Una vez más, el foco es puesto en la víctima y no en el victimario, ni en la cultura machista y patriarcal. Cordera, Baby Etchecopar y Bilardo son emergentes de la violencia machista que se resiste a que las mujeres tengamos autonomía sobre nuestros propios cuerpos y deseos. Con la clara intención de perpetuar el espacio público como un lugar en donde las mujeres no gozamos de libre circulación. Las calles bajo el dominio del machismo con peaje establecido, para aquellas que no reconozcamos las reglas de esta dominación territorial y cultural. Para estos personajes y sus aliados, las violaciones y los femicidios son un precio justo que las mujeres debemos pagar, cuando transitamos fuera de la esfera doméstica desobedeciendo horarios “prudentes” y códigos de vestimenta establecidos como decentes.

Esta cultura machista asigna valor a las mujeres y clasifica nuestro derecho a la existencia de acuerdo al largo de nuestras polleras. El valor asignado a las mujeres es directamente proporcional al tamaño de nuestras faldas. Cuanto más cortas más desafiantes, más desobedientes. Y la mala conducta legitima el castigo, la violación, el femicidio.

Bilardo, quien fue consultado sobre la violencia de género en un programa de televisión, considera que las mujeres “en la calle no pueden ir como quieran porque incitan a la violencia (…) hay mujeres que visten bien y hay mujeres que son provocativas”. Para Baby Etchecopar muchas violaciones son por “provocación de las nenas”, Gustavo Cordera está convencido de que de “hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo”.

Años atrás, estos dichos hubieran pasado desapercibidos o, incluso, algunos los hubieran celebrado. Lo que estos hombres públicos no tuvieron en cuenta es que ya no gozan de la misma impunidad que antes. Que detrás de cada niña o mujer lastimada por la violencia machista, somos muchas, muchísimas, las mujeres que no vamos a naturalizar tanta agresión. Esto no es una utopía ni una intención a futuro. Ya está sucediendo. Los dichos de Bilardo fueron repudiados de manera masiva, Etchecopar perdió trabajos por ser considerado persona no grata, Cordera vive escondido y con miedo de salir a la calle, por el importante rechazo social que se ganó desde sus dichos nefastos. Así comienzan a acomodarse un poco las cosas: deben ser ellos quienes sientan temor de transitar el espacio público, que ya no los legitima con la misma impunidad que antes.