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En el Subte trabajan 3923 personas bajo convenio y 816 son mujeres. Es decir, del total de trabajadorxs, un veinte por ciento son mujeres. De esas 816, 163 son guardas, 134 son conductoras y 10 maniobristas, el puesto más alto en la escala laboral.

Cada año, la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP), el gremio que representa a la mayoría de los trabajadores del subte en Argentina, confecciona un calendario para entregarle a los afiliadxs con algún eje central. En 2016 habían convocado a una artista para que hiciera dibujos sobre hitos del movimiento obrero. En 2017, fueron fotos históricas sobre la construcción del subte. Y para 2018 la elección no tuvo objeción, o al menos, nadie se animó a objetarlo públicamente. El tema de este año es “Las compañeras”, historia de las mujeres en el subte.

El almanaque cuenta, mes a mes, distintos hitos de la lucha de las mujeres debajo de la tierra: batallas y distintos avances que lograron. Pero sobre todo, demuestra que en materia de derechos laborales y sindicales son pioneras con respecto a otros gremios del transporte. Como sostiene la periodista feminista, Luciana Peker, en su libro Mujeres ferroviarias: “El subte es el mejor ejemplo de la participación de la mujer dentro del mundo de transporte, aunque todavía tengan batallas que dar”. Ellas lograron llegar a los puestos más altos dentro de la escala salarial.

Además, las trabajadoras del subte fueron parte del primer paro de mujeres en Argentina en 2016. Aquel 19 de octubre salieron a trabajar con brazaletes negros en repudio del femicidio de Lucía Pérez y la represión en el Encuentro Nacional de Mujeres. También fueron parte fundamental de la huelga internacional de mujeres que se llevó a cabo en 2017 con tareas de articulación y difusión. Y se manifestaron masivamente en las diferentes marchas de Ni Una Menos.

Virginia Bouvet es Secretaria de Organización del sindicato. Ella fue una de las primeras delegadas mujeres en el subte, su primer mandato lo asumió a los 21 años, en 1997. Fue la encargada de confeccionar el almanaque. En diálogo con LATFEM, explicó que “nos pareció un buen momento para hacer visible a las mujeres del Subte, que tanto militaron y militan en sus sectores, en sus líneas y en el sindicato. Buen momento porque Ni Una Menos ayudó a poner en la agenda muchos temas que nos preocupan a nosotras. Quiero decir: los temas no son nuevos, lo novedoso es que en este momento generan debate y eso es porque ahora, a lo que ya existía, se suma cada vez con más fuerza la opinión de las mujeres, nuestras voces”.

Por su parte, Karina Nicoletta, Secretaria de Género del sindicato y conductora de la línea A, explicó a esta portal: “nos parecía importante que la temática estuviera este año en el calendario, sobre todo para visibilizar el trabajo del colectivo de las trabajadoras. Durante todos estos años llevamos adelante a cabo luchas muy simbólicas, logramos ascender a puestos que nos estaban vedados por nuestra condición de género. No podíamos estar en el área de tráfico, sólo podíamos ser boleteras. Queríamos que en este se pudiera visibilizar a las trabajadoras en las diferentes áreas.

En el Subte trabajan 3923 personas bajo convenio y 816 son mujeres. Es decir, del total de trabajadorxs, un veinte por ciento son mujeres. De esas 816, 163 son guardas, 134 son conductoras y 10 maniobristas, el puesto más alto en la escala laboral.

En el Subte trabajan 3923 personas bajo convenio y 816 son mujeres. Es decir, del total de trabajadorxs, un veinte por ciento son mujeres. De esas 816, 163 son guardas, 134 son conductoras y 10 maniobristas, el puesto más alto en la escala laboral.

La lucha de las mujeres en el subte no fue fácil. Recién en 1981, sesenta y ocho años después de su inauguración, ellas pudieron entrar a trabajar bajo tierra. La entonces empresa estatal Subterráneos Buenos Aires—diez años antes de su privatización—contrató a cien mujeres para desempeñar tareas en las líneas A, C y E en los sectores de Boletería y Control de Pasajes.

Claudia Salud es boletera y ex delegada del subte. Publicó el libro “Las Trabajadoras de Subte protagonistas del cambio” de la editorial Desde el Subte. Ella reflexiona: “frecuentemente los empresarios contratan mujeres con ideas basadas en estereotipos creyendo que tenemos una mayor capacidad de paciencia para tareas repetitivas, mejores hábitos de dedicación a otros, mayor honestidad, mejor apariencia física, docilidad y obediencia, tanto para cumplir las órdenes, como para involucrarse menos en actividades sindicales”.

