Belén Sotelo estuvo toda la mañana en Plaza de Mayo en una clase pública que cerró el destacado Alberto Kornblihtt. Es secretaria de Finanzas de Feduba, el sindicato de docentes de la UBA; además coordina la parte académica del Instituto de estudios de la CONADU—donde también es congresal—; y es secretaria adjunta de CTA-CABA. Aunque no puede estimar cuál será la dimensión de la marcha federal de este jueves por la defensa de la universidad pública, está segura de que va a desbordar la Plaza. Esta es la cuarta semana de lucha de las 57 universidades nacionales. No empezaron el segundo cuatrimestre porque reclaman que aumente el escaso 15% que les ofreció el Gobierno para recomponer sueldos comidos por la inflación, y el escandaloso recorte en el presupuesto. En diálogo con LATFEM Belén Sotelo analizó el conflicto y traza un paralelismo entre 2001 y 2018.

—¿Cómo se llegó a esta instancia?

—Es difícil medir cuándo rompes ese cerco entre lxs que siempre estamos involucrados con estos temas y lxs que apoyan cuando hay un conflicto puntual. Este punto, cuando algo explota, estalla y toma estado público, era lo que buscábamos desde el principio.

Desde febrero estamos pidiendo la reapertura de la paritaria con el ministro de Educación Alejandro Finocchiaro. Desde ese momento presentamos la nota para negociar nuevamente el salario. No nos dieron bola, costó que nos atendieran. Hubo una reunión en la que no obtuvimos respuesta.

Estuvimos todo el primer cuatrimestre con paros, clases públicas, marcha de antorchas y no pasó nada. Hicimos un plebiscito nacional para considerar si empezaban o no las clases y la mayoría votó no iniciar, entonces eso fue lo que logró mover un poco el avispero. Se sumaron facultades que no son tan permeables a este conflicto, como por ejemplo Medicina, y hay un enorme acatamiento.

—¿Y esto por qué creés que es?

—Porque logramos logar vincular la cuestión salarial con la cuestión presupuestaria. En el primer cuatrimestre nosotrxs veníamos diciendo que había un problema con el presupuesto al que le recortaron mil millones de pesos y ya anunciaron que se iba a realizar otro de tres mil millones. El presupuesto de las universidades sale de la ley general de presupuesto que se vota en el Congreso. Esto hizo que se empezaran a atrasar todos los pagos y, si bien en el primer cuatrimestre no se notaba tanto, en el segundo sí porque no está llegando la plata, sumado a los tarifazos. Entonces lxs rectorxs salieron a decir que no llegan más allá de octubre. Esto se sintió muchos sobre todo en las universidades del conurbano que empezaron a hacer abrazos porque son universidades más nuevas que sobre todo tienen carreras más orientadas a las necesidades locales, carreras más vinculadas a la salud, como por ejemplo la de Florencio Varela, entonces también el conflicto se encarnó en la comunidad local y no solo entre docentes y estudiantes.

—La semana pasada el Gobierno sacó una campaña difamatoria pero la desarticularon rápidamente.

—Y para nosotrxs fue positivo incluso ese papelón que salieron a decir porque fue tan burdo que sin dudas demostramos que les llegó, que registraron que esto era serio. Nosotrxs tenemos datos públicos para contestar eso y para desarticular eso que quisieron hacer de derivar el problema a lxs rectorxs de las universidades. Lo más ridículo que salieron a decir es que hay un docente cada ocho alumnxs, que las universidades son ineficientes. Y la verdad es que cualquiera que haya ido a cursar alguna vez sabe que no hay un docente cada ocho alumnxs.

—¿Te parece que es casual que este conflicto se desate justo cuando desembarca el FMI en la Argentina?

—No para nada. Al contrario. El otro día me acordaba que cuando entré a la facultad en el 2001 teníamos clases en el Parque Centenario, se venía todo abajo y me acuerdo que habíamos decidido ir a hacer una clase pública al Village Recoleta todos vestidos de negro porque la intención era llevar el conflicto a otros lugares. Entonces, sin dudas, creo que hay un paralelismo en el nivel de conflictividad que tenemos hoy con ese momento. Volvimos dieciséis años atrás. Siempre hubo conflictos en la universidad pero no hubo conflictos a partir de tanto retroceso. Digo, siempre era ir por más, pero ahora discutimos el ajuste como lo hacíamos en ese momento. Justamente está circulando por las redes sociales una imagen que dice “Se despierta el gigante”, por las universidades, y hace referencia a cuando López Murphy era ministro en 2001 y anunció un recorte del 13% a la universidad y salió toda la universidad a la calle y López Murphy duró diez días más.

—¿Por qué recién ahora se “despierta” ese monstruo? ¿Qué diferencia hay entre un docente de educación media con los universitarios?

—En 2016 hicimos una marcha multitudinaria, no creo que no estuviéramos despiertos. Sí creo que lo que cuesta históricamente en las universidades es asumirse como “trabajadorxs”. Incorporar la identidad trabajadora de lxs universitarixs es lo más difícil. Todos dicen “soy académicx” o “soy investigador” y hay un prejuicio antisindical que todavía no está resuelto.

—¿Es más difícil ser mujer en la universidad o ser mujer en el gremio docente incluso con mayoría de la base femenina?

—Creo que es más difícil ser mujer en la universidad. Hay sólo 6 rectoras sobre 57 universidades. La forma en la que se construye el poder académico es absolutamente patriarcal.

Mapa de las tomas universitarias