Por: Fotos: Solange Avena

Podes no haberte dado cuenta o no haber tenido intención. El tema es que haces cuando te das cuenta. Y se lo exigen más a los varones, porque experimentan un mayor impunidad en el efecto de sus acciones en el campo de lo sexo afectivo en varones que en mujeres.

Hace tiempo que hay un fenómeno que literalmente “me la seca”.  ¿A que me refiero? A una novedad llamada: descubrí que puedo hacer un diálogo entre feminismo y psicoanálisis. Ah ¿cómo? ¿No lo descubrí yo? ¿No es algo que me pasa a mi psicoanalista frente a la ola feminista de mis hijes/pacientes adolescentes? ¿Había algo antes? ¿Alguien lo pensó?

Las docentes de la cátedra que dirijo y en la cual trabajo hace 30 años me pidieron que de este debate que elles siguen en twiter y aquí voy. Poner todo afuera, es parte de una operatoria del yo placer purificado de la cual no se salva ningún sujeto. Eso no quiere decir que no haya feminismo haciendo psicoanálisis y pensando con variables más complejas.

Desde el psicoanálisis con perspectiva de género, no se le pone a todo el nombre de patriarcado. Eso lo hace el feminismo espontáneo, y es lógico que lo haga. No se le puede poner estatus de debate al habla popular. Por eso, para opinar con seriedad habría que tomarse el trabajo de leer a quienes hace años vienen trabajando en el país este campo: Eva Giberti, Ana María Fernández, Mabel Burin, Irene Meler, Martha Rosenberg, Juan Carlos Volnovich, Irene Fridman, Facundo Blestcher y quien escribe.

Pedir responsabilidad subjetiva, es pedir que el/ la otre se haga cargo de si. Como nos señala Judith Butler cuando refiere con el término “an account of ourselves”, dar cuenta de uno mismo. Es lo que refería el mismo Lacan, cuando revisaba el caso Dora en “Intervenciones sobre la transferencia”, cuando preguntaba: “¿qué tiene que ver usted con los problemas de los cuales se queja?”. En mi artículo “¿Qué quiere un hombre?”, refiero que hay una propuesta patriarcal en el marco de la cual los varones contemporáneos arman sus propios procesos de singularización por los cual establecen un doble estándar ético y no colocan a las mujeres en el campo del semejante, en el cual solo ubican a los varones. Por lo tanto, cuando las adolescentes contemporáneas les reclaman a los varones “responsabilidad subjetiva”, hablan de esto. Denuncian el doble estándar que generaciones anteriores aceptaban y que mucho psicoanálisis aún describe como “posición masculina”, sin cuestionar como se ha constituido, su vigencia tranhistórica y la posibilidad que pueda haber modos diferentes de las masculinidades (1). Entonces, esto que se le podría y debería pedir a cualquiera, en eso estamos de acuerdo, las chicas “verdes” que han sido criadas con conciencia de paridad, se dan cuenta que los varones realmente existentes con los que se encuentran se lo dan a otros varones y a ellas mismas en la amistad, pero no en las relaciones “sexo afectivas”. Es un tema fáctico sobre el cual se pueden tener muchas opiniones y versiones, pero así lo ven y lo enuncian y denuncian. Por otra parte, la responsabilidad subjetiva como concepto no supone que todo lo que hacemos lo hacemos de forma conciente, ni motivada intencionalmente. Significa que hagamos lo que hagamos, determinado conciente o inconcientemente, nos hagamos cargo.

Y fundamentalmente, cuando eso que hacemos, causa un daño en el otro/a.

Podes no haberte dado cuenta o no haber tenido intención. El tema es que haces cuando te das cuenta. Y se lo exigen más a los varones, porque experimentan un mayor impunidad en el efecto de sus acciones en el campo de lo sexo afectivo en varones que en mujeres.

Podes no haberte dado cuenta o no haber tenido intención. El tema es que haces cuando te das cuenta. Y se lo exigen más a los varones, porque experimentan un mayor impunidad en el efecto de sus acciones en el campo de lo sexo afectivo en varones que en mujeres.

