En la historia de la Confederación General del Trabajo (CGT) sólo una mujer logró llegar a la cúpula. En 2004 cuando Susana Rueda ocupó ese lugar se encontró con que para pasar al baño en el cuarto piso, donde están los secretarios generales, tenía que pedir permiso, atravesar la oficina de Hugo Moyano y pedir prestada la llave. No había baños de mujeres en ese piso. El dato es la expresión de una situación estructural: hoy sólo el 18% de las secretarías, subsecretarías y prosecretarías sindicales son encabezadas por mujeres. Pero de ese 18%, el 74% abordan temáticas consideradas -desde una mirada sexista- “propias de la mujer”, tales como igualdad de género o servicios sociales. Es decir, las organizaciones sindicales tienen a muy pocas mujeres en cargos de jerarquía y toma de decisiones. Se trata de uno de los espacios más resistentes a la infiltración feminista que insiste con desarmar esas desigualdades e inequidades históricas. Por eso quizás no sorprende que en junio, en pleno debate en Diputadxs sobre el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, Hugo Moyano, Héctor Daer, Antonio Caló y Julio Piumato hayan firmado el documento peronista contra el aborto.

El martes 10 de julio de 2018 quedará en la historia: una treintena de referentas feministas se sentó en la mesa ovalada de la CGT con sus pañuelos verdes al cuello, mientras afuera una movilización callejera gritaba casi sin parar: “aborto legal en la obra social”. Fue el mismo día que la discusión sobre el derecho a decidir de las mujeres y personas gestantes comenzaba a tratarse en el Senado con 18 expositores tanto a favor como en contra.

 

La reunión pedida por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito fue motivada luego de una nota del 4 de abril en el diario Clarín donde bajo la volanta “Conflicto en puerta”, titulaban: “Legalización del aborto: gremios de la CGT alertan que las obras sociales no pueden cubrir los costos”. Sin fuentes ni citas directas de quienes estaban atrás de este “alerta”, el artículo señalaba que el consejo directivo de la CGT había pedido una reunión con el ministro de Salud, Adolfo Rubinstein, para plantear que las obras sociales sindicales no estaban en “condiciones de costear las prácticas si la ley fuera aprobada”.

 

Al día siguiente la central obrera respondió con un escueto comunicado: “Acompañaremos la decisión que derive de la votación en el Congreso”. La señal de alerta se trasladó al movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans. Con el antecedente de la carta firmada por Moyano, sumado a que del denominado triunvirato solo Juan Carlos Schmidt se manifestó públicamente sobre el derecho a decidir de las mujeres y personas gestantes; la Campaña activó un pedido de reunión y el pañuelazo en la calle Azopardo.

 

La anfitriona del encuentro, que las recibió con pañuelo verde al cuello, fue Noé Ruiz, Secretaria de igualdad de Oportunidades y Género de la central. La titular de la Asociación de Modelos Argentinas es una de las dos excepciones a la norma en las 37 secretarías dominadas por varones en la central obrera. La otra mujer que llegó a estar al frente de una Secretaría fue Sandra Maiorana, de la Asociación de Médicos, que en 2016 estuvo a cargo de Salud y hoy ya no está más.

Entre la calle y el salón de reuniones del cuarto piso, un grupo de varones del Sindicato Gran Buenos Aires de Trabajadores de Obras Sanitarias ofició de personal de seguridad y controlaron el ingreso de los medios y las activistas. Miraban con atención —y cierta preocupación— cada movimiento de la manifestación que estaba citada para las 12 del mediodía y fue creciendo a medida que avanzaba la tarde.

 

En la reunión, Noé Ruiz desmintió la nota de Clarín y habló de versiones “tergiversadas por los medios”. Elsa Schvartzman, Nina Brugo, Celeste Mac Dougall y Miranda González Martín fueron las representantes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito que asistieron. Dejaron en claro que la obligación de la CGT debería ser posicionarse en favor de la aprobación del proyecto, que ya tiene media sanción, por tratarse de un derecho al acceso a la salud de las trabajadoras.

 

“Fue una reunión muy buena para nosotras. Noé Ruiz nos recibió muy amablemente y nos dijo que éramos todas parte de la misma lucha. Escuchó lo que teníamos para decir. Hablamos de la necesidad garantizar el aborto en todo el sistema de salud y que esto incluye a las obras sociales. La garantía que esté dentro del Plan Médico Obligatorio.

Hablamos sobre la producción de Misoprostol y Mifepristona”, contó a LATFEM Celeste Mac Dougall. También dijo que la sindicalista “se comprometió a tratar todos los temas en la mesa directiva”.

 

Además participaron la diputada Nathalia González Seligra (PTS-FIT); su par Romina del Pla; Ileana Celotto, secretaria general de ADCUBA; Vanina Biasi, delegada de APPUBA y la dirigente Vilma Ripoll, entre otras. La Campaña había invitado a ser parte de ese encuentro a todas las compañeras de centrales sindicales y de comisiones de género que se quisieran sumar. Por lo tanto había mujeres ferroviarias, telefónicas, estatales, docentes, no docentes y aeronáuticas que también tomaron el micrófono y expresaron sus posicionamientos. Afuera, en el pañuelazo, estuvo también Georgina Orellano, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR).

Además del pañuelazo en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, esta acción se replicó en Rosario, en Salta, en Río Negro y en Córdoba. Con media sanción ganada en el medio de una movilización histórica para la política argentina con un millón de personas en las calles y de cara al 8 de agosto, fecha en la que el Senado debatirá en el recinto, el pañuelazo y la reunión en la CGT son la evidencia de que ninguna reacción machista quedará sin respuesta feminista en la Argentina del Ni Una Menos y la marea verde que se expande por toda la región. El feminismo, desde la presencia callejera y la transversalidad política, está logrando algo que parecía imposible: ampliar derechos en tiempos de Cambiemos y sentar a las feministas sindicalista en la mesa de la CGT aunque sea, por el momento, sea para una reunión.