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La Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir acompañan todos los días a muchas de las personas con capacidad de gestar en la decisión de interrumpir sus embarazos, como también las acompañan cuando deciden continuarlos.

Entre correos y mensajitos de WhatsApp se tejen en lo cotidiano derivaciones y acompañamientos que atraviesan rutas, peajes y hasta fronteras. Desde la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir acompañamos todos los días a muchas de las personas con capacidad de gestar en la decisión de interrumpir sus embarazos, como también las acompañamos cuando deciden continuarlos.

La Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir acompañan todos los días a muchas de las personas con capacidad de gestar en la decisión de interrumpir sus embarazos, como también las acompañan cuando deciden continuarlos.

Los mensajes llegan por todos lados: también a través del Facebook de la Red. Las personas piden información y escriben gritos de ayuda, desde distintas geografías. Todas son personas que se vieron expulsadas del sistema de salud. Mucho de lo que hay, en ese sistema de salud (y pensemos, en este) es persecución y denuncia. Una persona sola en su individualidad levanta el dedo y dice #NoCuentenConmigo.

Las chaquetas pulcras en la escalinata de la gobernación de Mendoza enalteciéndose en un  “yo salvo vidas” transmiten una mirada siempre desde la historia personal, individual. Desde una historia  en su mayoría de privilegio, concentrada en su propia subjetividad y en el sálvese quien pueda. Una historia teñida del lenguaje neoliberal, que transforma en héroes o heroínas solitarixs a quienes enfrentan la adversidad, porque son únicos, y no hay que luchar contra la opresión,  hay que ser más, siempre más, a todo costo, parecidxs a ellxs.

A contrapelo de ese mensaje se construye la Red, con la necesidad de lo colectivo como respuesta a todo. Después de cada batalla institucional, de cada acompañamiento cuerpo a cuerpo, de cada derivación insistente, somos unx y somos todxs. Porque no construimos subjetividades heroicas. Porque nos sabemos más de 1000 profesionales de la salud a lo largo y ancho del territorio nacional. Porque en cada gota de libertad que se pone en juego cuando se puede decidir, hay un cuerpo colectivo sosteniendo esa potencia.

Y ese cuerpo colectivo, nunca fuimos lxs profesionales. Ese cuerpo colectivo es el movimiento feminista, que nos hizo mella y después de eso nunca pudimos volver atrás. Cada cual a su tiempo y con su historia, se vio tomadx por esta marea que arrasa todo lo que debe arrasar y construye, a cada paso que da.  Por todo esto, queremos compartir algo de la subjetividad que se pone en juego en nuestro #ContásConNosotrxs

¿Cómo empezaste a acompañar?

Zulema Palma . Médica Feminista. Integrante de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir

En mis primeros años como médica no cuestionaba la penalización del aborto, pero cuando una mujer me consultaba al respecto no la censuraba ni le imponía mis puntos de vista. Es así que en mis más de cuarenta años de práctica de la ginecología he acompañado a muchas mujeres que decidieron interrumpir sus embarazos, tanto en la toma de decisión como asesorándolas en el pre y postaborto, tratando de hacerlo desde lo profesional y lo sororal, con una modalidad que hoy llamaríamos  de consejería y que entonces no tenía nombre.

Me llevó unos años superar lo aprendido en la Facultad de Medicina y lo escuchado y visto durante mi formación en Ginecología, después de “rehabilitarme” de aquello, de reflexionar, de vivir la vida y de escuchar a otras mujeres en Encuentros y espacios feministas pude hacer el “click”,  me di cuenta que las mujeres tenemos derecho a abortar y comencé mi activismo público por el derecho a aborto.

Creo que desde ese momento mejoré mis consejerías “sui generis” y cuando contamos con el Misoprostol, después de aprender a utilizarlo, asesoré y acompañé a muchas mujeres en la realización de sus abortos.

Simultáneamente he contribuido a capacitar profesionales y equipos de salud en el uso del misoprostol y en todo lo relacionado con el derecho al aborto, quienes estaban interesados en cumplir a conciencia con su compromiso de garantizar los derechos de las personas que los consultaban al igual que yo.

Gabriela Luchetti. Ex jefa de  Ginecología del Hospital Castro Rendón de Neuquén y actual docente e investigadora de la facultad de Ciencias Médicas de  la Universidad del Comahue.

Empecé en la residencia viendo más de 4 o 5 mujeres por guardia que habían abortado en condiciones espantosas, a veces decían cómo y a veces no, a mi no me gustaba preguntarles, me daba vergüenza. Me parecía una violación a su intimidad. Pensaba que ya tenían bastante con sentirse horrible por tener dolor, sangrado, fiebre y miedo.

