Entrevista con Griselda Flesler, titular de la Cátedra de Diseño y Estudios de Género de la FADU.

La entrevista empezó tarde, los 30 minutos de colectivo y 11 de subte eran falsos. El colectivo se atascó varias veces, algo incalculable para una aplicación, y luego, se demoró unos minutos más (millones) porque en dos ocasiones subieron al transporte personas en silla de ruedas. La ciudad no está preparada para eso, al colectivo pueden subir personas con una movilidad no hegemónica pero no está pensado para ellas. Por suerte la entrevistadora viajó sentada, eso sí, pero una persona de todas las que viajaron paradas se quedó sin asiento porque un hombre gordo ocupó el espacio de dos personas de cuerpo hegemónico. Se lo disculpa sin humor, se lo comprende, y ese perdón es también un parche a la injusticia proyectual. El diseño, el urbanismo, la arquitectura está pensada sobre la idea de una falsa neutralidad, que es falsa en tanto ideológica y responde a los lineamientos hegemónicos, también los de género. Justamente esta perspectiva plantea Griselda Flesler en la entrevista que sigue: un diseño atravesado por los estudios de género, interseccionales e inclusivos no solo de las mujeres sino también de otras experiencias y vidas no hegemónicas.

Griselda se recibió de Diseñadora Gráfica en la UBA y para su postgrado hizo un trabajo que explora la crítica al discurso canónico del diseño y la invisibilidad de las mujeres. A esta primera instancia de su formación ella la llama su “Primera ola” feminista, “vivía el mundo en términos binarios”. Empezó hace más de 15 años a intentar plantear las teorías feministas dentro de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, cuando “hablar de feminismo era una mala palabra”. Luego, hizo un proyecto que se transformó en un curso de postgrado (que se dicta actualmente) y unos años más tarde con el impulso de consejerxs de la FADU, se votó por unanimidad la creación de la materia “Diseño y Estudios de género”. Desde una mirada que es interseccional, que deja el binarismo para pensar en términos del feminismo postestructuralista y que aborda la crítica al modelo de discurso universalizante ya no para visibilizar la vida de las mujeres sino para deconstruir la hegemonía discursiva que atraviesa todo el campo proyectual. Hoy, Griselda, además es la Coordinadora de la Unidad de Género de la Secretaría General de FADU-UBA y referente por FADU-UBA del “Protocolo de intervención institucional ante denuncias por violencia de genero, acoso sexual y discriminación de genero” en el ámbito de la Universidad de Buenos Aires.

Clase inaugural de la materia DyEG.
Foto: Carlos Venancio

 

¿Cómo llegás, como diseñadora gráfica, a ocuparte de las teorías feministas?

Desde adolescente tuve afinidad por estas cuestiones y eso hizo que ya tuviera algunas lecturas previas. Ya en el CBC estaba bastante impactada por el panorama que se transmitía a los estudiantes: no sólo pensando en la invisibilidad de las diseñadoras y arquitectas sino también en cómo se construía un único discurso validante para el diseño que tenía que ver con lo que se denomina “el discurso moderno”. Es un discurso que apunta a la productividad, la funcionalidad y a la supuesta “neutralidad”, en términos de construir espacios, objetos o enunciados. Gracias a mi formación vivía como una ficción la posibilidad de que cualquier enunciado pudiera funcionar en términos neutrales o en términos universales para toda la humanidad. Ese discurso fue funcional y está circunscripto a un momento particular, que fue el del surgimiento de lo que son las disciplinas proyectuales, en el período de entreguerras en Europa. Entonces, de alguna manera está en consonancia con lo que fueron los discursos totalitaristas que hablaban de una sola solución para todos, así como también es un discurso muy progresista en el sentido de que “el diseño llegue democráticamente a todos”. En los años ´60 esto fue muy criticado, desde algunos sectores de la teoría de la arquitectura. Por ejemplo, se planteó la imposibilidad de pensar un diseño universal neutral. Sin embargo, en la construcción de nuestras carreras y aún hoy todavía, impera este discurso que habla del “buen diseño”, de ciertas cuestiones referidas a la ilusión un tanto utópica de construir un enunciado para determinado target y que si se diseña bien desde la buena forma entonces va a llegar a ese supuesto destinatario. Esto, en lo concreto, se ha deconstruido en los estudios de la comunicación, sin embargo, muchas veces son los discursos que se escuchan por ejemplo en la carrera de Diseño Gráfico. Todas estas cuestiones me empezaron a incomodar. Yo desarrollé una intolerancia a la incomodidad en el sentido de quedarme callada o pasiva. Luego, ingresé como docente en la materia “Comunicación”, de la cátedra dirigida por la Dra. (Leonor) Arfuch. Allí pude poner en diálogo toda mi formación respecto al diseño y el pensamiento proyectual con una mirada feminista dentro de la facultad, desde la que podía generar espacios productivos.

