Por: Fotos: Campaña nacional por el derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito

Este #8M una marea verde inundará las calles de la Ciudad desde Plaza de Mayo al Congreso. Será posible gracias al feminismo y las trabajadoras de la economía popular.

La cooperativa textil “Mestizas: mujeres de máquinas tomar” surgió en el marco del proyecto de salud comunitaria de la organización Seamos Libres. “Volvíamos de un Encuentro Nacional de Mujeres con ganas de trabajar las temáticas de género desde la perspectiva del acceso a la salud”, contaron a LATFEM Julia y Florencia, militantes de la organización. “Entendemos que las mujeres tenemos muchos impedimentos y obstáculos para acceder a derechos que refieren a nuestra salud y, también, que somos las que más circulamos por los servicios de salud porque socialmente se nos da ese lugar de cuidadoras tanto de los hijos e hijas como de los adultos mayores y las personas enfermas”, señalaron. Con ese impulso, y bajo la premisa de abordar la salud desde una perspectiva feminista, popular y comunitaria armaron en 2012 el Colectivo de Salud Comunitaria La Mestiza con sede en el barrio porteño de Mataderos. Cuatro años más tarde, a partir del trabajo con las vecinas, ese colectivo dió origen a una cooperativa textil en la que hoy trabajan y se formaron en oficios una decena de mujeres.

“Desde La Mestiza entendemos la salud como algo integral: la salud no es solo física, no es la ausencia de enfermedad; la salud es también tener un trabajo digno, es psicológica, es política, es económica”, explicó Julia. Desde esa perspectiva, las militantes del Colectivo crearon un espacio destinado a que las vecinas de la zona pudieran encontrarse, conocerse y compartir sus experiencias. “Había una preocupación por tener un trabajo más territorial. Cuando la sala empezó a funcionar, notamos que para las mujeres era un lugar de paso: venían a las jornadas de salud, a las consejerías de pre y post aborto, pero nunca se quedaban más que eso. No se conocían entre sí -a pesar de ser vecinas- ni tenían un espacio en común”, contó Florencia. Frente a esa demanda, convocaron a formar el grupo de mujeres de La Mestiza: salieron a volantear en el barrio, invitaron a las mujeres que iban a la sala, a vecinas y compañeras. “Era un grupo, cada una con sus características, que se encontraban y compartían este espacio en común. Un encuentro de mujeres sin ningún otro objetivo aparente que eso”, dijeron.

Así fue como cada miércoles, comenzaron a juntarse. Compartir unos mates o una cena, ir al teatro o cocinar juntas. Sin importar cuál fuera la cita, lo importante era mantener ese espacio de encuentro y ocio entre pares. A medida que el grupo se fue consolidando se hicieron visibles dos factores: todas estaban en situaciones laborales precarias, violencia y maltratos incluídos, y todas -salvo una- trabajaban en la industria textil. No es casualidad: el 60% de lxs trabajadorxs del sector en Argentina están de manera irregular y la gran mayoría de ellxs son mujeres. Según datos de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) de 2016, sólo en la Ciudad de Buenos Aires unas 25.000 personas trabajan en la informalidad en talleres textiles y otras 5.000 las que lo hacen en condiciones de esclavitud. “Con este panorama, y por la propia necesidad e iniciativa de las compañeras, empezamos a pensar cómo generar una salida laboral propia. Como casi todas tenían experiencia en lo textil se hizo evidente que el camino era por ahí, pero no teníamos idea de cómo hacerlo”, relató Florencia.

Sin embargo, poco a poco, esas mujeres que decían no saber fueron construyendo su propia cooperativa de trabajo. Primero consiguieron la tela, después la máquina, un compañero donó una mesa de corte y se instalaron en el local. Taller en marcha. “Fue algo que surgió sin planificarlo y estuvo buenísimo porque fueron armándolo entre todas, con el desafío que implica construir un espacio de trabajo horizontal, donde las decisiones se toman entre todxs y donde todo se piensa colectivamente”, dice Julia. “Es entender que tu voz vale, que todas podemos opinar y que todas tenemos algo para aportar. Es entender, incluso, que nos podemos equivocar, que nos pueden salir mal mil cosas en el camino, pero son decisiones nuestras y de las que vamos aprendiendo”, agrega.

Hoy, La Mestiza se transformó y amplió como espacio de salud: así nació “Tekoporã. Espacio de salud comunitaria”. “El tekoporã es el buen vivir colectivo, el vivir con belleza,  donde las personas nos reconocemos como parte de un entorno natural y social. El buen vivir  significa que la salud como proceso vital es una dimensión de la que gozamos las personas en equilibrio con nuestro entorno”, definen. Desde el barrio de Mataderos, Tekoporã se propone generar y consolidar un modelo de salud que nos acerque, lejos del modelo expulsivo que violenta por falta de reconocernos.

