Hay una foto en blanco y negro. Hay dos mujeres. Hay un beso. El escenario no se llega a adivinar en la imagen. Es una cancha de fútbol. Es el condado de Lancashire. Es 1920. Las dos mujeres que se besan antes del partido son Alice Kell, la capitana del equipo Dick, Kerr Ladies y la capitana del combinado francés. Esa es la foto que retrata lo que los archivos señalan como el primer partido internacional de mujeres. El encuentro lo ganarán las británicas por 2 a 0, si el resultado tiene –acaso- alguna importancia.

Para llegar hasta ese día de abril de 1920, la historia nos lleva a las fábricas inglesas donde las mujeres cubrían los puestos de trabajo que los hombres habían dejado al formar parte de las tropas nacionales durante la Primera Guerra Mundial. La Dick, Kerr and Company había sido la principal fábrica del sector ferroviario británico hasta que comenzó el conflicto bélico y pasó a manos del Estado y a producir municiones para el ejército. En esa compañía, las mujeres además de tomar las máquinas, tomaron también la pelota, siguiendo el legado de las feministas sufragistas de la aristocracia inglesa, que en 1895 habían conformado el British Ladie´s Football Club, primer equipo integrado completa y únicamente por mujeres. Aquel combinado no había durado mucho, pero las obreras de Preston bajaban cada día al patio común del edificio a jugar al fútbol y ese hábito se fue volviendo un clásico con los años. Grace Sibbert, una de las trabajadoras de la compañía era la encargada de organizar los partidos. Fue con ella con quien habló Alfred Frankland después de observarlas día tras día desde la ventana de su oficina. El administrador de la fábrica le propuso organizar un partido a beneficio de los soldados. Era 1917 y los hombres comenzaban a volver heridos del campo de batalla.

Frankland fue ambicioso y alquiló el estadio Deepdale del equipo más importante de la ciudad, el Preston North End, uno de los primeros clubes de la liga inglesa, que hoy juega en la segunda división. El mismo que después sería sede del primer partido internacional. Pero entonces, en esa navidad de 1917, diez mil personas asistieron al partido entre Dick, Kerr´s Ladies y Arundel Coulthard Foundry, un equipo de trabajadoras de otra fábrica. Al igual que el primer partido internacional, las Dick, Kerr también ganaron este primer encuentro que jugaron, en esta ocasión por 4 a 0, y recaudaron alrededor de lo que es hoy un millón y medio de pesos, en moneda local. Al día siguiente fueron noticia en el Diary Post: “Su labor era sorprendentemente buena. Una o dos de las damas demostraron un control admirable de la pelota”.

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La autora del libro “The Dick, Kerr’s Ladies”, Bárbara Jacobs cuenta que ante el éxito de la convocatoria de ese primer partido en un estadio de fútbol, Frankland programó tres fechas nuevas para jugar contras los equipos de mujeres de otras fábricas. La práctica del fútbol se había ido expandiendo en cada una de las compañías y muchas contaban con su propio equipo de trabajadoras. El equipo de las Dick Kerr se fue volviendo cada vez más popular y Frankland pasó de ser uno de los administradores de la fábrica a ser también el mánager del equipo. Ofrecía trabajo en la compañía a cambio de que sumaran al equipo; contrató entrenadores que formaban parte del fútbol masculino para que entrenaran al equipo después de la jornada laboral. Las Dick Kerr recorrieron las islas jugando en distintos estadios: Anfield, en Liverpool; Old Trafford, el que fuera estadio del Manchester United y en el Saint James Park, el estadio del Newcastle. Jugaron de día y también jugaron de noche, algo que no se acostumbraba a hacer en esa época. Las obreras de Preston llegaron a convocar a 53 mil personas en el estadio de Goodison Park, el del Everton, y otras 14 mil quedaron fuera. Ese mismo día, el público del fútbol masculino había convocado a 37 mil espectadores. La prensa hablaba de ellas en los principales medios y analizaba sus formas de juego. Los periodistas destacaban la participación de Alice Woods, la velocista campeona en ochenta metros y del tridente ofensivo del equipo conformado por Florrie RedfordJennie Harris y Lily Parr“La caja de trucos”, apodaba la prensa inglesa al equipo.

Foto en blanco y negro. Alice Kell, con la camiseta a rayas, besa a la capitana del equipo combinado francés en el estadio Deepdale en la primavera de 1920. Lo que la imagen no muestra son las 25 mil personas que había en las tribunas, ni las cientas que entraron al campo de juego una vez que el partido terminó para abrazar y alzar sobre sus hombros a las jugadoras inglesas que habían ganado por 2 a 0. Después de ese encuentro internacional jugaron tres más en distintas ciudades de Gran Bretaña. Dos triunfos, un empate, una derrota.

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El primer partido internacional se había jugado. El fútbol femenino crecía en las fábricas de Inglaterra y desbordaba estadios. Convocaba más público que el fútbol masculino y generaba mayores ingresos, que eran donados en su a la Asociación Nacional de Soldados y Marinos Licenciados y Discapacitados y a los trabajadores mineros. A los directivos del Comité de la Asociación del Fútbol (Football Association, FA), la entidad que regulaba el fútbol en Inglaterra, ese panorama le hizo ruido y en diciembre de 1921, un año después del primer partido internacional, elevaron una carta a los clubes pidiendo que no permitieran el fútbol femenino en sus estadios. El argumento: “El fútbol es un deporte inadecuado para las mujeres, por lo que no debería ser promovido”, expresaron en su informe.

¿Las obreras y futbolistas del Dick Kerr dejaron de jugar? Spoiler alert: No

Esta nota forma parte de un especial de fútbol femenino que está llevando adelante La Tinta.