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La gran pregunta es ¿en qué medida esta nueva sensibilidad contribuyó a modificar imaginarios y representaciones sociales acerca de las desigualdades de género?

Ni Una Menos constituye una consigna y un movimiento que se posicionó en el 2015 con una masiva movilización ciudadana denunciando las alarmantes cifras de femicidios, sus raíces profundas en las jerarquías de género y la necesidad de políticas públicas más efectivas e integrales. Representa una bisagra en la manera en la cual la sociedad argentina se coloca frente a las violencias contra las mujeres. Cambian las sensibilidades, crece el activismo feminista y las marchas y movilizaciones se vuelvan más y más masivas. Incluso los medios de comunicación hegemónicos comienzan a producir algunos mensajes diferentes, con crecimiento en el uso del concepto de femicidio y el de “violencia de género” donde antes sólo había “crimen pasional” o “asesinato”. En el orden de las políticas públicas, el tema comienza a ser más visible y la demanda hacia el Estado, más extendida. Se sanciona una ley para trabajar una vez por año en Jornadas sobre violencia de género en las escuelas, los pasillos y aulas de muchas instituciones educativas exhiben carteles industriales o elaborados por el estudiantado con mensajes sobre violencia contra las mujeres. La gran pregunta es ¿en qué medida esta nueva sensibilidad contribuyó a modificar imaginarios y representaciones sociales acerca de las desigualdades de género?

La gran pregunta es ¿en qué medida esta nueva sensibilidad contribuyó a modificar imaginarios y representaciones sociales acerca de las desigualdades de género?

En 2018, Oxfam presentó Rompiendo moldes, una investigación que analiza las creencias que tienen jóvenes de 15 a 25 años en torno a la violencia y las relaciones de pareja, a partir de una encuesta realizada en ocho países de América Latina y el Caribe: Bolivia, Colombia, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana.

El informe señala una serie de datos que indican la persistencia de una cultura en la cual el machismo está imbuido, tanto en las maneras de construir y pensar las masculinidades como en relación con las feminidades.  

El contexto latinoamericano avanzó mucho en el plano normativo y también tiene adelantos en las políticas de atención a las mujeres víctimas, pero la prevalencia de la violencia continua, y los femicidios siguen siendo una dramática realidad de cada día. Tan solo en 2016, se registraron 1831 asesinatos en 16 países de la región (Oxfam, 2018).

¿Qué ocurre en la Argentina? ¿Con qué datos contamos para observar los imaginarios y representaciones sociales en torno a los vínculos y las identidades de género entre jóvenes? ¿Cómo podemos analizar la información existente?

Como indicador macro, es preciso señalar que desde la primera marcha Ni una menos (el 3 de junio de 2015) hasta el 29 de mayo de 2018 se registraron 871 femicidios y 24 travesticidios en todo el país. El 89% de los femicidios fueron cometidos por hombres del círculo íntimo y conocidos de la víctima. El 31% de las víctimas tenía entre 15 y 25 años. Lo cierto es que mientras los datos duros indican que los femicidios no han disminuido y que la violencia continúa desgarrando las vidas cotidianas de mujeres de todas las edades, no menos cierto es que el feminismo trastocó la sensibilidad de adolescentes y jóvenes y son muchas las experiencias de centros de estudiantes secundarios y universitarios que consolidaron direcciones de género y diversidad. Incluso entre los más pequeños, aparecen manifestaciones como la de un niño de seis años que le dice a su compañerita de curso de la escuela de La Matanza, provincia de Buenos Aires: “Si no fuera por eso de Ni Una Menos, te cago a palos”.

Ni Una Menos abrió la puerta a la militancia feminista como la crisis del 2001 había motivado a cientos de jóvenes a incorporarse en la política al margen de los partidos (o enfoques) clásicos. No obstante, es escasa la investigación producida en el país que aborde las percepciones juveniles acerca de los papeles y jerarquías de género. A partir de un relevamiento (amplio pero no exhaustivo) encontramos un reducido grupo de investigaciones o encuestas puntuales aplicadas a jóvenes antes o después de NUM. Algunas refieren a experiencias sobre violencia, que de manera indirecta permiten dar cuenta de las representaciones sociales, sin ser específicas sobre este punto.