Muchas murieron y muchas otras se fueron sin su útero , con drenajes, con diálisis o estuvieron intubadas en terapia intensiva.

Ese fue el principio de todo y nadie parecía estar muy conmovido. Muchos años después pude pensar y armar todo para que a nadie se le pase por la cabeza interrogarlas o denunciarlas y que todos usemos AMEU, que tengamos registros, que se pueda contar con anticoncepción post aborto.  Después vino mi alianza con Las Revueltas y la liberalización de uso del Artículo 86 del código penal, LMR y el fallo FAL y la historia fue cambiando.

Daniela Dosso. Lic en Trabajo Social. Integrante de  la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir

En el año 2001, en mi formación como residente, fui testiga de los efectos que tiene la falta de una ley  en la atención que se brinda a las mujeres en situación de aborto. La falta de ley producía clandestinidad también dentro de un hospital del Estado: todo lo que no se debería hacer con unx paciente se hacía con “estas mujeres”: se las maltrataba, se las humillaba, no se les realizaba un buen manejo del dolor, hasta se les realizaban legrados sin anestesia. Tortura física, tortura psicológica. Fuimos varias las que no nos dejamos disciplinar por ese terrorismo de estado y elegimos el camino de la rebeldía y la transformación del espacio público de la salud. Sin miedo y con la convicción de que las personas con capacidad de gestar son las únicas con derecho legítimo a decidir sobre su embarazo, fuimos construyendo en los últimos 12 años diferentes respuestas sanitarias que fueron desde las “consejerías pre y post aborto” hasta la provisión de ILE por causales.

Analía Bruno. Médica Generalista. Integrante de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir.

En el año 2003 comencé a trabajar como médica en un CeSAC de la zona sur de CABA donde al sumarme al programa de Salud Sexual y Reproductiva una de mis primeras tareas fue asesorar sobre métodos anticonceptivos. Paralelamente me incorporé a Pañuelos en Rebeldía, un equipo de educadoras y educadores populares y en la militancia de la educación popular llegué al feminismo. En el 2005 nace la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito y Pañuelos en Rebeldía fue una de las organizaciones que estuvo desde el inicio. Por esos tiempos junto a Zulema Palma varias tardes reunidas en su casa investigando, estudiando y dialogando realizamos un folleto sobre uso seguro de misoprostol que fue distribuido en el encuentro nacional de mujeres de Mar del Plata…. Dos caminos que inicialmente parecían separados se fueron retroalimentando y construyendo a la par, por lo tanto me defino como médica feminista y desde esta perspectiva comencé a acompañar a las mujeres para que pudieran interrumpir sus embarazos.

Andrea Berra. Psicóloga. Integrante de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir

Empecé a acompañar desde mi lugar en el centro de salud, atendiendo a mujeres que venían por control del embarazo y en un momento me confiaban con angustia que no querían ese embarazo pero que no tenían opción, que lo iban a seguir como lo habían hecho ya con su anterior embarazo. En ese momento me pregunté : ¿Por qué  la maternidad era la única opción que ofrecíamos desde los servicios de salud? ¿Qué pasaba si ofrecíamos la ILE?

En ese acto apareció el alivio para muchas mujeres que se sentían juzgadas y rechazadas por no querer continuar un embarazo, por los motivos que ellas significaban. Apreció el acceso al aborto como un derecho desde los equipos de salud. Y así construimos la Red!

 

 

Ana Paula Fagioli. Médica Generalista. Feminista. Integrante de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir.