Esto no quiere decir suponer que siempre sabemos lo que queremos o que alguien que no es nosotros, lo sabe. Los seres humanos somos complejos y sujetos de conflicto e inconciente. Pero también podemos ser éticos y es desde ahí, que se convoca a la responsabilidad. No desde una lectura plana de la subjetividad.

Y en todo caso, ahí haría una diferenciación entre las propuestas de la ola verde adolescente y no homologaría las mismas al feminismo como un todo de las propuestas de un psicoanálisis atravesado por la perspectiva de género que viene hace mas de 40 años en nuestro país articulando con mucha seriedad los modos de constitución del psiquismo en el marco de las relaciones patriarcales.

Que las mujeres se quejan de que los varones no las llaman, refiere a que ven que los varones no se gastan en dar explicaciones ni en llamar si no tienen interés de verlas. No tienen un miramiento de la voy a llamar para que no se quede esperando. La no llamada masculina, es la despedida masculina, sin despedida explicita. Y forma parte de las impunidades masculinas en el patriarcado con respecto a la no responsabilización por los propios actos en las mujeres, ene ste caso, como decíamos con anterioridad, por no colocarlas en el campo del semejante.   

Enunciar que no se cree en la existencia de los términos mujer o varón, es muy extraño. Más aún en una cultura donde ser significado como varón o como mujer implica accesos desiguales al capital económico y simbólico desigualado. Y lo es mas complicado aún autodenominarse como feminista sin creer que haya mujeres. Otra cosa es no creer en la esencias. Y pensar que la masculinidad o femineidad es una construcción social. En todo caso hay una psicoanalista  feminista de colonial que habla de “escencialismo estratégico”, que se llama Gayarti Spivak. Ella coloca la necesidad de ponernos de acuerdo con la definición de un sujeto a enunciar, mas allá de que no se crea en las escencias ni en el innatismo.

Por el otro lado, es por lo menos una contradicción escuchar una y mil veces a psicoanalistas decir que no creen en la generalizaciones, aún cuando se pasan años hablando de “la” histérica casi como sinónimo de la femineidad y “del” obsesivo casi como sinónimo de la masculinidad. ¡Pongamonos de acuerdo! En todo caso acordemos que una cosa es el caso por caso del abordaje clínico y otro tema, es la epidemiología (2), que es la distribución en población en este caso de los malestares o sufrimientos psíquicos.

Por otra parte, veo una confusión muy grande de niveles de intervención y miradas entre psicoanalistas opinando sobre fenómenos sociales y lo que nos cuentan que hacen en el consultorio. Aquí también hay que establecer algún acuerdo epistémico. Podes aplicar conceptos psicoanalíticos a lo social, Freud de hecho lo hizo y muy bien inaugurando esa propuesta, pero el trabajo clínico tiene otras reglas y otro modo de ubicación y en ese sentido la empatía puede estar presente en el abordaje e intervención de un /a psicoanalista en un abordaje institucional o político, o con sus semejantes en la vida y no es lo que utilizarías en el campo de lo clínico. No es que la categoría no sirve. E insisto, no se puede igualar lo que no sirve en un consultorio con lo que no sirve o no debe hacerse en la vida cotidiana.

Parte de que una mujer se quede pensando que un tipo que se portó mal con otra, o en la primera cita no te gustó algo, pero va a cambiar y conmigo va a ser diferente es la interiorización del ideal romántico y de la femineidad tradicional fomentada por cuentos y películas como “la Bella y la Bestia” (3).

Esto quiere decir, entre otras cosas, que el patriarcado no es algo externo que no soy yo. Yo, estoy constituida en el patriarcado. Ese es el sentido que tiene la famosa deconstrucción (4), que no es una propuesta solo para varones. Es desarmar esos modos deseantes, de expectativas e ideales que responden a la desigualación.

No es el patriarcado o yo. Soy yo y el, ella, etc.. en el patriarcado.