Sexualidad, deseo y poder

Buena parte de los imaginarios que justifican las violencias de género comienzan con la manera en la que se construyen mandatos respecto de la sexualidad masculina y femenina. La investigación realizada por OXFAM indica la fortaleza de un imaginario social según el cual el deseo sexual, tanto como la agencia para la decisión acerca de cuándo tener relaciones parecen ser potestad casi exclusiva de los varones.

  • El 82% de las mujeres jóvenes encuestadas en los ocho países que cubre el informe y el 80% de los varones entre 20 y 25 años cree que los hombres pueden tener relaciones sexuales con quienes quieran, mientras que las mujeres no.
  • El 87% de las mujeres y varones cree que los hombres tienen mayor deseo sexual que las mujeres.

Son imaginarios que trazan fronteras y establecen sanciones sociales para quienes las atraviesen. Son ideas que favorecen, de manera particular, la autonomía masculina, mientras que disciplinan la sexualidad femenina.

En las investigaciones argentinas puede observarse que la “división sexual del deseo” coloca al varón en un rol activo y hasta desenfrenado, y a la mujer como sujeto no deseante (o por lo menos no tanto como el varón). La masturbación también aparece como un comportamiento menos habilitado a las mujeres, que, en opinión de los adolescentes de entre 15 y 19 años entrevistados por Daniel Jones en la ciudad de Trelew (Chubut) las mujeres podrían optar por tener relaciones, en lugar de masturbarse. La idea que subyace es que el deseo sexual masculino resulta incontrolable, y por lo mismo, estarían los varones siempre dispuestos a tener relaciones sexuales.  

La investigación “Jóvenes, relaciones de pareja y malos tratos en el noviazgo”, desarrollada por la Asociación Civil Trama y Iadepp  (2014), da cuenta del modo en el cual entre jóvenes aparece la clásica oposición “puta-ganador”, que indica que si un varón tiene relaciones sexuales con muchas mujeres será celebrado, mientras este comportamiento bastará para descalificar a una mujer, a quien se la considerará como una “puta” (de paso, mostrando una fuerte carga de moralidad no sólo sobre el deseo femenino, también sobre el trabajo sexual). Estas expresiones surgen, de manera particular, mediante investigaciones cualitativas.

Con posterioridad a la marcha NUM de 2015, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires desarrolló la Primera encuesta de percepción de estereotipos e igualdad de género en las escuelas medias de CABA (2016). Ante la afirmación “Los hombres sólo quieren tener sexo”, el 34,3% de las estudiantes mujeres y el 19,3% de los varones está de acuerdo o muy de acuerdo. Por su parte, el estudio “Representaciones de género en comentarios digitales en dos Fan Page de Facebook” realizado con base en las páginas de Oriana Sabatini y Julián Serrano, encuentra que “son escasos los comentarios de los y las seguidoras que permitan advertir que son las mujeres (u Oriana) quienes pueden asumir la agencialidad de la elección y de lo que las conduzca a su propio placer”. Son los hombres quienes eligen, principalmente por su aspecto físico. Las mujeres quedan representadas como objeto de deseo, mientras que los varones como sujeto de deseo (De Piero y Narvaja, 2017).

Estos estereotipos, que colocan a las mujeres en un lugar de relativa pasividad tienen su correlato en la idea extendida según la cual el deseo femenino debería estar sujeto al de los varones. En los países analizados por OXFAM vemos que el 45% de las mujeres y el 65% de los varones (de entre 15 y 19 años) sostienen que “las mujeres se hacen las difíciles, dicen NO, pero en realidad quieren decir SI (15-19).

Los datos recabados en 2016 en la Ciudad de Buenos Aires muestran una tendencia más auspiciosa, quizás por contener ya un impacto de NUM, tal vez por circunscribirse a la ciudad capital. Sólo el 22,7% de las mujeres y el 30,4% de los varones están de acuerdo con esta afirmación. Aun así, casi la mitad de los jóvenes (46,4% de mujeres y 48,6% de varones) consideran que “las mujeres son más histéricas que los hombres”.

De todos modos, con anterioridad a esta fecha, la investigación de Trama mostró que al menos un tercio de jóvenes de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires considera que “si la pareja comienza un juego erótico no tenés derecho a cortarlo”. Las respuestas positivas (total o parcialmente) representaron al 36% de las jóvenes y al 43% de los encuestados.