Hubo un momento en que decidí que tenía que acompañar a mujeres en situación de aborto, y digo mujeres porque en esa época me tocó conocerla a ella. No recuerdo su nombre, creo fuertemente que se llamaba Laura. Hospital ramos Mejía, donde me tocó hacer mi ciclo clínico. Durisimo. Obstetricia. No podíamos ni sentarnos en las camas de las mujeres, porque ya teníamos que aprender que “las personas (pacientes para mi en ese momento) tenían sarna”. Ella, 23 años, embarazo deseado pero de un feto anencefálico. La hicieron llegar a término. Si, eso que hoy me parece simplemente una tortura, hacer llegar a término. La hicieron parir. Ella no estaba segura de lo que sucedía, todo fue tan rápido. La escena que quedó grabada en mi retina es medieval: sangre, mucha sangre. Gritos de “dale dale dale puja puja, respira respira”. Forceps y la explicación de su uso, los distintos tipos. Enfermera subida encima de su panza en el momento casi expulsivo, apretando fuertemente esa pequeña mujer. Sus manos atadas porque la fuerza que hacia el ginecólogo era tal que se deslizaba hacia abajo de la camilla. Mucha gente en la sala, cero intimidad. Y yo, atrevida a mirarla a los ojos, sin saber que hacer, le agarre su mano, la mire y le dije ya todo va a terminar. Sin saber lo que empezaba para ella. Le entregaron el feto en una caja, creo que era de galletitas, pero no lo recuerdo bien. Toda la violencia desplegada en un solo cuerpo. Mientras tanto, en la sala de médicos (porque así le dicen) todos hablaban de la técnica, del fórceps, de terminología médica respecto a la anencefalia. Yo quería quedarme con ella. Pero seguí la corriente y fui a la sala de médicos, donde debía estar. No pude sostener esa farsa por mucho tiempo, en silencio casi a escondidas, me fui a verla. Todo lo que pasó entre el abrazo que ambas nos dimos, en mis noches de leer como se inhibe una lactancia, en entender que las tetas llenas de leche que no será tomada, duelen y mucho, en ayudarla con esa información, en llorar y llorar. Visualizar la violencia. Y sentirme  la rara de la clase, por permitirme sentir, emocionarme, empatizar. Todo eso para mi marcó un único camino, acompañar a las personas de forma humana y rebelde era la única forma posible de sobrevivir. Y vivir. Entender que ella podría haber elegido otras opciones, o no, pero que nadie se las había dado. Y así empezó mi camino no solo en la búsqueda del aborto legal, de nuestro derecho a decidir, sino de mostrar otras formas de ser médica.

Paula Botta . Médica Generalista. Integrante de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir de Rosario.

Durante la carrera la exigencia era extrema, y el aprendizaje estaba estrictamente centrado en formarnos como médicas hegemónicas, con poder sobre el cuerpo de lxs pacientes. Durante mi práctica final obligatoria tuve la posibilidad de rotar en un centro de salud con una médica generalista. Y ahí me decidí por esta especialidad.  Comencé la residencia en el 2012 hasta ese momento poco sabía sobre el aborto, sólo lo había leído como una complicación de un embarazo deseado. A las pocas semanas de iniciada mi residencia, mientras realizaba consultorio con mi tutora, llega una chica desesperada que manifestaba que no podía continuar con ese embarazo. En general así llegan las mujeres al sistema de salud, porque saben que la mayoría de las veces es otra barrera en su vida. Sin embargo, este no era el caso. Mi tutora, médica generalista de varios años de experiencia, la contuvo, le explicó el marco legal vigente en nuestro país, el mismo con el que contamos hoy en día, y le ofreció la posibilidad de una interrupción legal del embarazo de forma segura con pastillas. Ese día lo tengo grabado en mi memoria, fue la primera vez que pude ver una práctica centrada en la perspectiva de salud y de derechos, en donde por primera vez no se juzgaba la decisión, no se exponía al riesgo de un aborto clandestino.

Estefanía Cioffi. Médica generalista. Feminista. Integrante de la Red de profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir.

Mi primer acompañamiento fue improvisado, estaba en una salita, en Mar del Plata, haciendo las prácticas de la carrera. Consulta una mujer de unos 28 años, yo tenía 24, porque quería abortar, lo dice entre suspiros, mirando sus manos bien apretadas sobre el escritorio. La médica, de la que yo tenía que aprender le dice “yo no hago eso, voy a averiguar qué días viene la médica que tiene esa información”. Sale del consultorio y yo me digo a mi misma, “rápido Tefi tenes que pasarle el librito de colores antes de que vuelva” y así saco el libro de la mochila, que no había terminado de leer, me lo había prestado una amiga y se lo doy, ni lo dudo. Le digo “acá tenés toda la información y es seguro” y le anoto mi teléfono. Era el libro de lesbianas y feministas. Los ojos de las dos brillaron de complicidad…después le puse nombre: sororidad.

 

 

Clara Noceti. Médica residente de Medicina General. Feminista.  Integrante de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir.