 

Aunque la empresa no lo decía públicamente, las trabajadoras sospechaban que el objetivo de incorporar mujeres tenía que ver con incentivar la baja de salarios, lograr la fragmentación entre lxs trabajadores y la desarticulación de la organización sindical. Pero esos cálculos empresariales fallaron. En 1997 las mujeres querían ascender a la parte de “tráfico”. Es decir, llegar a ser guardas y conductoras. Eso no sólo significaba escalar en términos laborales, sino que implicaba, sobre todo, ganar un salario sustancialmente mejor al que tenían como boleteras.

La convocatoria era pública y visible a través de carteles pegados en las paredes con los requisitos que había que tener para poder ascender. En ningún lugar figuraba el género de quienes podían o no presentarse. Pero estaba implícito que sólo era un trabajo para los varones. Así que la estrategia fue unánime. Las más de cien boleteras presentaron su solicitud. Los jefes no sabían cómo reaccionar. Sabían que no tenían argumentos para no aceptarlas pero estaba instituído que las mujeres no podían bajar a tráfico. Ellas fueron por más y lanzaron un petitorio. Más de mil quinientos compañerxs lo firmaron y a la empresa no le quedó otra opción. Por primera vez en la historia del subterráneo, ochenta y cuatro años desde su inauguración, las mujeres pudieron ascender de categoría y pasar a ser guardas. Seis años después de aquella gesta, una mujer rindió el examen para ser conductora y quedó en el primer puesto: por encima de muchos de sus compañeros varones. El subte hacía historia con su primera conductora.

La pelea por las seis horas en el subte también tuvo su costado machista. Hasta el 2003, lxs trabajadorxs de subte tenían que trabajar ocho horas, pero esto era perjudicial para la salud. En la titánica campaña para que se sancionara el proyecto de ley en la Legislatura, la empresa buscó pegarle en donde más les dolía. Metrovías había anunciado que de hacerse efectiva la ley “implicaría la nulidad automática de todas las relaciones de trabajo vigentes de personal femenino”. Las 300 trabajadoras que tenía el subterráneo en ese momento estaban amenazadas. Tenían miedo que las mujeres desistieran en seguir peleando por la ley, a cambio de conservar su fuente de trabajo. Pero al contrario, lejos de debilitarlas, las fortaleció. Virginia Bouvet y otras compañeras organizaron una reunión para contarle al resto de las compañeras que la amenaza no podía ser efectiva. Que no había ningún impedimento legal, ni siquiera las condiciones de insalubridad por las que bregaban, que hicieran una distinción entre varones y mujeres. Las amenazas de Metrovías eran simplemente intimidaciones para infundirles miedo. Nadie las podía echar por el simple hecho de ser mujeres, tal como lo quería plantear la empresa. A la reunión que se realizó en la estación Callao de la línea D fueron más de 60 mujeres, algo inédito hasta ese momento. Incluso, muchas de ellas jamás habían participado de una asamblea. Virginia temblaba pero rompió el incipiente murmullo.

—A ver compañeras, me parece que nos tenemos que organizar y armar una comisión de mujeres interlíneas—dijo a la multitud.

Todas apoyaron la moción y crearon la Comisión de Mujeres del subte, el germen de lo que después sería la Secretaría de Género en el nuevo sindicato. Bajo el paraguas de la comisión recorrieron despachos de diputadxs y senadores, organismos oficiales y lanzaron numerosas campañas. Una vez más, el resultado fue exitoso: cuando finalmente se sancionaron las seis horas de trabajo no sólo no fueron despedidas sino que se crearon nuevos puestos de trabajo para las mujeres.

Entre las modificaciones planteadas desde el sindicato sobre licencias, en 2016, se logró universalizar la Licencia por enfermedad de hijxs, aumentando de 3 días anuales para la madre trabajadora a 10 días por año para las trabajadoras y, también, para los varones que trabajan en el Subte, promoviendo de esta forma las responsabilidades familiares compartidas.

El actual Secretariado Ejecutivo está integrado por 8 mujeres, dando cumplimiento a la Ley de Cupos. En el cuerpo de delegados actual hay solo 5 delegadas de un total de 87, lo que las convoca a debatir de manera participativa y construir acciones para lograr el avance hacia la paridad en las representaciones. Todas estas historias de peleas y logros conseguidos aparecen en el calendario de 2018 como una síntesis de lo que pasó y un desafío de lo que está por venir.