Un tema crucial es el modo en el cual estas representaciones se transforman en enojos y peleas y abren la puerta a una posible situación violenta. La investigación de OXFAM muestra que más del 60% de los y las jóvenes encuestados señalan que sus parejas se enojan frente a una negativa sexual. En el caso de Argentina, la investigación cualitativa muestra que, en los relatos de las experiencias, los varones aparecen como siempre “disponibles” para la actividad sexual y expresan el enojo del varón a la negativa de la pareja (Trama, 2014):

C: Ustedes decían que se pelean. ¿Por qué se pelean en general las parejas?

M: Por los celos.

M: Porque la chica no quiere algo que él quiere.

C: ¿Por ejemplo? ¿Hablan de tener sexo?

M: Cuando el chabón está caliente y la mina no quiere.

Sin embargo ante la afirmación: “Es normal que tu pareja te obligue a tener relaciones sexuales en alguna ocasión aunque no tengas ganas” el 80% de las mujeres dijo estar en desacuerdo mientras que en el caso de los varones, el desacuerdo es sensiblemente menor: sólo el 38% de los varones lo refiere. Sólo el 4% de las mujeres dijo estar de acuerdo y el 15% de los hombres dijo estar de acuerdo.  Las zonas grises parecen presentarse mucho más entre varones que entre mujeres. En cualquier caso, es evidente que los imaginarios acerca de la sexualidad, favorecen la autonomía masculina frente a la femenina.

Violencias de género

Desde el punto de vista de las representaciones un tema central es en qué medida se reconoce una determinada situación como violencia.  En este sentido, la investigación de Oxfam exploró distintos aspectos, que van desde los imaginarios acerca de la violencia sexual hasta el control de las redes sociales y las comunicaciones de la pareja.

Las formas de maltrato más reconocidas por parte de la población encuestada son los golpes (100%) y los gritos (97%), la desvalorización y la humillación (99%). Sin embargo, la mayoría haría poco o nada si supiera de una situación de violencia. Estos datos coexisten con otros que refieren situaciones y experiencias puntuales.

  • Seis de cada 10 hombres de entre 15 y 19 años piensan que celar es una demostración de amor.
  • 65% cree que cuando una mujer dice “no” a una relación sexual, en realidad quiere decir “sí”.
  • Siete de cada 10 piensan que la responsabilidad de ser manoseadas o acorraladas es de las mujeres por la ropa que usan.
  • 5 de cada 10 mujeres y 6 de cada 10 hombres considera común que un hombre ebrio golpee u obligue a una mujer a tener relaciones sexuales.
  • El 86% de las y los jóvenes refiere que no intervendría si un amigo le pega a su novia.

En el caso de Argentina, el informe de Trama da cuenta del importante reconocimiento de algunas de las manifestaciones de violencia. Ante la afirmación “una amenaza de golpe no es maltratar” la  mayoría responde de manera negativa (79.9%). Quienes más observan las amenazas como violencia son las mujeres (85,2%) mientras que los varones coinciden en esta afirmación en el 71,6%.

Responsabilizar a las mujeres por la violencia que padecen es un canon que también se encuentra en la Argentina. Si bien no se cuenta con información representativa, en la investigación realizada por Trama, un joven refirió el rechazo que supone salir con una chica que vive su sexualidad de manera libre: “una chica que sale con un mini short con el culo al aire, la panza al aire, como trabajadora sexual, creo que para ninguno va a tener buena presencia. Y esa mirada te la da la sociedad, yo no creo que nadie quiera salir al barrio con una piba de la mano con la que estuvieron todos.”

De manera más general, cuando se analizan los comportamientos violentos por parte de un varón, la tendencia es a comprender esta situación como un factor individual y no social. El estudio “Violencia de género. Una realidad en la universidad” realizado por la Universidad Nacional de Córdoba señala que el 47,6% de lxs estudiantes consultados cree que responden a problemas psicológicos, psiquiátricos y características individuales como: locura y consumo de alcohol y drogas.

Otro imaginario extendido que expone OXFAM es: Los hombres deben controlar a las mujeres. Una de las creencias que lo representan es: No es violencia controlar las redes sociales de la pareja. El  65% de las mujeres y el 59% de los varones de entre 15 y 25 años avalan esta creencia. Otra es: No es violencia revisar el celular de sus parejas. El 84% de las mujeres y el 77% de los varones de entre 15 y 24 años creen en este comportamiento. Continuando con el eje del control, OXFAM consulta sobre la creencia de que: No es violencia decirles qué ropa usar. En ese caso el 56% de las mujeres y el 59% de los varones de 20 a 25 años estuvieron de acuerdo.