Más allá de la deconstrucción, ¿hay una intencionalidad de transformación? Si bien no consideramos que el mensaje llegue transparente a el/la usuarix, ¿si proyectamos en el espacio, en el diseño y en la ciudad determinados usos, puede haber una transformación en el sentido que proponen los feminismos?

Por supuesto, de hecho la materia está configurada no sólo como una materia teórica-crítica sino que la segunda etapa es de desarrollo de proyectos concretos. Al ser una materia optativa para todas las carreras tuvimos la suerte de contar con estudiantes de todas las carreras de la Facultad y eso generó proyectos interdisciplinarios muy interesantes que justamente apuntan a intervenir en los espacios, en la construcción de sentidos de los espacios, de los usos de los objetos y de los enunciados en términos de que a partir de esos usos por supuesto también se diseñan comportamientos y ¿por qué no? se interfiere en determinadas líneas de pensamiento. Pensamos que el diseño es parte de la trama cultural y que no es un maquillaje que me pongo y me saco. El diseño y los espacios diseñan comportamientos y una de las cuestiones fundamentales es que pensamos a los estudios de género y las teorías feministas como herramientas teóricas que sirven como un buen instrumento de crítica pero también como intervención política. Nos preguntamos cómo el diseño puede intervenir en la vida de las personas, no solo en la vida de las mujeres: un diseño que asuma y contemple diferencias y desigualdades. Por ejemplo, pensemos el tiempo en que tarda un semáforo en cambiar de verde a rojo: eso implica no solo pensar en la mamá con el cochecito y el bebé, desde una mirada esterotípica, sino también en los ancianos. La realidad es que los y las estudiantes que se han inscripto lo hicieron desde esa mirada y no desde el prejuicio que a veces genera esta idea de proyectos circunscritos a un espacio de mujeres. No es que critico esos espacios, o que no los crea necesarios y efectivos, pero me parece interesante traer a la mayor cantidad de gente posible a interiorizarse sobre estas cuestiones y entender que la teorías feministas son interesantísimas para ahondar y para estudiar un montón de problemáticas que exceden las específicas de las mujeres.

Pero, ¿cómo sería una arquitectura feminista? ¿un diseño feminista? ¿Un diseño habitacional diferente podría llevar a la colectivización de las tareas domésticas y de cuidado? ¿las casas tal como hoy las conocemos a qué tipo de estructura familiar, social, sexual son funcionales, dónde las coloca a las mujeres, a los varones, a los niños, a los ancianos? Sheila Levrant De Bretteville, diseñadora feminista estadounidense, fundadora del Woman´s Building en 1972, describe el diseño feminista como una manera de hacer preocupada por el «cuidado», el auto cuidado, ligado a una ética feminista del cuidado colectivo, el diseño feminista sería más bien una actitud que un conjunto de demostraciones formales.

Imagen: Photo collage for the Woman’s Building Newsletter by Anne Gauldin. Crédito: Woman’s Building Image Archive, Otis College of Art and Design.

 

¿Se han anotado muchos varones en la materia?

Sí! Tenemos un 30% de inscriptos varones. Hemos superado el prejuicio y una vez que tenés esa población después es un gran semillero para transmitir no solo pensamiento sino también para transmitirle a otros varones justamente esa línea que trata de abrir y no de cerrar dentro de un espacio universitario, con todo lo que eso implica.

He visto en el programa de la materia que piensa a la heteronormatividad…

Como violencia…

Sí, como violencia y muy tangible en el diseño de la ciudad, ¿tenés un ejemplo de eso, más allá del binarismo de las puertas de los baños?

