Lxs poetas no son gente rara, son iguales a todo el mundo, solo que asumen lo que la mayoría no. Aceptan que tienen en sus manos la capacidad de poner las palabras en relación de trampa, de desplazamiento respecto a lo que ellxs mismos ven. Que pueden destrabar sentidos que no están en las cosas mismas ni en los ojos de quienes las ven. Así, veinte de este tipo de personas juntas, puede volverse una fiesta o puede volverse un gimnasio. Fue lo que pasó en Bahía Blanca el fin de semana del 6 al 9 de octubre y por séptimo año consecutivo: una nueva edición del Festival latinoamericano de poesía de Bahía Blanca.

 

La periferia

La Ciudad de Bahía Blanca tiene una compleja relación con la poesía, en Bahía se crea y lee poesía de una forma fluida, intensa y constante en especial durante los últimos 30 años. En Bahía Blanca la poesía es pública. Es con esta historia de fondo que comprendemos la efervescencia calma de ciertas actividades que se dieron en el marco del Festival. La continuidad entre las prácticas poéticas y las comunitarias, entre las prácticas políticas y las poéticas.

Ejemplo de estos cruces tensos son dos actividades que si bien funcionan en los laterales del programa central del festival dan a este certamen una identidad destacada. Se trata de la Lectura macarrónica y de la charla Política, cuerpo y escritura feminista. En el primer caso se trató de una actividad el mediodía del sábado 7, todas las poetas y los poetas invitados al festival, muchos de renombre internacional, otrxs jóvenes multitasking que combinan poesía, edición, periodismo, performance, docencia, rock, -unx poeta es muchas cosas además- se trasladaron a White.

En la Lectura Macarrónica que se desarrolló en el Museo del Puerto, esperaban vecinas y vecinos de Ingeniero White para compartir platos de cocina elaborados en sus casas y poemas escritos en el taller de escritura que se dicta en el Museo y coordina la poeta y co-organizadora del Festival, Lucía Bianco. Las y los poetas comían y a la vez recitaban sus poemas, con la condición de que hablaran de la comida o la cocina. El maridaje de la ensalada fue chispeante. La poesía estaba en las cosas, en las bocas, en las mesas. Y también en canción con un espontáneo karaoke de tango, bolero, vals y cumbia.

Otra actividad expresa la potencia distinguida de este Festival. Se trata de la inclusión en la agenda de una charla sobre la relación entre feminismo y poesía. En la Argentina el movimiento de mujeres ha irrumpido luego del Ni Una Menos, -multitudinaria manifestación que congregó a un millón de personas en todas las ciudades del país en 2015-, con tal fuerza que puso a tambalear todas las estructuras: la de la justicia, la política y, ahora sí, la palabra y el poder en la poesía. En la actividad las poetas, periodistas y miembras del colectivo NiUnaMenos Florencia Minici y Agustina Frontera conversaron sobre la desigualdad de género estructural en todos los ámbitos de la cultura y sobre las potencias que liberan en nuevas subjetividades las palabras cuando se articulan en la literatura, especialmente en la poesía. El debate fue a sala llena y dejó germinando grupos de lectura, impulso para áreas específicas en la Universidad, y preguntas sobre qué estuvimos haciendo todo este tiempo.

Olfato estético, tino político. Poner la poesía junto a las creaciones populares, a las hechuras manuales, afectivas, y luego, ponerla en la discusión pública acerca del poder, esa que el feminismo hoy logró destrabar para mencionar una verdad: el poder es patriarcal. Pero, ¿esto es un festival de poesía? sí, todo aquello, fantástico, estuvo por montones.

Florencia Minici, poeta, Integrante del Colectivo Ni Una Menos, en la charla “Política, cuerpo y escrituras feministas”.

El centro

El jueves 5 de octubre fue la apertura del festival, la inauguración estuvo en manos del poeta y lingüista peruano Mario Montalbetti, quien dio la conferencia La ceguera del poema en la Casa de la cultura. Antes de eso, ya había ocurrido un taller de Fanzines, a cargo del platense Juan Rux, en la Casa del Pueblo; y las lecturas al aire libre en el playón de la Universidad Nacional del Sur (UNS): leyeron Florencia Minici, Luciana Caamaño, Celeste Diéguez, Franco Juárez, Luis Marecos, Douglas Diegues y cantó y tocó Rosario Bléfari.

Al día siguiente, viernes, Montalbetti volvió a la Facultad y dió una charla para alumnos y alumnas de Letras. Pocas horas después se desplegó, también en la Facultad, la charla sobre feminismo y escritura, coordinada por dos miembras fundadoras de NiUnaMenos y codirectoras de este portal. Allí, Florencia Minici definió la situación de la mujer y las diversidades en la cultura como: “a veces los debates se dirimen creando áreas o ramas en los cuales nos invitan a mesas de género, pero la transformación de las tradiciones patriarcales en la cultura, la economía y la política tiene que ser transversal a todos los temas, a la hora de hablar de todas las cuestiones, no nos arreglan mandandonos a jugar al pelotero del género”.

Público.