En la Argentina se observa una tendencia inversa en este punto, en la cual se reconoce la violencia que supone la violación de la intimidad virtual. Siguiendo el informe de Trama, frente a la frase “revisar los mensajes en el celular, correo o Facebook de tu pareja no es grave ni agresivo”, el 60% de jóvenes de ambos sexos se manifestó en desacuerdo (de manera parcial o total). No obstante ello, la práctica se encuentra extendida en la juventud. En la encuesta realizada por el municipio de Tigre en 2011, el 46% de los jóvenes de entre 14 y 20 años y el 43% de las mujeres indican haber sufrido a través del mail, celular o mensajes de texto.

El 43% de las mujeres y el 63% de los varones de entre 15 y 19 años encuestados por Oxfam consideran que “los celos son expresión del amor”. En la Argentina, el 62,9% de los jóvenes respalda total o parcialmente esta afirmación, según el estudio de Trama.

Es escasa la información posterior a NUM en este sentido. Pero la encuesta aplicada en la ciudad de Buenos Aires por parte de la Defensoría del Pueblo (2016) mostró que el 42% de las mujeres y el 48,6% de los hombres respondieron estar de acuerdo con que los celos son una expresión de amor.

En la ciudad de Córdoba, los jóvenes que participaron de grupos focales durante los años 2010 y 2011 desarrollaron una interesante distinción entre celos negativos y positivos. Los primeros implican un avasallamiento a las libertades personales (‘Que te limite verte con algún amigo’) y son rechazados. Los positivos conllevan complicidad, expresión de interés y evidencia de cuidado. Los celos –este tipo de celos- parecen alimentar la autoestima de ambos y confirmar aquello que circula en buena parte de las ficciones amorosas, que reafirman el mito del amor romántico y ofrecen un rasgo erótico a la expresión ‘si te cela, te quiere'”.

Diversidad sexual y genérica

¿Cuáles son los imaginarios sociales en relación con la diversidad sexual y de género? De la patologización a la necesidad de “mantener las prácticas en privado” son muchas las ideas que circulan cuando se piensa sobre la diversidad sexo-genérica.

En los países que participaron del estudio de Oxfam, una aplastante mayoría de jóvenes considera que “No es normal que las personas que nacen con genitales masculinos se vistan como mujeres”. El 74% de las mujeres y el 58% de los varones de entre 15 y 25 años respondieron afirmativamente. Por su parte, el 73% de las mujeres y el 67% de los varones consideran que “las lesbianas no deberían mostrar su orientación sexual en la calle”.

En la Argentina los debates y logros en torno a leyes que ampliaron derechos para la población LGTTBI seguramente contribuyeron a morigerar opiniones y representaciones similares. Sin embargo, los “chistes” o referencias homofóbicas se encuentran relativamente extendidos.

En el estudio dirigido a la adolescentes LGBT (entre 13 y 18 años), realizado en 2016 por la organización 100% Diversidad y Derechos, el 47,3% contestó que escucha siempre las expresiones “Eso es tan gay”, “No seas gay”, “Sos tan gay”.

  • El 67,9% se sintió inseguro en la escuela en el último año por su orientación sexual.
  • El 43,8% de los estudiantes encuestados evita las clases de gimnasia,
  • El 36,3% evita los baños de la escuela,
  • El 27,3% evita espacios de recreación.
  • El 14,2% de los estudiantes LGBT cambiaron de escuela al menos una vez en el último año porque se sentían inseguros o incómodos en la escuela.
  • El 41,4% contestó que sus compañeros no intervienen al escuchar comentarios homofóbicos.
Foto: Facundo Nívolo
Foto: Facundo Nívolo

Más allá de las sensaciones que experimentan lxs estudiantes LGBT en la escuela secundaria, la encuesta indagó sobre prácticas de acoso que les victimizaron y también sobre niveles de reporte de estas prácticas. Se observó entonces que el 72,1% fue acosado verbalmente por su orientación sexual, el 67,8% fue acosado por su expresión de género. El 32,7% fue acosado físicamente por su orientación sexual, el 32,5% fue acosado físicamente por su expresión de género.

