“La tarde en que asumió Cristina Fernández de Kirchner a la presidencia por segunda vez, mi papá me pidió que lo acompañe al campo porque no podía ver eso”. Esa tarde, la dramaturga Lucila Quarleri empezó a escribir el texto que 7 años después es una apuesta teatral llamada “Esa niña. Volveré y seré millones” y que puede verse en El Camarín de las Musas.

La actriz Maia Lancioni personifica a una mujer de la oligarquía argentina de mediados del siglo XX, pero sus rasgos físicos nos remiten a Eva Duarte en sus últimos años: el cuerpo delgado, el cabello aclarado y estirado hacia atrás, la voz en flauta y los gestos, hay que decirlo, crispados. La protagonista de “Esa niña” es y no es Evita.

En un juego de dobleces y desplazamientos que podrían remitir tanto a un sentido paradójico de la historia argentina (o a uno esquizoide) como a la mirada contrariada de la directora, que reconoce que “siento culpa y vergüenza por mi clase”, la señora toma el té, mandonea a la empleada doméstica, llora su soledad y reconoce en una niña que vio en el colectivo el germen y la mirada de Eva Duarte de Perón.

“Es mujer, pobrecita, ¿cómo va hacer con los hijos?”, esuchó Quarleri decir a su mamá esa tarde que Cristina Fernández tomaba el bastón por segunda vez. A los pocos meses, Lucila leyó “Esa mujer” de Rodolfo Walsh y “Una flor amarilla”, de Julio Cortázar y la escena con el padre enojado y la madre empática (sorora, dice Lucila), desencadenó la obra que hoy presenciamos. Sin embargo, la remisión al cuento walshiano no es tan lineal como parece, según la autora “yo del texto de Walsh me olvidé, siendo sincera lo volví a leer hace poco por miedo a que me pregunten en una entrevista. A ver, es imposible olvidarse de ese texto, es una preciosura, pero yo al escribir me preocupé más sobre la dualidad del personaje que creo que tiene que ver más con Cortázar que con Walsh. Ahora pensándolo mejor, ese Coronel podría ser mi madre”.

 

 

La figura sugerida de Eva Duarte aparece ligada en varios aspectos al feminismo argentino contemporáneo. Es reivindicada en su papel de promotora del acceso al voto femenino y en la fortaleza inusual para lo que por entonces se esperaba de una mujer. “Volveré y seré millones”, dice el subtítulo de “Esa niña” desde que Quarlieri leyó Cat Power de Cecilia Palmeiro, donde se plantea una analogía entre la primera marcha de Ni Una Menos y el verso “Volveré y seré millones”, escrito por José María Castiñeira de Dios y atribuido a Evita. “Somos pichones de Eva, de lo que nos invitaba a ser”, remata Lucila.

Pero siempre hay un afuera. La obra, que se despliega en 40 minutos, transcurre de espaldas a la calle, con el ventanal del Camarín de las Musas completamente despejado. Así, mientras la señora de la oligarquía ofrece sus poses escultóricas y su drama político de alcoba, pasan detrás del vidrio los restos de la ciudad: unos adolescentes que vienen de ensayar, ancianas que no entienden, una nenita graciosa, autos, turistas. Mientras el ensueño del teatro juega con los sentidos del peronismo y del feminismo, afuera el mundo no se ha detenido, sino que esporádicamente especta la obra desde la vereda. Y el público, enfrentado a esa ventana, mira el afuera a través de “Esa niña”, como si se tratara del juego de espejos que explica el funcionamiento de las cámaras fotográficas.

“Cuando me fui a la calle y la vi a Maia desde afuera me acordé de la zona roja en Amsterdam. ¿Qué diferencias hay entre esa piba y lxs actores/actrices? Trabajamos con nuestros cuerpos. Por eso a las actrices se las llamaba prostitutas”, reflexiona Lucila Quarleri y agrega que se trata de un “teatro 360” en el que la actriz en plena performance a veces pregunta hacia afuera “¿quién lo votó?”.

La obra comenzó a ensayarse a principios de 2017 con una decisión inamovible de la directora: sólo trabajarían mujeres, “creo que las mujeres debemos laburar siempre entre nosotras, conocernos, respetar nuestros miedos e inquietudes y esas eternas inseguridades que tenemos en los trabajos”. Esta decisión responde a una matriz patriarcal que atraviesa también al teatro, por mencionar sólo dos ejemplos, durante 2017 en el Complejo Teatral de Buenos Aires sólo el 20 por ciento de las obras estuvieron dirigidas por mujeres y el 94 por ciento de la dramaturgia estuvo en pluma de varones, exceptuando un texto que fue escrito por una mujer; y en el único teatro nacional, el Cervantes, el 77 por ciento de la dramaturgia fue de varones.
“Yo estoy enojada y eso me motoriza”, dice Lucila Quarlieri, que además presenta su “Carta a Antonia Macri”, otro texto que complejiza el problema de la clase alta, la dirigencia política y el feminismo. “Esa niña”continúa con sólo dos funciones, el viernes 6 y 13 de abril a las 22.45 en El Camarín de las Musas, en Almagro. La “Carta a Antonia” se presenta los sábados a las 19 hs en La Comunidad del Sótano.

 

Foto de portada de Ezequiel de Diago

Foto de cuerpo de nota de Hersilia Alvarez