Por: Fotos: Gentileza Untref

Indagar sobre las sexualidades en las vejeces le permitió analizar las trayectorias vitales femeninas en retrospectiva y se encontró con que “las políticas públicas solo ven a las mujeres como reproductoras”. No se habla de la salud sexual de las mujeres mayores.Es decir, ellas tienen un bonus de años, según la demografía, pero ese bonus para la medicina parece no venir con actividad sexual ni deseo.

Pensar el envejecimiento está repleto de estereotipos tanto o más que aquellos prejuicios que circulan alrededor de los géneros, las clases y la razas; pero rara vez se problematizan estas representaciones. Sin embargo, cada vez más personas llegarán a viejas y vivirán sus vejeces de múltiples formas. Al menos eso es lo que señalan los estudios sobre el tema. En América Latina y el Caribe, en los últimos 50 años, la esperanza de vida aumentó casi 20 años. La demografía evidencia que Argentina se encuentra en el tercer puesto del ranking de países más envejecidos de la región, después de Uruguay y Cuba. Entre 2001 y 2010 el grupo de personas de 80 años y más es el que registró el mayor crecimiento relativo de toda la población argentina.

Y esta tendencia se profundizará en los próximos años en todo el mundo y en la región. En el 2000 la población regional de 60 años y más era de 43 millones de personas, cifra que irá en aumento hacia el año 2025, cuando las personas de edad alcancen los 101,1 millones. Para 2050, la población de esta edad podría llegar a los 186 millones de latinoamericanos y caribeños, según proyecciones del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE).

La idea de “abuelos” es solo un ejemplo de cómo se simplifica y encorseta la diversidad de millones de vejeces. No todos los viejos son abuelos, ni la mayoría son varones. “La vejez es un fenómeno femenino”, dice la psicogerontóloga Mónica Navarro en esta entrevista con LatFem. Su declaración tiene un correlato en las estadísticas: el 10,2 por ciento de la población de Argentina tiene 65 años y más y esta población está compuesta por el 58,53 por ciento de mujeres y el 41,46 por ciento de varones, según la Encuesta Nacional sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores 2012 (ENCaViAM) hecha por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) con la colaboración de la Dirección Nacional de Políticas para Adultos Mayores (DINAPAM) del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. La esperanza de vida de ellas es de siete años más que ellos. Las trayectorias vitales, a medida que pasan los años, son mayoritariamente femeninas. En 2010 había 103 bebés varones menores de 1 año por cada 100 bebas, pero a partir de los 20 años las proporciones de hombres y mujeres se igualan y, a partir de allí, la predominancia de ellas es cada vez fuerte: a los 65 años el índice de masculinidad es de 85, a los 75 años de 70, a los 84 años de 50, a los 90 años de 37 y a los 99 años de sólo 21.

Y, en ese sentido, es necesario aclarar que hablamos de mujeres cis: las viejas trans y travestis son sobrevivientes porque esta población tiene una esperanza de vida recortada, en promedio, a los 32 años producto de la violencia y exclusión social, política, económica estructural y sistemática.

Mónica Navarro hace tres décadas que trabaja con población adulta mayor en instituciones de salud pública, privada y organizaciones civiles. Es directora de la Especialización en Intervención y Gestión Gerontológica de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UnTref). En sus estudios intersecta género, clase y raza pero también edad. Tomó de Donna Haraway la idea de “conocimiento situado” para poder abordar la gerontología con una perspectiva feminista. “Una no mira inocentemente, tiene una posición ideológica, territorial y política. No tengo una mirada objetiva ni desnuda, es construida”, dice sobre ella misma y se nombra como vieja a pesar de que todavía no superó los 65 años, número que -para los Estados- otorga el pase a la tercera edad.

 

 

¿Hay una feminización de la vejez?

Es imposible no pensar lo demográfico. Pareciera que un fenómeno es importante cuando afecta a un número importante de sujetos. La cuestión de vejez y envejecimiento viene en nuestro país y en el mundo muy de la mano de la mirada de la demografía que muestra que va aumentando significativamente. La transición demográfica va dando lugar a que se destaque el grupo de mayores por sobre otros grupos de edad. Y el porcentaje estadístico de mayores tiene una notable mayoría femenina.

La vejez es un fenómeno femenino porque en todas las edades hay una superioridad en número de mujeres sobre varones y a medida que avanza en edad esa superioridad se hace mayor. De hecho, la mayoría de las mujeres que llegan a los 100 años son mujeres. Hay muchas teorías alrededor de por qué las mujeres viven más años y de todas las ideas que circulan ninguna parece dar rigor de verdad. Estamos en el momento de observar este fenómeno y se necesita un abordaje vinculado al género para poder abordarlo, dimensionarlo e interpretarlo. La forma en la que envejecemos varones y mujeres es marcadamente distinta porque el género produce un tipo de vínculo social y relaciones de poder marcadas desigualmente.