Y ahora que estamos juntas

“Para mí fue un cambio muy grande: yo trabaja sola y ahora no solo tengo compañeras sino que además tomo mis decisiones con ellas”, contó Bety, costurera y feriante desde hace más de 20 años. Betty llegó a La Mestiza casi por casualidad: le dieron un volante en la plaza y, sin nada que perder, se acercó una tarde al grupo de mujeres. “Me acerqué para no irme más: a mí me cambió la vida. Yo aprendí a quererme, valorarme y respetarme más como mujer y como trabajadora”, sostuvo. Hoy su mayor deseo es que todas puedan vivir 100% de la cooperativa, algo que, confía, “se va a dar porque estamos poniendo todo aunque el contexto no sea el mejor”. Cuando no está dedicada al trabajo de la cooperativa, Betty estudia en el Bachillerato Popular Raymundo Gleyzer de Parque Patricios y participa en las asambleas de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). “Estoy terminando el secundario, aprendiendo cosas nuevas, militando, compartiendo con otrxs. Eran todas cosas que yo ya no pensaba para mi vida”, contó.

Betty recordó el primer viaje al Encuentro Nacional de Mujeres que hicieron con la cooperativa. Dice que nunca se sintió tan libre como en la marcha del Encuentro. Contó orgullosa su participación en las reuniones de la Secretaria de Mujer y Diversidad de la CTEP, en las que a partir de su propio recorrido busca dar a conocer la situación de las trabajadoras de la economía popular y el impacto que el ajuste y la represión tienen sobre ellas. “Me siento muy orgullosa de representar a mis compañeras, y me hace muy bien escuchar las experiencias de otros compañeros y compañeras ahí. Eso me hizo darme cuenta de que no somos la únicas, que somos un montón. Y también me sirvió no solo para saber que hay alguien igual que yo, que vive lo mismo todos los días, sino también para saber que hay alguien que lucha al lado mío”, dijo.

Manuela llegó a La Mestiza buscando información sobre las consejerías de pre y post aborto. “Una de mis hijas quedó embarazada como producto de una violación. Ella decidió que quería abortar y como yo conozco a una compañera de la salita, nos acercamos. La verdad es que no sólo la acompañaron a ella en su decisión sino también a toda la familia. Nos sentíamos muy solos y La Mestiza nos acompañó. Desde ese momento, mantuve el contacto con las chicas y cuando se armó el grupo de mujeres no lo dude”, recordó emocionada. “Me dieron una contención y un espacio que para mí fue muy importante en ese momento. Después surgió lo del taller y la cooperativa y me sumé, pero para mí lo más importante -más allá de lo que pase con ese proyecto- es el grupo que armamos y saber que ya no estoy sola”, contó.

 

Manu admitió que dudó mucho antes de sumarse a la cooperativa. A diferencia del resto, ella no tenía experiencia en la industria textil. Además, tenía miedo de que el trabajo les hiciera perder el espacio de ocio juntas, algo que no estaba dispuesta a resignar.  Manu al principio decía “yo no sé ni cortar, ¿que voy a hacer?”. “Pero fuimos aprendiendo entre todas y entendiendo que cada una tenía algo para aportar. Ella, por ejemplo, tiene muy buen gusto para elegir las telas y los diseños”, contó Betty sobre su compañera. Además de elegir las telas, Manuela cumple otro rol fundamental para el colectivo de trabajo: con más de 20 años dedicados al cuidado de adultos mayores, se convirtió en quien cuida de todas en la cooperativa. “Soy un poco la mamá de todas”, dijo entre risas. “Nosotras somos ante todo un grupo de mujeres. Si el día de mañana tenemos 10 máquinas y la cooperativa es un éxito pero no funciona el grupo,a mí no me interesa. Para mi lo más importante de esta experiencia es el encuentro, después la cooperativa”, aseguró.

El feminismo las cría y la organización popular las amontona

Hace algunas semanas, las compañeras de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito se acercaron a la cooperativa con un pedido: necesitaban pañuelos verdes para la presentación del Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), que se realizó esta semana en el Congreso de la Nación,  y para la marcha del Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans que se llevará a cabo el 8 de marzo. “Sabemos que vivimos un momento especial: la pobreza aumenta terriblemente y nos intentan sacar de las calles cada vez con más violencia; pero vemos cómo se discuten en todos los medios, y ahora también en el Congreso, las reivindicaciones que plantea el movimiento feminista. Y sabemos que es una conquista de la lucha que venimos llevando adelante hace años. Por eso para nosotras es un orgullo inmenso que las compañeras hayan elegido a una cooperativa de la economía popular integrada por mujeres, que nos reconocemos luchadoras, a las que nos empoderó tanto organizarnos en el feminismo”, contaron. Este #8M una marea verde inundará las calles de la Ciudad desde Plaza de Mayo al Congreso. Será posible gracias al feminismo y las trabajadoras de la economía popular.

Este #8M una marea verde inundará las calles de la Ciudad desde Plaza de Mayo al Congreso. Será posible gracias al feminismo y las trabajadoras de la economía popular.