Por: Fotos: Amanda Huerta Morán

Mucho ya se ha dicho sobre la desoladora noticia de la ejecución de Marielle en la noche del miércoles, 14 de marzo de 2018: la concejal más votada, mujer, feminista, negra, de la favela, bisexual, socióloga, magister en administración pública, una combinación muy rara de representación política en Brasil, donde las mujeres, a pesar de que somos mayoría de la población, ocupamos solamente un 11% de los espacios en la Cámara Federal. Más aún, ella, una mujer negra, que fue madre a los 19 años, estudió en un curso comunitario de ingreso a la universidad, se esforzó mucho en la vida y además eligió un tema tan difícil para dedicarse: los derechos humanos, con el cual trabajó por más de diez años en la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa del Estado de Río de Janeiro, que era presidida por el Diputado Marcelo Freixo. Ella era, y sigue siendo, un símbolo, pero no un símbolo cualquiera, sino una mujer de lucha, de izquierda, concejal electa por el PSOL – Partido Socialismo y Libertad, un detalle muchas veces omitido en las noticias de los medios de comunicación corporativos.

Ella luchaba no por la supuesta paz determinada por el orden que legitima el genocidio de la población negra y de la violencia policial en contra de la mujer, ella siempre estuvo en la resistencia, en la lucha por la transformación social, por la ampliación de la voz de todos aquellos que representaba y que se veían representados por ella. “Paz sin voz nos es paz, es miedo”, como ya decía la canción del grupo O Rappa. Y ella rechazaba el miedo y los límites que el orden siempre intenta imponer a aquellos que son de su misma clase, género y color de piel.

Por esa lucha recibió cuatro balazos en la cabeza, sin siquiera haber tenido una amenaza previa, un alerta que nunca recibió. Al parecer, su cuerpo negro dispensaba ese tipo de formalidad, ya que ella tenía el color  de piel de aquellos que mueren todos los días, no solamente por balas perdidas, sino también por balas direccionadas, o por la omisión del Estado en garantizar los derechos sociales básicos como salud, habitación, alimentación, educación. Una de las más significativas calcomanías impresas por su mandato, que yo además guardo con cariño, decía: “Nuestras vidas (negras) importan”.

Marielle Franco tenía una muy marcada identidad de clase, género, raza y sexualidad, y no fue una emprendedora individual, que logró superar las dificultades y se destacó individualmente. Ella se ha construído en la lucha colectiva, fue parte de ella y se transformó en su símbolo y su inspiración, y trajo mucha gente a la campaña política en el 2016. El hecho concreto es que ella venía ampliando cada vez más su representatividad, su fuerza política y el apoyo popular con su mandato colectivo, feminista y negro. Con poco más de un año en la Cámara, Marielle ya había alcanzado, en lo que concierne a respeto y simpatizantes, mucho más que el récord de 46 mil votos que había recibido en su elección. Y su muerte llevó más de 100 mil personas a las calles. Marielle era una gigante, lo dijeron en las calles, y ha sido un crimen político en todos los sentidos.

Aún siendo una concejal elegida para la Cámara de Concejales de Río de Janeiro, y, por lo tanto, representante de un Estado que se dice democrático, hay quienes la consideran solamente un “cadáver común”, tal vez por ser una mujer negra de la clase trabajadora. Fue un crimen político, audaz, que pretendía dejar un mensaje de miedo a todos los que se sentían representados por ella, para que tuvieran miedo y no se atrevieran a levantarse en contra del orden injusto, desigual, patriarcal y machista, racista, LGBTfóbico y antidemocrático contra el cual ella siempre luchó, defendiendo a los suyos, defendiéndonos a nosotras.

Los tiros fueron disparados contra su cuerpo físico, en el auto en que viajaba, sin chances de defensa, y alcanzaron también al conductor Anderson Pedro, mientras sobrevivió su asesora que, por suerte, únicamente fue alcanzada por fragmentos de vidrio. Las balas disparadas son de un mismo lote sustraído de la Policía Federal, que ya había sido utilizado en una masacre anterior, ocurrida en San Pablo, una firma macabra que refuerza el mensaje del miedo.