Se dice que las mujeres llegamos a más edad pero ese bonus de años los restamos en salud…

En Latinoamérica la pobreza es femenina. Las menores oportunidades de las mujeres a tener bienes económicos impactan en las vejeces. Esa diferencia de accesibilidad es acumulativa: acumulas mayor carga de trabajo por doble o triple de trabajo, mayores desigualdades, mayores factores de riesgo.

Si a lo acumulativo agregas la perspectiva interseccional, esos factores que constituyen desigualdades, en salud, trabajo, bienes culturales, económicos, sexuales, esos factores interactúan entre sí y hay distintas posibilidades de llegar a vieja. Se trata de entender que se envejece diferente porque se es mujer y además que ser mujer provoca un envejecimiento desigual y diferencial.

¿Cómo se está trabajando desde las políticas públicas en Argentina?

Es muy reciente la mirada de género en el envejecimiento. Es un tema muy poco abordado, con escasas investigaciones a nivel internacional. En nuestro país hay desarrollos pero son escasos. Falta tomar conciencia del atravesamiento y la transversalidad real que tiene la cuestión de género en el envejecimiento. Si se toma el Programa Nacional de Envejecimiento Activo y Salud (ProNeas), que depende del Ministerio de Salud de la Nación -y debería ser referente y centinela para pensar el envejecimiento activo-, este Programa no está atravesado por el género.

Cuando se le pide perspectiva de género al Estado lo que te muestran es estadísticas que diferencian varones y mujeres. Sabemos que los desagregados por sexo no hablan del género. A quienes trabajamos en esto nos interesa abordarlo porque requiere políticas públicas específicas y también hace falta que se pueda trabajar en sentido amplio. Por ejemplo, que se puedan abordar masculinidades viejas. Hablar de género sabemos que no es únicamente hablar de mujeres.

¿Cuando no se observa la vejez hay discriminación desde el Estado?

Ser viejo es algo que te va a tocar salvo que te mueras joven. Robert Butler es un médico gerontólogo que fue el que empezó a hablar de “viejismo”. En 1968 acuñó el término aging para hablar de la discriminación por edad. Es un aspecto de discriminación y es tan fuerte la discriminación por edad tanto como por raza y por género.

Otro tema de los que no se habla es sobre viejas y violencia machista…

Es interesante. Hay lugares que se ocupan del tema, algunas dependencias, defensorías. No hay relevamiento estadístico de la prevalencia de la violencia en personas mayores. Hay un grupo de personas mayores dependientes que no viven solas: están a cargo de otras personas o institucionalizados. Y es difícil medir las violencias en esos espacios. La violencia contra lxs viejxs es ejercida por personas cercanas,al igual que la violencia de género. Y es muy difícil que una persona mayor denuncie a un hijo por violencia. Se estima que un 30 por ciento de los casos de violencia de género tiene que ver como personas mayores.

También hay violencia institucional. Hay que pensar que muchas veces están en una situación de indefensión porque son personas dependientes, está reducidas la capacidad de autocuidarse. La violencia en lxs viejxs todos sabemos que existe pero nadie tiene la total seguridad que está siendo bien abordado.

¿Cómo fue tu acercamiento a la perspectiva de género en las vejeces?

Como psicóloga durante muchísimos años escuché al malestar de las mujeres viejas. Eso me llevaba a pensar en cuestiones que no aparecían en las lecturas de género ni en los estudios de la vejez. Demandas que ellas no podían tramitar en los espacios donde pertenecían: el tema de lo performateadas que estamos en relación a la vejez, que las viejas tienen determinados aspectos. La imagen construida del envejecimiento se convierte en un corset.

 

¿Y cómo es esa imagen construida?

La construcción de la vejez es cultural e histórica. No hay vejez biológica, hasta eso es una construcción social. Esa imagen que se construye es primero asexuada: las viejas no deben expresar deseo sexual, no pueden ejercerlo, deben reprimirlo. Eso en el consultorio hierve porque es una demanda tapada por los mandatos culturales pero también por las relaciones sociales. Me acuerdo de una paciente que tenía que hacer un año de duelo por su marido muerto porque así se lo pedía la religión. Hacia muchos años que su marido ya estaba mal y ella lo había acompañado. Sin embargo, tenía que esperar un año más.

También hacer el paso de salir del placard sea la edad que sea es algo que está trabado por la imagen de la vejez que se construye. Sufrimos la opresión de no dar lugar a la expresión de la sexualidad por cuestiones culturales y eso es severo. Las mujeres que no vivieron sus vidas como quisieron acumulan sufrimientos. Ese sufrimiento les ejerció presión y no pueden vivir con libertad a lo largo de su vida.