Bueno, en términos de señalética, a nosotros nos gusta pensar en la idea del masculino como “falso neutro”…

Ah, disculpá que te interrumpa…también trabajan la asociación estereotipada de lo femenino con el barroco, la decoración, el ornamento y lo masculino como lo neutro…

Justamente, este discurso del diseño moderno lo que instaura es la idea de la neutralidad, y nosotros le decimos, “bueno, eso es un masculino neutro, un falso neutro”, ¿por qué? porque cuando se diseña desde esa perspectiva, están pensando en un sujeto que es un varón, activo, productivo, de una edad productiva también, con determinada posición socioeconómica. Un ejemplo concreto es el del semáforo, cuando vos ves el semáforo lo que hay es una figura masculina y vos asumís que esa es “la humanidad entera”, es el claro ejemplo del falso neutro, yo siempre hago el chiste “bueno, yo no cruzo la calle, porque no me está hablando a mí”. Y lo curioso es que a la hora de comunicar con el mismo sistema gráfico las tareas de cuidado generalmente la figura que aparece es la femenina (cruce de escuela, enfermeras, cambiadores de baño, ceder el asiento a quién está con un bebé, etc.). De alguna manera, eso que se absorbe y que no trae demasiados trastornos, es un ejemplo de lo que sí genera trastornos en términos de pensar los espacios y los recorridos urbanos. La arquitecta Zaida Muxi (que tuvimos la suerte de recibir como invitada en la materia VER VIDEO), señala que aquellas personas que están a cargo de las tareas de cuidado sufren una desigualdad en términos de cómo se proyectan los recorridos urbanos, las ciudades muchas veces se piensan para los automovilistas, que en general son aquellos que hacen recorridos lineales de la casa al trabajo y del trabajo a la casa; y aquellas personas que se ocupan de las tareas de cuidado son las que llevan a los chicos al colegio, de ahí al mercado, de ahí al trabajo, después de vuelta a buscar a los chicos, después pasan por algún otro lugar a comprar algo que se olvidaron, y vuelven a la casa, y todos esos recorridos que requieren de un equipamento urbano que les permita por ejemplo descansar, parar, esperar, apoyar cosas, no están pensados. Ni hablar si pensamos en aquellas trabajadoras que se desenvuelven en la nocturnidad, ahí ya podemos empezar a hablar de cómo se iluminan las calles y no las veredas. Cuando las mujeres volvemos de nuestros estudios, de nuestro trabajo, o aquellas que no pueden acceder ni al trabajo ni al estudio y rumbean la calle también de noche, es donde una se da cuenta de que la iluminación está pensada para el automovilista y no para las personas que caminan. Esto está muy bien explicado por el grupo de urbanistas feministas Punt Sis. Después, en términos concretos con lo que tiene que ver con el diseño de la indumentaria, hay normativas heterosexistas, cuando se construye el discurso de la indumentaria unisex, en definitiva se está refiriendo a un modelo varonil, porque yo nunca vi una colección unisex con pollera en las tiendas comerciales, masivas. En esta tendencia del agender o del “género neutral” de vuelta volvemos a la falacia y a la construcción de una neutralidad de género que es imposible, no podemos pensar desde la neutralidad, porque necesariamente al hacerlo aludimos a aquellos que ya están privilegiados, y que se embeben de esa neutralidad. Cuando pensamos no desde la neutralidad y sí desde las especificidades y las singularidades es cuando podemos mirar a aquellos que no están privilegiados en el sistema. Ese es también el móvil ideológico de posicionarse desde el pensamiento proyectual con esta perspectiva.

Hay historia en el urbanismo, el diseño y la arquitectura feminista. En 1980 Dolores Hayden presentó HOMES (las siglas de Homemakers Organization for a More Egalitarian Society –Organización de Amas de Casa para una Sociedad más Igualitaria) un proyecto urbanístico utópico plasmado en el artículo «¿Cómo sería una ciudad no–sexista?», publicado en Signs: Journal of Women in Culture and Society. En ese anteproyecto describía un grupo hipotético constituido por unas cuarenta familias que representaban la composición real de las familias americanas y proyectaba una comunidad a medida. HOMES combinaría instalaciones colectivas con viviendas privadas y espacios al aire libre. Habría un centro de atención de día, otro que hacía comidas para llevar, una lavandería, una cooperativa de alimentación con almacén, un garaje con dos camiones para la distribución de alimentos y el transporte, parcelas para cultivar y una oficina de ayuda. Todos los servicios estarían destinados a los miembros de la comunidad pero también abiertos a cualquier usuario. Hayden comentaba, sin embargo, que era prioritario remodelar los barrios existentes antes que construir nuevas áreas residenciales. Una de las salidas podría ser transformar las viviendas individuales en residencias multifamiliares.