El 48,6% de los estudiantes dice nunca haber reportado al personal escolar los incidentes de acoso y ataque. El 53,9% dice nunca haber reportado a su familia los incidentes de acoso y ataque. Lo cual no es casual dado que el 42,7% afirma que es completamente ineficaz la eficacia del personal para actuar sobre el tema. No sólo viven situaciones de discriminación y violencia en su entorno sino que sienten que no tiene a quién acudir.

Lo cierto es que no todo el país muestra pautas similares. En este sentido, los estudiantes de la ciudad de Buenos Aires informaron de niveles más bajos de acoso verbal basada en la orientación sexual (14,6%). Los estudiantes LGBT en la región Nordeste (32,6%) y Noroeste (31,3%) de Argentina reportaron mayores niveles de acoso que los estudiantes LGBT en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de Santa Fe (19,6%) y de la provincia de Buenos Aires (23,2%).

Es interesante señalar que los estudiantes de Santa Fe informaron frecuencias más bajas de acoso y también los niveles más altos de informes para el personal (45,9%).  En cambio, aunque en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires los estudiantes LGBT informaron los niveles más bajos de acoso basados en la orientación sexual, el nivel de reporte es también escaso (15,4%). Los casos más graves son aquellos en los cuales los estudiantes están experimentando mayores niveles de victimización, pero con niveles más bajos de informes, como los del Nordeste del país (25,8%).

La mayor aceptabilidad de la diversidad en la ciudad de Buenos Aires se expresa también a través de la información relevada por la encuesta de la Defensoría del Pueblo CABA.
Ante la afirmación “cuando veo dos chicas de la mano pienso…” el 68,2% de las respuestas que dieron los/as alumnxs fueron de tipo “descriptivas/neutras”. Vale decir, no se emiten juicios de valor sino que se limitan a describir lo que consideraban que implicaba ese gesto (por ejemplo: “que son amigas” o “que son lesbianas”). En el caso de la frase: “cuando veo dos chicos de la mano pienso…”, el 64,8% de las respuestas son descriptivas/neutras y el 20,7% positivas. No obstante, los varones responden en un 72,6% de forma descriptiva/neutra y, en segundo lugar, de manera negativa (12,2%). En las mujeres primero es de forma descriptiva/neutra 54,8% y en segundo lugar, positiva 34,8%.

Provisión y cuidados

El modelo familiar según el cual los hombres debían ser proveedores y las mujeres, amas de casa y cuidadoras principales (cuando no exclusivas) constituyó un patrón extendido durante el siglo XX. La mayor participación laboral femenina, sumada al incremento de sus niveles educativos, sin embargo, transformó las familias y la sociedad en general. Pero la tendencia extendida en todos los países es que (en mayor o menor medida) las mujeres continúan estando a cargo de las tareas de cuidado en una mayoría aplastante. El estudio de OXFAM muestra que la creencia que indica que “Es mejor que el hombre sea el sustento de la familia y la mujer cuide de las y los hijos” está sostenida por el 56% de los varones entre 15 y 19 años y por el 34% de las mujeres. Son ellos, principalmente, quienes permanecen más arraigados a este viejo modelo de división sexual del trabajo.

En la Argentina, la investigación de Trama presenta algunos indicios similares, que subyacen en los imaginarios de varones y mujeres.  Para ellas, un aspecto importante para elegir pareja es su potencial desempeño como ‘proveedor’ y como trabajador.

M: Que tenga mucha plata, que tenga alta casa

M: Lo que no nos gusta es si no estudia, no trabaja, no hace nada.

M: Mantenido

M: Trabajador, que sea responsable

Para los varones, por su parte, parece central que sus parejas garanticen los cuidados y las tareas domésticas, aunque también se admite y espera que sean trabajadoras.

V: En cuanto a la mujer, pusimos ama de casa en general, que sepa limpiar, cocinar. Buena madre también. Trabajadora también.

Ambas referencias coinciden con lo expresado en múltiples investigaciones que muestran que mientras las mujeres han atravesado la frontera del mundo público, participando en el mercado de trabajo, no sucedió lo mismo en el ámbito doméstico. Hoy las representaciones sociales y también las políticas públicas han naturalizado la existencia de un nuevo sujeto social “las mujeres malabaristas”: se ha naturalizado su participación en el mercado laboral pero no por ello se han redistribuido las tareas domésticas (Faur, 2014).

