Por: Fotos: Pili Cabrera

En la segunda audiencia por el crimen de Amancay Diana Sacayán –activista travesti por los derechos humanos, coordinadora del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación y trabajadora del área de diversidad del Institituto Nacional Contra la Discriminación la Xenofobia y el Racismo INADI– se escucharon las declaraciones de diez testigos que aportaron detalles sobre el escenario del crimen, el departamento del barrio de Flores donde Diana fue asesinada con más de veinte puñaladas entre el 10 y 11 de octubre de 2015. El único imputado, Gabriel Marino, de 25 años, eligió no declarar. Después de seis horas en las que se escuchó a la primera ronda de diez testigos, el juicio pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo lunes a las 9.30 horas.

 

¿Un ritual?, pero necesario

Al comienzo de la audiencia el abogado Lucas Tassara, defensor público que representa a Marino, pidió la palabra y planteó que el juicio no debía comenzar, alegando que un juicio “solo es eficaz si la persona sabe de lo que se lo acusa y las pruebas que hay en su contra. De lo contrario es solo un momento ritual”. Con esta valoración inicial sobre la instancia oral, Tassara propuso que el juicio quede en suspenso hasta que “se conozcan todas las pruebas y que se genere un nuevo informe de la  autopsia”, esto último ya rechazado por el tribunal a comienzos de marzo.

Un detalle de color, rojo, sobre la mesa del abogado de Marino, fue un Código Procesal Penal, que no fue consultado durante las seis horas de audiencia.

Del otro lado, tanto la representante de la querella familiar de Diana –Luciana Sánchez– el fiscal Ariel Yapur y el letrado del INADI –Juan Kassargian– se opusieron al pedido de suspender el juicio  y argumentaron con diferentes pedidos. Todos fueron hacia el mismo lado: la instancia de juicio es un momento en el cual se pueden producir nuevas pruebas. Así lo señala el artículo 388 del Código Procesal Penal: “Si en el curso del debate se tuviera conocimiento de nuevos medios de prueba manifiestamente útiles, o se hicieren indispensables otros ya conocidos, el tribunal podrá ordenar, aún de oficio, la recepción de ellos”. Finalmente, después de esta demora que intentaba que el juicio terminase aún antes de comenzar, el juez Adolfo Calvete –quien preside del Tribunal Oral Criminal N°4 también integrado por Ivana Bloch y Julio César Báez– dijo que no haría lugar al pedido de Tassara. Y que si el acusado, en cualquier momento del juicio quería declarar, podía usar ese derecho.

Al momento de identificarse, Marino confirmó que tiene 25 años, nació en Parque Patricios y está en tratamiento por su relación conflictiva con las drogas. De profesión, se presentó como cadete de contador público, actividad que hacía al momento del crimen de Diana y por la que cobraba tres mil pesos semanales. También dijo que su nivel de estudios es “universitario en curso”, ya que se encuentra haciendo el CBC para Derecho desde la prisión. Por último, en respuesta a si pensaba declarar, pronunció una frase que se notó dicha memoria. Fue en exacta consonancia con la estrategia de su abogado para detener al juicio:

–Como no conozco la prueba en mi contra, voy a decidir no hacerlo.

 

 

El hermano de Diana, primero en declarar

Sasha Joaquín Sacayán, hermano de Diana y querellante en la causa, fue el primero de los testigos de la jornada. Su relato fue la carta de presentación frente al tribunal de quién era Diana:

–Vivimos en el conurbano, en Laferrere, y venimos de una familia muy humilde de 17 hermanos. Para mi madre fue muy difícil llevar una familia adelante y en ese contexto Diana empezó a vincularse con los vecinos y a participar de cuestiones sociales. A partir de definir su identidad travesti, empezaron a cambiar muchas cosas en cuanto a las condiciones de vulnerabilidad que tuvo que enfrentar, porque ella se mostraba en contra de los abusos de poder y por eso fue perseguida. Era una persona molesta para la policía: tenemos registradas más de 23 denuncias contra comisarías que hizo ella misma para visibilizar las mafias y los negociados.

Sánchez llevó adelante esta parte del interrogatorio, que se extendió una hora y media. “¿Qué cambió a partir de la muerte de Diana?”, le preguntó.

–El crimen de Diana causó un impacto en nuestra comunidad, en la que empezó a aparecer una pregunta recurrente: si le pasó esto a Diana, que era una persona pública, ¿qué nos puede pasar a nosotros y nosotras? Existen informes que hablan del estado violencia que vive la comunidad travesti trans desde el momento en que define su identidad. Y esta serie de violencias tiene su último eslabón en el travesticidio: por eso hay que entender que no es un crimen común. A la cuarta puntada Diana muere, pero le siguieron dando y dando incluso muerta. Entendamos: estos no son crímenes comunes. Hay compañeras a las que les cortan las tetas, el pene o le arrancan la cabeza. Son crímenes con odio: no son crímenes comunes.