Proyecto de HOME para revitalizar un barrio con espacios comunes.

 

En los Encuentros Nacionales de Mujeres hay talleres donde podría plantearse esta perspectiva para sacar la problemática de la universidad y ligarla a espacios de activismo o militancia, ¿se dan estos cruces?

Hemos hecho varios talleres dentro del ámbito universitario. Nosotras quisimos ajustar la particularidad de la temática, que es el diseño y arquitectura, para diferenciarnos de algunas propuestas ya existentes que por ahí cruzaban cuestiones en términos de activismo gráfico y feminismos o de arte performático y feminismo. Tomamos lineamientos conceptuales del campo del arte y de lo que sería la cultura visual pero quisimos circunscribirnos a la formación particular que tenemos lxs arquitectxs y diseñadorxs. Esto no significa que no podamos ir a otros espacios a pensar de otras maneras esto que pensamos desde el ámbito académico. Muchos de los proyectos de nuestrxs estudiantes tienen que ver con el rediseño de un espacio arquitectónico, urbano, para eso hay que ir a hablar con las personas que usan esos espacios, es decir, no nos quedamos en el taller pensando entre nosotros porque sino iríamos en contra de eso que estamos proponiendo. De alguna manera el pensamiento proyectual a lo que te lleva es a tener objetivos concretos, podemos pensar en el desarrollo de una gráfica libre de estereotipos para el NiUnaMenos, por ejemplo…muchas veces lo que veo que pasa, que está buenísimo y festejo que pase, pero no tiene que ver con lo que nosotros venimos haciendo, es estas gráficas más gestuales, más espontáneas, y bueno, es un desafío a futuro poder pensar cómo desde el diseño gráfico se puede llegar a hacer. Hay ahora una incipiente generación que está planteando nuevas gráficas, nuevos lenguajes, nuevas imágenes muy interesantes y dónde se nota la formación proyectual.

 

¿En este tipo de campañas, de gráficas, hay mensaje desde el contenido que se contradice en el aspecto formal?

Muchas veces, creo que desde esta formación se pueden hacer grandes aportes a todos los movimientos, de hecho tengo estudiantes que son parte de diferentes movimientos y yo estoy segura de que van a poder transmitir…pero bueno, de alguna manera a mí lo que más me interesaba era poder generar una fisura en el hormigón armado de mi facultad y la verdad que lo que creo es que lo estamos haciendo, porque estoy segura que aquella formación que están recibiendo no solo en mi materia sino en otras materias con mucha trayectoria que tratan estos temas aunque no sea su eje central, y en diálogo con todo lo que está circulando de manera mucho más accesible que en otras épocas, todo esto les está dando herramientas argumentativas para poder deconstruir los discursos que reciben en algunos talleres y en la vida cotidiana. Definitivamente todo lo van a poder llevar a distintos ámbitos. Cuando trabajo en espacios no académicos ahí lo que hay que hacer es construir un discurso que entienda la especificidad de la problemática, mirar los espacios, los objetos y pensar cómo de alguna manera podemos desnaturalizar todos esos significantes y estereotipos.

 

Proximidad, Diversidad, Autonomía, Vitalidad, Representatividad son los elementos que pondera el colectivo de Urbanismo feminista Punt sis (http://www.punt6.org/) como propios de la perspectiva feminista en el urbanismo y el diseño. Una avanzada para reivindicar nuestro Derecho a la ciudad: Lxs peatones son la mayor categoría de usuarixs de las calles. Y son mayoritariamente menores, mayores y mujeres. Griselda Flesler habla, como toda feminista, con seguridad y hartazgo. Colocar el adjetivo “feminista” al lado de lo que sea implica una subversión de lo dado, una pequeña rajadura en el hormigón del discurso hegemónico, una demolición que avanza lenta pero certera. ¿Qué haremos con las ruinas? Ciudades feministas.