Ocupar la cancha es también tomar su relato. Como toda práctica, es su discurso. El ejercicio es sencillo. Sólo hay que ir a la biblioteca, buscar libros de literatura sobre el universo del fútbol argentino y hacer una enumeración de sus autores. La literatura argentina futbolera tiene un hueco. Un agujero en el que caben todas las memorias, las historias y las ficciones donde mujeres, lesbianas, travestis, trans, no binaries somos protagonistas —personajes, narradorxs, autorxs— de los cuentos, poemas o novelas. Los relatos futboleros circulantes en la literatura si no nos invisibilizan nos ubican como la esposa de enojada porque el tipo se quedó hasta tarde jugando con los amigos, o como las madres de niños que esperan para navidad una pelota, o como las amantes que acompañan a maridos cansados a las canchas, o como las novias a las que ellos tienen que explicarles por qué sienten tanta pasión por un equipo, o como las hijas de futbolistas frustrados, o las adolescentes que tienen que ir a buscar a sus hermanos embarrados de tanto jugar en la plaza del barrio. Somos, para la literatura futbolera, espectadoras de algo que no nos pertenece: ni la pelota ni su relato.

Desmalezar los potreros. Sacar los yuyos para poder patear. Hacerse lugar entre los pibes que juegan. Disputar ese espacio porque no, no podés, salí de acá, marimacho. Patear la bocha y demostrar. La visa del disfrute es la gambeta que tirás y la finta que hacés. Dejarlos de garpe. Boquiabiertos. Ahora sí, quedate. Después, desmalezar los potreros de nuevo, correr a los varones porque queremos jugar y somos un montón. Cuerpo a cuerpo pelear el territorio, la porción de tierra del barrio, los arcos carcomidos por el óxido. Ganar el terreno.

Tomarlo.

Inventar una cancha nueva es también crear su narrativa. Este año, y a pocos días de que empiece el Mundial de Fútbol Femenino en Francia, cuatro libros abordan el fútbol femenino en el país. En abril, en la feria del libro la editorial Planeta presentó la tercera edición de Pelota de Papel. A diferencia de los dos anteriores donde la mayoría de los relatos fueron escritos por futbolistas varones, este último número tiene la particularidad de que todos los cuentos son escritos por mujeres, lesbianas, trans. Futbolistas actuales y ya retiradas, directoras técnicas, periodistas deportivas, ilustradoras y escritoras de distintos países forman parte de este libro, que había tenido su presentación oficial el 8 de marzo en el Teatro Astral. Cuando terminó aquella presentación, en el escenario de la calle Corrientes, todas juntas pidieron Aborto Legal Ya; y gritaron “¡Los vamos a tirar a pelotazos!”, mientras se pasaban el micrófono y la pelota.

 

Peloteo

“Las mujeres siempre tenemos menos tiempo para el ocio, para crear, para pasarlo bien. Dedicamos tres horas más que los hombres, cada día, a cuidar a los hijos y los ancianos y a hacer las tareas domésticas. Y además: las mujeres que se dedican al fútbol en Argentina no viven del fútbol”, dice la periodista Paula Rodríguez, co-editora junto con Juanky Jurado de Pelota de Papel, en la introducción del libro. Justamente algo que después aparece puesto de manifiesto de distintas formas en los 29 relatos que componen el libro. La periodista explica que esta edición funciona como marco actual e historia, aporta relatos y protagonistas y personajes: “El libro surge del contexto actual, de lo que fue el 2018 en relación al fútbol femenino y el movimiento de mujeres. El libro absorbe lo que pasa socialmente”.

 

Presentación de Pelota de Papel en la Feria del Libro

 

En Pelota de Papel 3 se superponen universos. Mandarinas como premios, un director técnico que saca a su equipo cuando entra a jugar una chica, una futbolista con diabetes, una cantante de tangos en el Mundial de México ‘71, la infancia, el exilio y la inmigración, la Ley de matrimonio igualitario y de fertilidad asistida, la rival que se vuelve compañera de vida, una abuela fanática de Boca, Norita Morales de Cortiñas. El libro es una trama que compone con distintas melodías y tonos —a veces en primera persona, a veces en tercera, a veces a modo de ensayo, de denuncia, a veces como reflexión, como cuento, o manifiesto — un mapa del fútbol femenino.

“Nuestra casa es el piso de una eropuerto, las sábanas son nuestras camperas y la almohada, las zapatillas. ¿Por qué?, nos preguntamos. ¿Por qué tanta indiferencia? ¿Qué hicimos mal? ¿Nos merecemos esto? Nos acorrala un sentimiento que amenaza con desplazar la felicidad: la impotencia”, dice en “Lo bailado” la jugadora de la selección de fútbol, Aldana Cometti. Un texto que funciona como revelación de las condiciones en que son tratadas las jugadoras semi-profesionales en Latinoamérica, se entrelaza con el cuento “Todo es lucha” de la futbolista salteña Sofía Rodríguez, que escribe: “El coma diabético fue como esos choques entre dos rivales que te dejan tirada en el piso sin poder levantarte y que nunca esperás que te pasen. Pero duró solo una noche y no estuvo ni una semana en el hospital”. A la hora de presentarlo, la futbolista que ahora juega en Platense contó: “Lo escribí porque cuando me enteré de mi diabetes me puse a googlear y no encontraba nada sobre futbolistas y diabetes. Y quiero que si a alguien también le pasa, lo pueda leer y sepa que no está solo”.  