Aquellos que la mataron, según apuntan las investigaciones, la estaban siguiendo desde su última actividad, cargada de simbolismo, en la Casa de las Pretas, evento organizado por el Mandato de Marielle con jóvenes negras feministas que sacudirán las estructuras, tal cual nuestra concejal más votada lo ha hecho. Ella actuaba con firmeza y afecto, con fuerza y sonrisa, y su mandato parlamentario era un canal potencializado para fortalecer no solamente la autoestima de su pueblo, con su sonrisa amplia, su piel negra, sus pelos enmarcados por el turbante que honraban su ancestralidad y sus ropas coloridas: ella representaba mejor que nadie la lucha, el simbolismo y las resistencias de las mujeres negras, a las cuales las políticas públicas les son negadas, tema central de su actuación política. Ella se posicionaba también en la defensa de las mujeres presas, en contra de la superpoblación carcelaria y el punitivismo selectivo en contra de los pobres y los jóvenes negros privados de libertad y de futuro.

Ella luchaba por los derechos humanos, combatía la violencia en contra de la mujer (y en contra de personas trans y mujeres lesbianas) y el femicidio, denunciaba el racismo y las masacres en las favelas y la letalidad policial, como también defendía a los policías y sus familias que eran afectados por la violencia del estado (casi todos negros). Rindió homenaje, en la Cámara de Concejales, a las religiones afrobrasileñas, innovó en un evento sobre el derecho a la favela, concedió medallas a íconos de la cultura negra tales como Conceição Evaristo y Doña Dida. En su mandato, actuaba en la defensa del aborto legal, ya previsto en la ley en casos de violación y cuando hay riesgo para la vida de la mujer, pero cuya oferta es extremadamente limitada en la práctica, lo que involucra especialmente a las mujeres negras, que necesitan de los servicios públicos y son las mayores víctimas de la violencia. Presentó también proyectos de ley para las Casas de Parto, para garantizar el acceso de la gestante a un parto normal y a un tratamiento humanizado. Luchaba contra los recortes en las inversiones sociales y contra la intervención federal militar. Actuaba también en la ampliación de la participación de las mujeres en la política, articulaba candidaturas de mujeres y decía que el feminismo es revolución, que teníamos que ocupar todos los espacios que nos son negados. “Cuando una mujer asciende, trae a la otra”. Era activista y estaba en las calles en todos los actos, y también sufría cuando la policía tiraba bombas de gás, impidiéndonos protestar. Ella era una de nosotras.

Con los disparos intentaron silenciar a Marielle, pero jamás lo conseguirán porque su lucha es colectiva y es a favor de la transformación social, de la defensa de los derechos humanos y contra el discurso de odio y cualquier tipo de opresión y violencia. Marielle es semilla, y su lucha seguirá. Su lucha es la lucha de la población negra y oprimida, de las mujeres, de los habitantes de la favela, o sea, de la mayoría de la población que está alejada del poder instituido y por el cual es sometida.

A partir de la masiva movilización y sensibilización de una multitud con su muerte, ahora intentan matar su memoria, pero tampoco lo conseguirán. Aquellos que lo intenten serán responsabilizados como corresponde. Queremos sí saber quién mató a Marielle y a Anderson, pero no nos hundiremos en el discurso fácil del miedo, del militarismo y del punitivismo que algunos intentan imponer. Y seguiremos cuestionando la intervención federal militar, así como también la actuación violenta y corrupta de parte de la policía, al mismo tiempo que exigiremos que las autoridades policiales actíen en la investigación del crimen por ser su atribución en el marco de un sistema que se pretende democrático. Y exigiremos responsabilidades, que no son solamente individuales, una vez que quien apretó el gatillo no la mató solo. El crimen es político, y el culpable es el sistema, hecho que no puede ser encubierto.

Mari, querida amiga y compañera, estés donde estés, honraremos tu lucha y seremos muchas a apoyar también a tu familia: a tu madre, a tu compañera, a tu hermana y a tu hija. Tu muerte no será en vano. Son muchas las Marielles jóvenes, algunas muy parecidas a vos, las vi en las calles el día que lloramos por vos. Y ellas, de semillas se volverán árboles, frutos y raíces de resistencia, inspiradas por vos y apoyadas por todas nosotras en tu memoria. Marielle, presente. Marielle de lucha vive.

 

*Luciana Boiteux es Profesora de Derecho de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), feminista y activista del Partido Socialismo y Libertad (PSOL). En el año 2016, fue candidata a co-intendente de Río de Janeiro en la formula de Marcelo Freixo. La entrevistamos en LatFem el año pasado.

**Agradecemos a Bruna Stamato la traducción de este artículo.