso, a diferencia de la que denuncia no busca “hacerse famosa a costa de la carrera” de Ari Paluch, el autor de Combustible espiritual, como él mismo dejó anotado en su Twitter.

El mundo de la TV es sexista. Mujeres que sólo pueden estar delante de cámara si son lindas, desigualdad a la hora de designar roles de mayor responsabilidad, y un trabajo constante a favor de la cultura de la violación: aquello que la TV desparrama en los mensajes que construye en pantalla, se verifica en su reverso.

La gran mayoría de los técnicos de la TV son varones. La gran mayoría de los directivos y talentos lo son. Para una mujer atravesar los pasillos de un canal, de una productora grande, o los entretelones de un estudio de TV implica una prueba de temple y resignación. Que sos exagerada, que no tenés humor, que así no vas a llegar lejos, que qué amarga. Que siendo productora, tu productor jefe venga a masajearte cuando no se lo pedís, que lo saques y que por eso pierdas una parte del trabajo que te entusiasmaba; que no te acerques a los varones como si fueran ellos las llaves para el éxito; que no pienses que por trabajar en TV trabajás con tu cuerpo; que no entres en la dinámica de vaciamiento de sentido que hacia adentro y hacia afuera propone la TV, todo eso, tiene un castigo. El machismo nos disciplina y en el ámbito laboral funciona ensamblado con el abuso de poder.

La denuncia de Charrúa, muy oportunamente realizada ante el Sindicato de TV, y la respuesta del canal abren un nuevo capítulo en la pelea por lograr mayor equidad en toda la sociedad y especialmente en los lugares de trabajo. No es menor que este acoso se dé en el ámbito laboral. De acuerdo con la Ley De Protección Integral a las Mujeres (Nº 26.485), el acoso sexual se considera una forma de violencia contra las mujeres. El acoso sexual es una razón válida para el despido en el sector privado, según lo regulado en la Ley de Contrato de Trabajo. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) entre 30 y 50% de las trabajadoras ha sufrido acoso sexual en el trabajo.

Que un compañero de trabajo te toque la cola no es un accidente aislado, como argumentó Paluch. Los acosos no son todos iguales. No son intercambiables las situaciones ni las personas. De un determinado compañero podemos pensar que es un chiste, una mujer puede decidir soportar el manoseo y no darle trascendencia pero hay mujeres y determinados compañeros de trabajo que son implacables y la insinuación sexual es evidente a todas luces. Si la mujer vivió la situación como acoso, bien hace en comunicarlo, en denunciarlo en todas las instancias en las que crea que debe hacerlo. Probablemente Ari Paluch no haya vivido la situación como acoso, esto responde a cuán naturalizadas tiene estas prácticas. Quizás por esta incomprensión su primera reacción haya sido la burla, la minimización y la sospecha de que con la denuncia Charrúa buscaba fama.

Pero se trata de Ari Paluch. En LatFem ya hemos hablado de él respecto a la condena al jugador de fútbol Alexis Zárate por abuso sexual y el encubrimiento que efectuaban algunos periodistas. Entonces recordábamos que con enorme ligereza Ari Paluch le preguntó al abogado de Zárate si la víctima era una “chica fiestera” o si estaba alcoholizada. Entonces las activistas de Red de Mujeres Natalia Garavano y Sabrina Cartabia se preguntaban: “¿Por qué se hacen ese tipo de preguntas? ¿Qué se busca? Através de la introducción de ese tipo de cuestiones se busca deslegitimar a la mujer que denuncia y justificar al violador en lo que damos en llamar “pacto social de machos”. Porque supongamos que aún cuando la chica haya aceptado ir al departamento, estuviera alcoholizada, y fuera una chica “fiestera”, el límite es el consentimiento. Si una mujer dice que no es no”.
Así como las mujeres y chicas se animaron a denunciar a músicos admirados, otras tantas decidieron hacer públicas sus denuncias a futbolistas, llegó la hora de desenmascarar los acosos en el mundo de la TV, donde muchos de los “grosos” no son más que machos violentos amparados por el Star System vernáculo y decadente y por el sistema corporativo que en los estudios de Colegiales con Give me fives pactan los machos, siempre atemorizados de perder sus privilegios.