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Cristian Aldana fue embargado por 2.500.000 pesos y está detenido en prisión preventiva en el penal de Marcos Paz, procesado por el delito de abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante y corrupción de menores. El tribunal que lo juzga está compuesto por lxs jueces Rodolfo Bustos Lambert, Ana Dieta de Herrero y Rodolfo Goerner. Aldana podría recibir una condena de 20 años. Los abusos ocurrieron entre 1999 y 2010. Las denunciantes son mujeres jóvenes, menores de edad en la mayoría de las historias, que se acercaban al acusado por su condición de seguidoras de la banda en cuestión, reconocida por dirigirse al público adolescente antisistema, evocando una vida libre de ataduras morales, económicas, políticas.

Cristian Aldana se lanza al suelo y llora con ruido. El hombre de 47 años patalea en el piso. Es otro mediodía en el TOC N°25 y una testigo está declarando en su contra. Mientrás cuenta cómo abusó de ella; el músico monta un espectáculo para todxs lxs presentes. Pocos días antes había avisado, a través de las redes sociales de su banda “El Otro Yo”, que realizaría una huelga de hambre en protesta por la injusticia a la que está sometido en el proceso de su juzgamiento. “No voy a rendirme ante la dictadura judicial”, declaró en uno de los mensajes. Su dolor, según expresa, proviene de la cruzada contra músicos independientes que desafiaron al sistema capitalista con su obra. En el Tribunal, lo expresa en forma de llanto y bufidos cada vez que alguien declara. Con su performance, Cristian Aldana está intentando invertir los roles, y así, convertirse él en una víctima.

Aún antes del comienzo del debate oral, cuando las acusaciones adquirieron carácter público, el músico negó todo aquello que se le imputó. Contra todo sentido común -el material que prueba sus vínculos con varias de sus denunciantes puede encontrarse fácilmente en Internet-; desconoce haber visto alguna vez a la mayoría de ellas, y los actos que se le achacan en aquellas relaciones que no puede negar. Si bien alegar persecución fue desde el comienzo la base de su estrategia, en las últimas audiencias la defensa dio otra vuelta de tuerca: ahora buscan construir a Cristian Aldana como una presa del feminismo más mercenario.

Todos los martes y jueves, en los tribunales porteños, los relatos en las voces de quienes lo denuncian se repiten. Julieta declaró en una de las últimas audiencias en contra del imputado. “Utilizan herramientas como el hostigamiento, la intromisión en la intimidad de las denunciantes y los intentos de crear confusión para dar cuenta de lo que ellos sostienen es una “guerra sexista desquiciada (sic) que tiene a su defendido como trofeo”, explica Julieta.

El defensor de Aldana, Rodolfo Patiño, fue sancionado en varias ocasiones por parte del Tribunal por incumplir las normas del proceso. Además de generar polémicas dentro de la sala por las preguntas que realiza a quienes declaran -de tinte morboso, revictimizante y con clara voluntad de desviar el foco del relato-, denuncia una y otra vez una organización superior que tiene como único fin afectar a su cliente. “Al carecer de argumentos verídicos para demostrar su inocencia, buscan crear un escenario donde las víctimas pasamos a ser las culpables”, analiza Julieta.

¿De dónde surge la estrategia de Cristian Aldana por declararse víctima de una supuesta secta de feministas obsesionadas con arruinar su vida? Por descabellado que parezca, el músico apela a la complicidad machista: aún existen resistencias para reconocer sus actos como delitos, para trasladar la responsabilidad del abuso al victimario y quitársela a la sobreviviente, por reconocer la agencia de las mujeres y las disidencias por enunciar sus experiencias en sus términos, denunciarlas y romper los círculos de silencios impuestos.

Con cada mensaje que emite Aldana en sus redes sociales, aparece un grupo de seguidorxs que se alinea con sus declaraciones. Sin ir más lejos, su último mensaje público estuvo orientado a condenar los “escraches” a músicos, expresando su solidaridad con los miembros de la banda Onda Vaga, cuyo WordPress de denuncias públicas ya supera los 40 testimonios por acoso y abuso. Aldana sabe -porque habitó la escena musical por décadas- que las violencias en el ámbito se sustentaron desde siempre por redes de complicidades.

Sin embargo, el movimiento feminista continúa dando la batalla en el espacio público y dentro de los Tribunales para sentar precedentes en estas historias. Bajo la consigna de “Ya no nos callamos más”, las mujeres, lesbianas, travestis y trans inauguraron una nueva etapa en la visibilización de las violencias que tiene como eje la repartición de culpas y responsabilidades; históricamente atribuidas a las sobrevivientes o víctimas fatales. Y que cambió la vara de la tolerencia a determinadas violencias que estaban naturalizadas. Es por esto que, por más que Cristian Aldana y su defensa renueven los recursos para forzar la vuelta a las categorías de culpabilidad y responsabilización, al menos en esta causa, su fracaso se hace evidente. De acuerdo a la abogada de una de las denunciantes, el músico podría ser condenado con hasta 20 años de prisión.

La Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM), a cargo de Mariela Labozzeta, fue el organismo que formalizó las cuatro denuncias iniciales, a las que se sumaron tres más.

“Este juicio es histórico y sienta un precedente importantísimo”, concluye Julieta. “Se le terminó la impunidad a los abusadores: con cada paso que damos la visibilización de la violencias, se empieza a romper con la normalización del abuso en la cultura del rock”. Y así, también, con los argumentos de quienes lo defendieron históricamente.

Cristian Aldana fue embargado por 2.500.000 pesos y está detenido en prisión preventiva en el penal de Marcos Paz, procesado por el delito de abuso sexual con acceso carnal gravemente ultrajante y corrupción de menores. El tribunal que lo juzga está compuesto por lxs jueces Rodolfo Bustos Lambert, Ana Dieta de Herrero y Rodolfo Goerner. Aldana podría recibir una condena de 20 años. Los abusos ocurrieron entre 1999 y 2010. Las denunciantes son mujeres jóvenes, menores de edad en la mayoría de las historias, que se acercaban al acusado por su condición de seguidoras de la banda en cuestión, reconocida por dirigirse al público adolescente antisistema, evocando una vida libre de ataduras morales, económicas, políticas.