Otro de los mandatos de la vejez es la obligación de ser “abuelas”, aún si no tienen nietos o nietas…

Exacto. Hay un padecimiento. El único rol habilitado para las viejas es el de abuela. Eso ratifica que hemos sido cuidadoras toda la vida y no podemos dejar de serlo. Los vínculos familiares pasan por esa reciprocidad obligada: tengo que ser la cuidadora principal de mis nietos porque si no está mal visto. Salir de ese lugar trae conflictos familiares.

Por eso, el cambio cultural es importante para que haya posibilidad de vivir la vejez con todas las diferencias que la caracterizan.

Cuidadoras y reproductoras

“Mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen”, dijo Susan Sontag en 1979 para graficar el doble estándar del envejecimiento. Mónica Navarro tiene la linterna académica puesta en su tesis de Doctorado donde investiga sobre la salud y derechos sexuales (no) reproductivos en las adultas mayores. “No solo se puede ver desde el punto de vista de la vulnerabilidad”, señala.

Indagar sobre las sexualidades en las vejeces le permitió analizar las trayectorias vitales femeninas en retrospectiva y se encontró con que “las políticas públicas solo ven a las mujeres como reproductoras”. No se habla de la salud sexual de las mujeres mayores.Es decir, ellas tienen un bonus de años, según la demografía, pero ese bonus para la medicina parece no venir con actividad sexual ni deseo.

Indagar sobre las sexualidades en las vejeces le permitió analizar las trayectorias vitales femeninas en retrospectiva y se encontró con que “las políticas públicas solo ven a las mujeres como reproductoras”. No se habla de la salud sexual de las mujeres mayores.Es decir, ellas tienen un bonus de años, según la demografía, pero ese bonus para la medicina parece no venir con actividad sexual ni deseo. “Desde que dejamos de reproducirnos hasta que la expectativa de vida nos marca tenemos 30 años y en todas esas décadas no sos la misma. Las mujeres mayores no somos un homogéneo y se vive de distintas maneras”, dice.

Hablás de sexualidad y vejez, ¿no hay riesgos que se pueda volver un mandato la sexualidad, si se piensa en los efectos de píldoras como el viagra?

Hay un flujo económico hacia la vejez. Para las mujeres cremas de tratamiento. Y todo un mercado heteronormativamente dirigido a prolongar la sexualidad de los varones.

Nos falta la charla previa que es sexualidades. La posibilidad de elegir cómo quiero vivirla porque la sexualidad está ahí pulsando. Después estamos en condiciones de hablar si es un mandato o no, pero estamos un paso atrás.

Las mujeres tienen miedo a hablar que se masturban o a masturbarse por miedo a despertar el deseo y es un problema. Hay muchas viudas durante mucho tiempo y tienen incorporado que las mujeres viejas somos menos vistosas, que tienen menos posibilidades de conseguir pareja. Todas construcciones culturales.

¿Hay un reconocimiento de las vejeces dentro de los feminismos?

Entrevisto a feministas viejas y se nombran a ellas mismas como feministas, no como viejas.

Las militantes feministas mayores no tienen procesado del todo ser viejas. Hay mucha inquietud, en los encuentros de mujeres las mujeres vieja.

A medida que vamos envejeciendo aquellas que estuvimos atravesadas vamos a ir trayecto más inestabilidad a las formas fijas de pensar la vejez. Estas formas y desigualdades tienen un peso muy fuerte en las clases sociales. Y tampoco hay demasiadas investigaciones sobre esto.

¿Qué avances observas en torno a la temática y cuáles son los desafíos?

Se está hablando de sexualidades y vejez. A veces se habla desde la risa y desde el estigma sin pensar que los seres humanos somos seres sexuales desde toda la vida.

Hay que construir imágenes de la vejez más amables para que la gente tenga menos miedo a aquello que el mercado propone que es no parecer ambiguo ni pobre ni viejo, cerrar la puerta a las identidades. La mercantilización de la vida nos ofrece productos para comprar y permanecer al mercado, mostrar lo que el sistema quiere ver y negar lo que somos.

Hablás de vos misma como vieja, ¿Por qué?

Uso la palabra viejas porque no la uso con intención de discriminación. No tengo miedo a esa palabra. Es nombrar a las cosas sin sesgo. Yo me incluyo porque me parece desafiante. Tengo 54 años y me nombro mayor sin serlo porque es desafiante: los problemas los tenemos cuando nos aterran ciertos estigmas.  Me nombro en aquello que construyo e investigo porque también estoy haciendo un trabajo para mí misma. Es una construcción política. Tengo la intención de llevar el tema donde no es esperado. Y eso es parte de mi producción, investigación y militancia.