La tarde fue lectura tras lectura en el Centro histórico y cultural de la UNS, la paridad de género que se dio de forma programada en esta edición del festival pudo hacerse material en la variedad tímbrica de los poemas dichos en voz alta. Leyeron/recitaron: Alvaro Urrutia, Douglas Diegues, Oscar Taborda, Milton López, Eva Murari, Natalia Romero y Francisco Bitar, que se refirió a Bahía Blanca y a la ciudad de Rosario como las capitales nacionales de la poesía. Esta aseveración está además acompañada por la presencia durante el festival de poetas y escritores rosarinos que han tejido lazos con los poetas bahienses, el ya mencionado Oscar Taborda y Daniel Helder.

Mílton López y Oscar Taborda.

Luego de un intervalo musical a cargo de Emilia Bianco, nueva tanda de lectura: Rosario Bléfari y el mejicano Sergio Ríos. Como cierre de la actividad en la sede del Centro histórico Gerardo Jorge presentó Huir no es mejor plan, antología del poeta Montalbetti editado por el sello Mansalva. Un verso de Montalbetti: Ser menos, hablar poco, hablar algo.

Después del día de trabajo, se hizo un brindis de lujo en el Consulado chileno y las poetas y los poetas se dirigieron a la última actividad del día: la fiesta. La fiesta fue en Factor C y también incluyó poemas. Los de Juan Rux, Douglas Diegues, Luis Marecos y Celeste Diéguez, que recitó: Asumir ciertos riesgos es la forma de que no te la cuenten. Tocaron Los siete rayos, 43 squad, Rawso Bless, DJ Los bermudas y las chicas sensación ¿feminista? de Yaga Plush.

Yaga Plush, recital en Factor C.

La mañana del sábado fue sospechosa, ¿existió realmente?. La primera actividad para las y los poetas, vecinas, vecinos que participaron fue en Ingeniero White, una ciudad secada por las políticas privatistas y excluyentes de la década del 90 y que a mediados de la primera década del milenio activó lentamente su vitalidad cultural buena parte gracias a la museística comunitaria en espacios como Ferrowhite o el Museo del Puerto. Ahí, como ya contamos, la poesía deambuló por fuera de las mesas de lectura de los centros de la cultura y como aquel antecedente próximo, los poetas mateistas que pintaban poemas en las paredes, los poemas salieron en busca de vida. Allí fueron las Lecturas macarrónicas y los cantos sibaritas.

De regreso al centro, se presentó en el Espacio Cultural El Pez Dorado Mi nombre es Julio Emanuel Pasculli, de Francisco Bitar, editado por n direcciones, y nuevas tandas de lecturas: Minici, Romero, Rovira; Mónica Ortelli, Julieta Gómez y Rux; Serio Ríos y de cierre Luciana Caamaño, cuyos poemas están atravesando una temporada de canciones y desquician a todo el mundo. El cierre: otra vez Rosario Bléfari acústica, que en su obra trama un pensamiento fundado en un solo verso: el nombre de tu nombre, río Paraná. Otra poeta lingüista.

Finalmente, el domingo en Factor C, espacio coordinado por Gustavo López (Editorial Vox) y Raúl Lázaro, se presentaron los libros de Fran Rovira, Krupoviesa (Editado por Club Hem), con palabras de Celeste Diéguez y Juanjo Guerra; dos libros de Rosario Bléfari; y Presa, un libro que compila ensayos en torno a la detención arbitraria de Milagro Sala, editado por EME y presentado por sus editores: Verónica Luna y Agustín Arzac.

Rosario Bléfari en conversación con Matías Matarazzo.

 

El Festival Internacional de Poesía de Bahía Blanca es organizado por un grupo de poetas: Omar Chauvié, Marcelo Díaz, Matías Matarazzo y Lucía Bianco. Sería impensable, como dice Matarazzo, sin los “30 años de trabajo de Gustavo López, la generación mateista, Vox, las clases de Sergio Raimondi, Mario Ortiz, Luis Sagasti, Marcelo Díaz”. El vínculo de la ciudad con la poesía es el telón de fondo que explica su potencia. Esta amalgama distingue este festival de otros, también el vínculo con los museos comunitarios, la ruptura de la sala de lectura como único espacio de circulación de los poemas y, desde este año, la curaduría pensada através de cuestiones de género y escritura. Pero aún hay más, la poesía cruza muchos lenguajes, y por eso “tratamos de tener siempre algún invitado que también pueda hacer música” continúa el poeta y editor Matarazzo. Hay, además, en el espíritu del Festival una reivindicación de la trama artesanal, de la autogestión y la hechura precaria, un reconocimiento de que “posiblemente los mejores textos hayan circulado por esas vías en los últimos 20 años”, en referencia a las vías de las editoriales independientes, los grupejos creativos desviados de los sellos y el mercado, donde tampoco estaba la poesía, el indie rock y hoy el feminismo como máquina de precarizar y des-precarizar vidas. “No idealizar la precariedad sino potenciar los contenidos que circulan en esas vías”, concluye Matarazzo.

 

Un grupo de poetas que caminan por la ciudad, dijimos, es una fiesta o un gimnasio, puede también ser el ensayo de lo que se proyecta.