 

El libro también trae voces de España, Uruguay, Ecuador, Colombia y Brasil para que esa cartografía sea aún más extensa y compleja. “En muchas oportunidades se acordaría de esas niñas suecas que, con nueve años, tenían un uniforme de su tamaño y canchas que las esperaban para jugar. Se acordaría de ellas cada vez que usara una camiseta dos talles más grandes, ya estrenada por hombres, y se le frunciría el ceño. Pero también se acordaría de ellas cuando levantara la cabeza y juntara fuerzas para pasar por todas las aulas de su escuela retrógrada convocando a las niñas para abrir la puerta y salir a correr”, escribe en “Manada”, Juliana Román Lozano. La historia de la directora técnica de La Nuestra se cruza con la de Alba Palacios, la primera jugadora trans federada en España. “Entonces Álvaro se convirtió en Alba. Ya sabía quién era, lo había sabido siempre, pero había llegado el momento de decírselo a los demás. La que ellos veían correr tras el balón era Afrodita, la heroína de Mazinger Z”.

 

Una constelación de libros

Pelota de Papel es más que un libro, es un testimonio de época. Las jugadoras, escritoras e ilustradoras se encuentran y se miran cómplices, saben que comparten esa historia de cabezas de muñeca rodando a falta de pelota para ellas. Este libro es parte de un entramado mayor. A los libros Dueñas de la pelota (El Ateneo, 2014) y Sucias de caucho (Milena Caserola, 2018) se suman, en este mes de mundial, tres libros más: Qué jugadora, de Ayelén Pujol, Guerreras: fútbol, mujeres y poder, de la arquera de la selección Gabriela Garton (Capital Intelectual) y A desalambrar, un libro publicado por Cultura AFA, escrito por Mónica Santino y Néstor Vicente, que cuenta el desarrollo del fútbol femenino en el país y que será distribuido de forma gratuita en las divisiones inferiores de los clubes.

 

 

“La importancia de narrar el fútbol femenino es fundamental porque en el caso del fútbol y de la historia del fútbol se trata de una historia no contada, entonces todo lo que pasa con la literatura en este caso viene a conformar un escenario de una reparación histórica, para un montón de mujeres, para las del pasado y las del presente. Y también con la mirada en el futuro porque muestra que tenemos historia, mártires, lideresas, heroínas, que tenemos modelos. Me parece interesante para las nenas que desean ser futbolistas con libertad y que pueden soñarse protagonistas”, dice la periodista deportiva Ayelén Pujol. En junio, pocos días antes de que empiece el Mundial se publicará su libro Qué jugadora, donde repasa cien años de fútbol femenino en la Argentina y recorre distintas historias, desde Las Pioneras que jugaron el Mundial de 1971 en México hasta llegar a las jugadoras del equipo nacional que viaja a Francia, atravesando la reciente profesionalización del fútbol femenino en el país. “Los relatos dan cuenta de mujeres que amaban el fútbol y lo practicaban en soledad. Eso me hizo preguntar cuántas lo habrán hecho y no se encontraron con nadie y lo dejaron, cuántas nos habremos perdido de conocer, cuántas se habrán quedado en el camino, habrán sido expulsadas”, se pregunta la integrante del equipo Norita Fútbol Club y señala, además, la conjunción que se da en este momento entre lo que pasa en las canchas y lo que pasa en las calles:

—Tomo las palabras de Mónica Santino cuando dice que antes, en algunos sectores del feminismo no aparecía el fútbol entre los derechos a reivindicar, porque estaba considerado como un juego de veintidós boludos; lo que sucedió ahora genera una transformación porque todas ya sabemos: cuantas más somos, más cosas vamos a ganar. Creo que esta cuarta ola avanza y apunta a todos los espacios.

 

“Pensás que no se va a dar y un día se da todo junto”, dice la arquera Gabriela Garton ni bien vuelve de San Luis, donde la Selección nacional jugó el partido despedida antes de viajar al Mundial y donde la tribuna coreó su nombre. Lo dice porque hace unos días se enteró de que es una de las veintitrés convocadas para viajar a Francia y además porque su tesis de maestría devino libro y en junio ya estará a la venta en las librerías con el nombre Guerreras.

“La tesis incluye un recorrido histórico del fútbol femenino para contextualizar esta práctica en un país donde siempre ha sido pensada como un deporte masculino, que construye tradición y masculinidad argentina”, explica la arquera que está haciendo un doctorado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA para seguir profundizando sus estudios de deporte y género.

 

 

La arquera fue parte del plantel de UAI Urquiza, su libro hace foco en la experiencia de las jugadoras de este equipo y de sus trayectorias deportivas, mientras desarrolla un análisis sobre el “marronismo”, el término utilizado por Julio Frydenberg para describir la situación que vivían los varones antes de la profesionalización del fútbol masculino. “Este tipo de condición, el que yo llamo ‘falso amateurismo’ es otra forma de que las jugadoras sobrevivan en el fútbol más que ‘que vivan de’”, explica la arquera, que también hace hincapié en la importancia del fútbol como constructor de la identidad en las jugadoras de este deporte.

 

Desmalezar los potreros para que entremos nosotrxs a una cancha nueva también se hace con palabras, escribiendo la historia que no está escrita, contando las historias que nunca nadie contó en libros.