En contrapartida, en la encuesta sobre estereotipos de género de la Defensoría del Pueblo puede observarse que la mayoría de los y las jóvenes indican que tanto varones como mujeres tienen habilidades para realizar tareas de limpieza (62%), cuidar niños/as (53,6%), cocinar (79,5%), hacer las compras (73,2%), cuidar personas mayores (61,1%) y planchar (55,5%). Sólo en el caso de los arreglos de la casa, la mayoría (49,7%) respondió “los varones”, mientras el 40,2% refirió “ambos”.

Comunicación, género y juventud

Las personas referentes de las jóvenes de entre 15 y 25 años encuestadas por Oxfam son:

 

  • Madre
  • Padre
  • hermanas/os
  • amigas/os.

 

Los hombres eligen casi por igual a hermanas/os y amigas/os, con menor incidencia de sus padres y madres.  

En la Argentina, el estudio de Trama da cuenta de resultados similares: “aunque la mayoría prefiere hablar con sus amigxs, algunxs reconocen en sus padres y madres una referencia.” La escuela es la gran ausente. Reconocen un cierto acompañamiento de las instituciones más cercanas y los lugares donde realizan actividades deportivas o culturales. (Trama, 2014).

En las escuelas que comienzan a ofrecer educación sexual integral en la Argentina se observa que la incidencia de la escuela es mayor a la de las familias. Cuando se pregunta a los y las adolescentes con quién hablan de sexualidad, son pocxs los que refieren a sus familias (Faur, 2018; Faur y Lavari, 2018).

Por su parte, según el informe de la OXFAM, en siete de los ocho países analizados (con la excepción de Cuba), los jóvenes entre 20 y 25 años se informan predominantemente por redes sociales. En Argentina, según el informe Chicos conectados, realizado por UNICEF la mayoría de los jóvenes entre 13 y 18 años se informan por Internet, más específicamente en Facebook y Twitter.

En 2015 el 90% de los encuestados vio videos, por ejemplo en Youtube, donde pueden ver videos musicales hasta el contenido de los llamados youtubers. En esta línea, ámbitos que quizás habían perdido seguidores jóvenes intentan llegar a ellos mediante la web, es el caso de los pastores evangélicos como el argentino Dante Gebel quien posee el cuarto canal de Youtube con más suscriptores (“Los 20 pastores más seguidos en las redes sociales”, Boomker magazine, 17-7-16). Al igual que la iglesia de Hillsong, que tiene una fuerte presencia en Youtube, Instagram y Snapchat (“¿Cómo es la iglesia millenial que llegó a la Argentina”, Infobae, 23-8-17). Esta iglesia tenía 135K seguidores en Instagram (consulta: 13 nov 2018).

Estas iglesias (las agrupadas en ACIERA) suelen tener una postura contraria a los derechos sexuales y reproductivos, defienden los roles de género y la familia heteropatriarcal, lo cual quedo expuesto ante el debate por la legalización del aborto y la oposición a la ley de Educación Sexual Integral, por ello es importante observar cómo penetran en lxs jóvenes para entender los estereotipos de género que continúan estando arraigados en ellxs.

Con respecto a la incidencia de los estereotipos de género en jóvenes en televisión, según la encuesta de la Defensoría del Pueblo, el 49,2% de las mujeres encuestadas afirma que los medios de comunicación (TV, redes sociales, diarios, etc.) tratan a las mujeres como cosas, frente al 35,7% de los varones que piensan ello.  Este punto puede tener de ejemplo uno de los resultados del estudio de De Piero y Narvaja (2017) sobre dos actores de televisión, donde se afirma que los comentarios sobre el cuerpo y la belleza (hacen hincapié en la sonrisa de Oriana Sabatini), reafirmando los parámetros de belleza hegemónica y heteronormativos, al igual que la masculinidad hegemónica en él.

Cambios cualitativos

Narrar las representaciones de género de las juventudes argentinas en 2018 resultaría incompleto si omitimos las significativas manifestaciones y experiencias que fueron creciendo año tras año en el país, y se aceleraron, primero, con la movilización NUM, y después, con la militancia por el aborto legal, seguro y gratuito. Son expresiones que, por el momento, no se encuentran cuantificadas, pero que forman parte de crónicas continuas por parte de los medios de comunicación feministas.