Antes que Sasha entrara para dar su declaración, Sánchez pidió que el imputado estuviese fuera porque su sola presencia en lo pequeño de la sala –el espacio tiene unos 10 por 15 metros– podría perturbar la declaración. Tassara se opuso, alegando que su defendido tiene derecho a escuchar el proceso del cual se le acusa, para tener una defensa íntegra. Frente a esto, la resolución del tribunal fue que Marino estuviera en la sala lindera durante la declaración de Sasha, con auriculares que le permitieran escuchar en vivo. Así, los derechos de ambas partes se pudieron cumplir sin mayores complicaciones.

Sasha contó que hasta ocho meses antes del crimen vivía en un mismo terreno con Diana y Johana, otra hermana también travesti, y que en el barrio, además de las violencias de la policía, habían sufrido diferentes violencias por parte de un grupo de pibes que se juntaba en la esquina. También dijo que Diana tenía como proyecto seguir una carrera política y quizá algún día formar una pareja con hijos. Que el último de sus logros había sido impulsar en la provincia de Buenos Aires la ley de cupo laboral trans, que fue aprobada apenas tres semanas antes del crimen.

La declaración de Sasha salió cargada de una emotividad que a más de una de las personas que estaban en el público les hizo caer lágrimas, como la diputada Karina Nazábal (quien desde el Frente para la Victoria acompañó a Diana en la presentación de la ley de cupo trans) y lxs activistas Dario Arias (Conurbanos por la Diversidad) y Florencia Guimaraes (Furia Trava). También estuvieron presentes en la sala Diana Maffía, directora del Observatorio de Género en la Justicia del Consejo de la Magistratura de CABA; y varios familiares de Diana, la mayoría identificados con remeras que llevaban su rostro estampado.

Además de Sasha, se escucharon otras nueve declaraciones, entre ellas de integrantes de diferentes divisiones policiales, testigos que constataron sus firmas en las actas, y la de Pao Lin, activista de la disidencia que conocía a Diana y le había alquilado el departamento donde ocurrió el crimen.

 

 

En la calle, Diana presente

Afuera de los tribunales, una congregación estuvo presente durante la audiencia para hacer el aguante con una vigilia ruidosa que incluyó música, poesías y flyers: quienes caminaron frente al palacio de justicia no quedaron indiferentes. Al activismo TLGBIQ se sumaron unas cincuenta personas del Movimiento Territorial de Liberación (MTL) del Partido Comunista, quienes llegaron con banderas rojas, negras y trompetas. Vinieron porque Diana fue parte del espacio desde su conformación, cuando los piquetes eran un recurso frecuente ante la carencia de las representaciones democráticas.

Gustavo “El Indio” Nuñez, miembro del MTL, habló con LatFem de la llama que encendió Diana en el comunismo del oeste bonaerense:

–En los momentos más complicados Diana levantó las banderas de nuestro movimiento defendiendo no solo sus derechos, sino los de todas y todos. Para nosotros era una militante importantísima y acompañó fuerte con sus ideas marxistas leninistas, aunque en el último tiempo no militaba en el MTL porque estaba en otro sector de la militancia. Ella también dio una pelea en el propio Partido para defenderse de bestialidades que a veces arrastramos los seres humanos en este sistema totalmente patriarcal. Y es una de las que ha logrado que el movimiento tenga hoy un pensamiento absolutamente amplio, como el que tendríamos que haber tenido siempre, defendiendo a las personas por sus capacidades y derechos y no por su sexo.

Para entender lo transversal de las batallas por los derechos humanos que libró Diana, solo había que caminar unos pasos del MTL y hablar con Gabriela Mansilla, madre de la primera nena trans que recibió un DNI a los seis años. Gabriela hoy se organiza junto a otras familias en la Asociación Infancias Libres, que lucha por infancias trans sin violencia ni discriminación:

–Diana nos allanó el camino y respeto profundamente todo el trabajo que hizo para que existan derechos que hoy tiene mi hija Luana. Me parece fundamental acompañar este juicio primero como ser humano, ya que esto fue un travesticidio, un crimen de odio y no puede quedar invisible al resto de la sociedad. Me resulta muy movilizante ver que no están los medios masivos y no se hace una marcha a nivel nacional para salir y pedir justicia por Diana. Por otro lado, Luana es una niña trans que quizá mañana salga a la calle, se identifique con la identidad travesti y sufra todo tipo de violencias por su elección. ¿Qué es lo que va a pasar cuando crezca? No quiero esta realidad para ella, quiero que esta cultura cambie.

Después de las seis horas de audiencia, que solo se interrumpieron por una pausa de cinco minutos, el tribunal anunció que el juicio pasaría a cuarto intermedio hasta el próximo lunes 26 a las 9.30 de la mañana, con una lista de 13 nuevos testigos. “Éste es el momento que estamos esperando hace dos años y cinco meses y que fuimos construyendo, paso a paso, día a día, fue duro pero nos comprometimos continuar con tu legado, y convertir tu muerte en un hecho político como lo fue toda tu vida”, dijo en un comunicado la junta de activistas que se nuclean en la Comisión de Justicia por Diana Sacayán.

En la plaza de los tribunales, cuando llegó la noticia de que la audiencia había terminado, un coro de palmas se sostuvo varios minutos. Después siguieron gritos, como los que hacían los originarios antes de una batalla. Pareció una invocación: otra forma de hacer ruido y decir que Diana está viva en las manos y gritos de quienes luchan.