El femicidio de Melina Romero es la evidencia del desprecio por la vida que ejerce en tándem toda la maquinaria necro-patriarcal: desde los varones que se creen dueños del cuerpo de una chica de 17 años, la suben a un auto, se la llevan a una casa y abusan de ella hasta matarla; la policía ineficaz en sus búsquedas, el Poder Judicial cómplice e inoperante en sus investigaciones y los medios de comunicación que, con celeridad, justificaron la muerte violenta de la adolescente cuando titularon “una fanática de los boliches que abandonó la secundaria”.  

Las fuerzas de seguridad tardaron un mes en no encontrarla, desde que desapareció la madrugada del 24 de agosto de 2014 cuando se fue a festejar su cumpleaños a un boliche de San Martín, al oeste del conurbano. No la buscaron y no la encontraron. Fueron dos mujeres cartoneras quienes hallaron su cuerpo en una bolsa, cerca de un arroyo en José León Suárez y dieron aviso a la organización social en la que participaban, el Movimiento Evita de San Martín.  El letargo policial y la inoperancia en la búsqueda no permitieron analizar los rastros en su cuerpo que daban cuenta de la violencia sexual que había vivido antes de que la mataran. El paso del tiempo borró huellas y alisó zonas del cadáver. Hubo estudios de ADN e hisopados que no pudieron hacerse. La autopsia ni siquiera llegó a definir con claridad cómo murió. Es decir: todo contribuyó para hacer lugar a la impunidad como si la vida de Melina fuera desechable. Hoy no sabemos cómo murió Melina a pesar de que hubo, al menos, cuatro varones sospechados por su crimen. Más allá de los autores materiales, su historia devela responsables institucionales que no contribuyeron a su búsqueda y, en consecuencia, no colaboraron con el esclarecimiento de su femicidio.

El letargo policial compitió con la torpeza judicial que demoró tres años y tres meses en iniciar un debate oral y público para esclarecer la muerte de la adolescente. El juicio empezó esta semana y hoy por unanimidad de los 12 miembrxs del jurado, Joel “Chavito” Fernández de 20 años fue encontrado culpable del delito de “homicidio preterintencional”.

A su vez, con 11 votos, Fernández también fue encontrado culpable de la privación ilegítima de la libertad de la joven, agravada por la participación de tres o más personas. Por el delito de abuso sexual, el jurado no encontró un culpable. La sentencia se conocerá el jueves. “Chavito” seguirá detenido por la gravedad de pena: se estima que le podrían dar 10 años por la privación agravada.

Fue femicidio

La palabra “preterintencional” encierra una trampa: el acusado cometió el crimen sin la intención de asesinar. La palabra femicidio no aparece en las crónicas sobre el juicio y eso tiene que ver con un avance jurídico empujado por los feminismos que, muchas veces, no se traduce en la realidad. El Ministerio Público de la provincia de Buenos Aires en su informe del 2016 señala que lxs operadores judiciales no caratulan las causas como femicidios (Artículo 80 inciso 11 del Código Penal). De 90 casos de mujeres asesinadas, solo en 31 procesos se utilizó la figura de femicidio en las actuaciones judiciales. Es pertinente poner la lupa ahí desde el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans: revisar los avances logrados y pensar si la justicia epistémica se traduce en operadores judiciales con perspectiva de género.

El Estado es responsable de los femicidios

Después de que la forma de violencia machista más extrema atraviesa las vidas de las mujeres,lesbianas, travestis y trans la violencia institucional llega para duplicar los daños. La historia de Melina es una causa paradigmática por múltiples motivos: desde que existen los juicios por jurados en territorio bonaerense esta es la primera vez que no hay fiscales en las salas de audiencias. La fiscal María Fernanda Billone dijo no haber encontrado pruebas suficientes para acusar a los femicidas de Melina. La causa llegó a juicio por el impulso de la querella, conformada por la familia de Melina y su abogado, Marcelo Biondi.

¿Alcanza con juzgar a un único autor material para poder dar cuenta de las violencias alrededor de Melina? Es necesario repensarlo todo y que en cada juicio quede en evidencia la cofradía de machos que opera, un pacto que transciende a los autores materiales y que incluye, en muchos casos, tramas delictivas barriales en connvivencia con la policia.

En los últimos tres años los asesinatos de pibas de entre 16 y 20 años prácticamente se cuadruplicaron, según las estadísticas oficiales. Y las víctimas de entre 11 y 15 años se triplicaron. ¿Qué políticas públicas se están debatiendo para estas muertes de adolescentes? Mientras impera el modelo importado que limita a la violencia machista a la violencia doméstica el reclamo por Ni Una Menos seguirá siendo un deseo vigente.

Melody no mentía

El desprecio por la vida no solo alcanzó la historia de Melina sino también a la sobreviviente, Melody, que fue testigo del femicidio. Desde un primer momento el relato de Melody fue clave para conocer qué pasó con Melina. Frente a la cofradía entre machos, primó la solidaridad entre mujeres y Melody sobrevivió a una noche de violencias sexuales y físicas para relatar el femicidio de su amiga. Le exigieron silencio, la amenazaron, pero ella habló en aquel momento y lo volvió a hacer la semana pasada cuando empezó el debate oral en los Tribunales de San Martín. “Nos drogaron, nos violaron, Melina murió y la tiraron en un arroyo”, declaró frente a lxs doce jurados del juicio popular, el abogado de la familia de Melina y, el único acusado.

Desarmar el corporativismo patriarcal le valió a Melody una causa en su contra: la chica de 20 años está acusada de falso testimonio agravado porque su relato no fue lineal, totalmente puro y sin contradicciones. ¿Qué pureza exige el Poder Judicial al relato de una sobreviviente de un femicidio? 

Ante el desprecio por la vida de Melina y también por la de Melody, el feminismo popular organizado rodeó a la causa, acompañó a Melody estos tres años y exigió Justicia por Melina en las calles. La causa contra Melody, después de esta sentencia, debería caerse para que ella pueda retomar su vida que se puso en pausa cuando abusaron y mataron a Melina delante de sus ojos. La demanda pendiente es indagar más allá del Chavito y poder saber que pasó la noche que Melina se fue a bailar y nunca volvió.