Una de las expresiones potentes de este movimiento se refleja en la creación de comisiones de género en escuela secundarias y la contemplación y contención de sexualidades disidentes. En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, casos como el Normal 5, el Nacional Buenos Aires, el colegio Carlos Pellegrini, el Lenguas Vivas, entre otros, han sido emblemáticos, pero no son los únicos.

En la nota “Los días de les estudiantes” Adriana Carrasco describe el proceso del Normal 5 en el suplemento Soy del diario Página/12: “La Comisión de Género del  Normal 5 se formó en marzo de este año y es autónoma respecto del Centro fundado hace más de 30 años y recientemente declarado feminista. La Comisión se comunica en las redes sociales únicamente por Instagram. Julieta Valsan saca la cuenta de les integrantes de la Comisión y detalla su composición, teniendo en cuenta si se trata de adolescentes cisgénero (cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer) o transgénero (cuya identidad de género difiere del sexo asignado al nacer). Cuando hablan de Comisión de Género se presentan de esta manera. “La mayoría en la Comisión somos mujeres cisgénero, hay algunos varones cis y un varón trans. En nuestra escuela, gays y lesbianas son visibles. A algunxs tal vez les cuesta o no quieren demostrar cariño en el ámbito escolar, pero se sabe que están saliendo abiertamente con tal chico o tal chica”.

La escuela acompañó la transición de dos varones trans y permite usar lenguaje inclusivo en las evaluaciones. Lxs estudiantes valoran que lxs profesorxs pongan dinero de su bolsillo para los materiales de ESI “porque el Estado no baja un peso”. El acceso al gabinete psicopedagógico es directo, no necesitan pedir permiso para consultar. No es así en todas las escuelas”. (“Los días de les estudiantes”, Página/12, 21-9-18). En la investigación “Escuelas que enseñan ESI” también se observa una escuela de Neuquén que acompañó la transición de una chica trans (Faur y Lavari, 2018).

Foto: Sol Avena

En consonancia con lo reflejado en las Pruebas Aprender 2017, lxs estudiantes secundarios comenzaron a exigirles a las autoridades escolares la implementación de la ESI y la creación de un Protocolo contra la violencia de género, además de las demandas de siempre como las mejoras en infraestructura, becas, viandas. El debate por la legalización del aborto fue el escenario donde más emergieron las voces jóvenes, irrumpiendo y tomando el discurso político público. Luciana Peker lo describe así:

“Hay una ruptura de género y generacional con el poder político. Las chicas son las que llevan la batuta: las que levantan la voz, las que mandan, marchan, conducen, cantan y piden por ellas en su singularidad vital y libertaria. Son las pibas de pañuelos y puños en alto (…) El boom de la participación adolescente marca una ruptura generacional y mete el dedo en la llaga con la crisis de la política tradicional. Hay que tener 25 años para poder ser diputado/a. Las chicas que toman, mayoritariamente, las calles, los colegios, los subtes, los colectivos, las plazas, las mesas de las familias, las redes sociales, tienen menos de 25 años. O sea: pudieron hablar en el Congreso de la Nación como oradoras (con el destacado discurso de Ofelia Fernández como ejemplo), pero no pueden ser diputadas”   (“La revolución de las hijas”, Página/12, 16-6-18).

Lxs jóvenes también comenzaron a hablar sobre las situaciones de violencia que viven cotidianamente. Hoy los “escraches” a compañeros son una constante en redes sociales y un desafío importante para el mundo adulto y sus modos de abordar situaciones inesperadas. Pero también las denuncias apuntan contra las autoridades y las prácticas institucionalizadas de jerarquías machistas. Un ejemplo fue el de lxs estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires, agrupadxs en el colectivo Mujeres y Disidencias CNBA, que en el acto de graduación leyeron un documento en el que relataban todas las situaciones de acoso que vivieron en la institución.

“Somos un grupo de mujeres y disidencias egresades del turno mañana 2016. Venimos a denunciar la violencia institucional ejercida y avalada por la comunidad educativa hacia nosotres”, así comenzó el discurso.” (“Ya no les tenemos miedo a sus sanciones”, Página/12, 1-10-18)