Por otra parte, coincido en la condena del concepto de personas tóxicas o relaciones tóxicas que tanto se ha extendido en los feminismos adolescentes. Ahí si coincido desde una perspectiva chata de la subjetividad. Aquí es un término que difundió el psicólogo y pastor evangelista Bernardo Stamateas. Pero es un concepto que usan los feminismos anglos. Y ahí convoco a que un país con mejores tradiciones en el campo de la salud mental no se recurra a un concepto que no es afin ni aporta realmente a un movimiento emancipatorio como el feminismo.

Del mismo modo la banalización del término psicópata. Utilizar una relación de poder y objetivar a un partenaire, no implica ser alguien perverso, aunque la propuesta si lo sea. No es alguien que no reconoce que el otro es otro como posición subjetiva. Sino que tiene un doble estándar de con quien se porta bien y con quien puede hacer cualquier cosa. Es el famoso “chineo” de los chicos “bien” con chicas de sector popular que termino por ejemplo con la muerte de Maria Soledad en Catamarca.

Acuerdo también con la crítica a la “policía afectiva”, creo que una de las mejores cosas de este momento es el derecho a amar y desear a quienes se desea. Se puede ser LGTTBI y hetero como una sigla mas y no como norma. Ser monógamo/a, polígamo/a, poliamoroso/a o abstinente. No hay, por fin, una sexualidad normal.

Criticar el concepto de amor propio, sin haber hecho un análisis de los modos diferenciales por género de armado de la autoestima.

Criticar los escraches en los colegios como modo autogestivo de defensa frente a situaciones abusivas que las autoridades escolares no han sabido como detener y solo ver el lado del impacto negativo en la vida de los varones escrachados sin conocer la totalidad del fenómeno, es bastante simplista.

Desde mi equipo hemos realizado 9 talleres sobre esas problemáticas durante el año 2018 para toda la comunidad educativa del Colegio Nacional Buenos Aires ( alumnado, docentes y familias) en aras de darle un canal no punitivo y si de procesamiento colectivo de un malestar existente en las relaciones de genero en la actualidad. Chicas que no quieren entrar al “corset de género”, esto es empezar a cuidarse ellas de provocar a los varones cuya sexualidad es “imparable” y varones que dan sus primeros pasos en lo sexo afectivo, pero subjetivados desde una masculinidad hegemónica. Lo cual no los hace víctimas del patriarcado, sino cómplices. Y para no serlo, hay que posicionarse de otro modo, construyendo masculinidades mas plásticas, con compromiso con la ética del autocuidado y cuidado del otro.También nos encontramos con que muchas de las actitudes patriarcales de los varones pares eran propiciadas y avaladas por les adultes de la institución. Y luego en el interín se hicieron públicas las denuncias de ex alumnas sobre docentes y autoridades, lo cual refleja una necesidad de trabajar muy fuertemente en la deconstrucción de las practicas e impunidades patriarcales de las instituciones que debieran proteger y garantizar que no ocurra eso.

Propuesta que colaboró a procesar las formas de este malestar para recurrir a otro tipo de soluciones. Y que dado el éxito de la propuesta nos están llamando de otros colegios (5).

1-Parafrasenando a Michel Tort en “El fin del dogma paterno” como si no hubiera un después de modo de posicionamientos históricos

2-Para eso recomiendo el excelente trabajo de Naomar Almeida Filho “ La clínica y la epidemiología. Dos reinas y dos reinos”.

3-Esto ha sido largamente trabajado por la especialista Eva Illouz, en texto como “¿Por qué duele el amor?”

4-Tomada como concepto de Jacques Derrida

5- Ilse, Pellegrini, Cangallo Schule, Mariano Acosta entre otros

*  La autora de esta nota es psicoanalista, Licenciada y Doctora en Psicología (UBA), Magister en Ciencias Sociales y Salud (FLACSO) y profesora Adjunta a cargo de la Cátedra “Introducción a los Estudios de Género”, Profesora Adjunta regular de la Cátedra “Salud Pública/Salud Mental II”, Facultad de Psicología, UBA. Co-fundadora en 1995 del Foro de Psicoanálisis y Género (APBA).