La Torre Espacial de Interama imaginaria, soviética, aspiracional es uno de los obeliscos que despidió a la peregrinación en la autopista a Ezeiza. El estadio de Vélez real, club social y deportivo. La iglesia simbólica con una cancha de fútbol cinco en la terraza. La Torre es Noches blancas en la peregrinación de la religión hacia el Mundial del Machismo en un día eterno de ofertas para consumo de sexo con personas-objeto-cosa sobre la avenida imperial.

Rusia es pasiva (shpaishiva). Recibe, vende sin ofertar y el gobierno de Putin es un sueño no objetable en el que aparecen figuras de una ley de recorte a la sexualidad. El sueño de le ruse se parece a la vigilia y es en una plaza tan cerca del Báltico como de los Urales y dirige a sus actores, la extranjeridad superpoblada, las otredades que hacen a su superyó en trabajo militante y en duda de hormiga.

El Kuelgue en “Cristo es Marquitos di Palma” canta que hay que reescribir las estampitas. Lo religioso es espinal, es un manejo del tiempo. Ludismo y religión es el borde de algunos sectores de la peregrinación. Argentina, religiosa absoluta, Iglesia Católica de la Edad Media, se permite la guerra y la discusión filosófica. El lenguaje de esta religión es coherente, cohesivo, parido de un dogma que se toca con el sí-no de lo sentido, protagonismo indiscutible para el realismo del más acá íntimo y colectivo.

La iglesia de Francia es de marselleses que hablan nasal. Sus movimientos son más estilizados, elásticos. Les argentines (los argentinos) caminan con los brazos fijos, a veces moviendo el torso de izquierda a derecha, luz y motricidad de sábado a media mañana, cansancio dubitativo pero buscando algo con la mirada. Perder algo, el Partido, la posesión (de la(s) pelota(s)): la reacción fue sin duda más tibia que si se perdiera la ley del aborto en el Senado durante una noche blanca. Íbamos en busca de una Siberia animal y encontramos a la religión globalizada demasiado humana.