Durante el último 33 Encuentro Nacional de Mujeres fue mayor la cantidad de mujeres jóvenes que asistió y participó de los talleres y actividades. El artículo de Mariana Iglesias publicado en Clarín refleja un testimonio de una de las estudiantes que participó: “Tatiana Fernández -cuarto año del Nacional Buenos Aires- es una de las 200 estudiantes de CABA que llenan los tres micros de la Coordinadora de Estudiantes de Base, que por primera vez se organiza para ir al ENM. Van pibas del Buenos Aires, del Pellegrini, el Rodolfo Walsh, el Julio Cortázar, el Mariano Acosta, “Las jóvenes fuimos las más radicalizadas en la lucha por la legalización del aborto. Hicimos marchas, pañuelazos, el 90 por ciento de las estudiantes de los secundarios está a favor. Seguimos con esa lucha y ahora le sumamos el cambio de la ley de Educación Sexual Integral para que tenga una perspectiva científica y laica. También queremos protocolos contra la violencia de género y terminar con los códigos de vestimenta machistas”. (“Miles de estudiantes viajan al Encuentro Nacional de Mujeres en Trelew”, 12-10-18).

Medios digitales, como LATFEM y la Revista Anfibia también acompañan la creciente presencia de la juventud feminista.

La potencia de esta proliferación juvenil  pañuelos en alto y convicciones profundas muestra una llama y una luz frente al avance del neoconservadurismo en la región. Pero por lo pronto, carecemos de información cuantitativa que nos permita dimensionar su impacto por fuera de los espacios (redes) y ámbitos en los cuales nos movemos como feministas.

Por otra parte, este año se realizó el encuentro de “Varones antipatriarcales” convocó a 2000 varones en 2018: cuatro veces más que el año anterior. Y una empresa multinacional de cosméticos lanza una campaña audiovisual en redes sociales que busca modificar comportamientos de jóvenes varones frente a las mujeres. Primer spot: un chico de veintitantos años sentado en una moto vocifera (a una chica que no vemos): “¡Estás para el secuestro! ¿Sabés todo lo que te haría?” A su lado, un amigo lo frena. “¡Pará, la estás acosando!” La conversación continúa hasta que el chico admite, baja la cabeza, entiende. Segundo spot: un chico le muestra una foto en el celular a su amigo, preguntándole, preocupado si esa no era la chica con la que… El otro responde orgulloso: “sí, está buena, ¿no?” Nos enteramos que la foto la tomó el que alardea de la belleza de la chica, que circula entre grupos de WhatsApp de amigos sin el consentimiento de ella, que de hecho, pidió a su chico que la borrara. También aquí, es el amigo quien coloca otro punto de vista, explica, deja de naturalizar lo evidente: la violencia simbólica, la cosificación de las mujeres. Tercer spot: un joven le indica a su padre que el modo en el que trata a su mamá es violenta. Que la maltrata y “ningunea” delante de todo el mundo. Que su madre sufre, que eso no está bien. Los spots están dirigidos a varones. Mensajes simples que advierten el acoso, las formas invisibilizadas de la violencia, mientras persiguen detener las complicidades propias de las masculinidades que crecieron a sabiendas de que el mundo del deseo y del placer era habilitado –sobre todo- para ellos. La campaña se acompaña con el hashtag #CambiaElTrato.  Cada uno de estos cortos muestran dos maneras de posicionarse frente a las jerarquías de género: la de la reproducción y la del cambio. Estos spots difícilmente existirían si el tema no formara parte, como nunca antes, de las conversaciones de jóvenes y adolescentes argentinos.

Para finalizar

Es sabido que las transformaciones en el universo cultural sexo-genérico son lentas, pero además polirrítmicas. Coexisten, como en un palimpsesto, miradas revolucionarias y miradas conservadoras y no todos ni todas construyen sus imaginarios en sentidos similares. Sin embargo, hay tendencias que parecen perdurar e indicios de cambios profundos y de nuevas sensibilidades que claman por la profunda transformación de jerarquías de género.

Hoy por hoy resulta indispensable contar con información cuantitativa que permita superar la dictadura de los algoritmos, que nos mantienen en una zona de confort de tipo cultural y político y dimensionar la incidencia que en la Argentina contemporánea tienen las representaciones clásicas de género, las nuevas sensibilidades feministas y el grado de arraigo de los avances fascistas, homofóbicos y sexistas entre los y las jóvenes.

Esta tarea es indispensable no sólo para realizar diagnósticos y análisis más finos, también para repensar las estrategias que permitan continuar avanzando hacia la igualdad y neutralizar el incremento de discursos y prácticas reaccionarios.

Foto: Sol Avena

* La autora agradece la colaboración de Laura Osztust

Foto: Sol Avena