Empecé a acompañar en el 2006. Una amiga muy cercana quedó embarazada y me enteré después de que había llevado a cabo la interrupción. Yo tenía sólo 18 años y mi amiga había decidido no decirme en su momento porque ambas “pensábamos parecido” en relación al tema , creíamos que debía ser legal pero en lo personal no sabíamos si abortaríamos, hasta que ella se encontró con ese deseo. Creo que pude acompañarla en el después, en todo lo que significó en su círculo y en su vida esa decisión. Nunca había sentido el tema tan cerca. Años después, ya estudiando medicina, llegó a mis manos el libro de la línea aborto. Estaba cursando farmacología y me acuerdo que lo llevé a una clase para discutirlo. Era el año 2010 y sólo hacía 2 o 3 años me había empezado a encontrar con el feminismo. Ese libro me hizo revolucionar todas las ideas que tenía hasta el momento sobre quién o quiénes son lxs sujetxs que deciden, que acompañan, que explican, que tienen el saber. Las lesbianas y feministas por la descriminalización del aborto me enseñaron más  que años de mi cabeza inmersa en libros en la plaza houssay. Creo que a partir de ese momento no hubo vuelta atrás. Tiempo después, ya terminando mi carrera, conocí los acompañamientos socorristas. Entendí que había otra manera de generar escucha, y nuevamente fue el movimiento feminista aquel que me lo explicó. Entendí que la respuesta ante todo tenía que ser colectiva. Que cuando se juntaban las personas con capacidad de gestar que querían abortar desaparecía cualquier atisbo de angustia que podría haber estado. Se alivianaba la carga, que en la mayoría de los casos no era por el aborto en sí, sino por su secreto y su criminalización. Algo del feminismo y de la Campaña por el Derecho al Aborto me llevaron entonces a formar parte de la Red de Profesionales de La Salud por el Derecho a Decidir. Y ahí, finalmente, al closet del aborto no volví nunca más.

Nadya Scherbovsky. Médica Generalista.  Integrante de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir de Córdoba.

Empecé a acompañar a personas a abortar cuando una compañera de la organización, de un barrio en el que no militaba y a quien no conocía, se murió por un aborto clandestino. Sabemos que ella había ido a un lugar, le pusieron algo en el útero. Creemos que un tallo de perejil. Y nunca despidió el feto. No sabía de cuantas semanas estaba. Lo que sí sabemos es que no podía seguir adelante con su embarazo. Vivía en una toma de tierras, estaba a cargo de sus 4 hijxs, su pareja se había ido hacía unas semanas. Estaba desesperada y le habían contado que podía ir a ese lugar a resolver su problema. Su mamá no sabía nada, ella siempre dijo que la podría haber ayudado. Pero un día llegó a la guardia en un estado de salud tremendo y ahí mismo se murió. Desde ahí que un grupo de compañeras nos convocamos. En ese momento estábamos estudiando, pero sentíamos que, desde lo político, desde la convicción, desde el feminismo y las pocas herramientas que teníamos algo había que hacer.

Sebastián Crespo. Médico Generalista. Integrante de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir.

El Final es en Donde Parti. Eso que tiene el transcurrir de la vida, el día mi graduación como médico mi última materia fue Medicina Legal y la última pregunta fue ¿En qué situaciones está permitido el Aborto? Año 2009, todavía lejos del Fallo FAL y lo que vino después, me recibí con una pregunta sobre aborto. Por esos años no tenía una posición demasiado elaborada sobre el tema, de hecho los primeros años de la carrera mis miradas eran más cercanas a mi formación secundaria católica.
Empecé la Residencia de Medicina General en el año 2010, motivado por su enfoque integral y porque veía muchas cosas en la carrera que se podían prevenir: “quería  llegar antes”.
Recuerdo el primer impacto de ver un sticker pegado en la pared del estar médico que decía “Aborto, más información menos riesgos” con un número celular. Y esto? Es legal esto? tuve la oportunidad de encontrarme con médicas con perspectiva de género y enfoque de derechos que venían trabajando  en consejerías de reducción de riesgos y daños hacía varios años y que generaron sensibilizaciones (Hoy siendo docente de residentes casi que no hay que hacerlo, gracias al movimiento de mujeres claro está, que corrió todos los umbrales), y en una segunda instancia capacitaciones de cómo acompañar. Al inicio desde un modelo de reducción de riesgos y daños, luego vino el Fallo FAL, el Protocolo ILE y el surgimiento de la Red de Profesionales.
Pero mi primer contacto con una mujer en situación de aborto fue en mi primer guarida como médico graduado, en un Hospital Nacional. Al llegar al pase de la guardia, me tocaba ir al Shock Room  y “pasan ” la cama 1: una chica de 16 años con sepsis por aborto clandestino inseguro. Esto no lo quiero nunca más, pensé.