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El guión de Vollenweider explica el mundo a partir de una sola vida. El sentido de la intimidad expuesta en la literatura es raspar los momentos donde la pequeña vida se evidencia como nudo de un entramado social. No se trata, en este caso, de una autoficción donde el yo se revela o confiesa manías y sus variados condicionamientos, tampoco donde se expone el absurdo de la vida para una mujer joven, burguesa. No hay grandilocuencia de las cosas mundanas ni desmesura, obscenidad o banalización de la propia existencia; en este relato autora y narradora se van contando la propia historia, se la van apropiando.

Notas al Pie es un libro de historieta escrito y dibujado por Nacha Vollenweider, licenciada en Pintura y Maestra en Arte. El libro, publicado por Maten al mensajero, es una obra hija de su época. Cada nota al pie que se desprende de la memoria y la imaginación de la narradora mientras viaja en tren reconstruye una madeja histórica que explica el presente. Una historieta con tanto movimiento interno que las lectoras no podemos creer que sea un libro y no la vida misma.

El guión de Vollenweider explica el mundo a partir de una sola vida. El sentido de la intimidad expuesta en la literatura es raspar los momentos donde la pequeña vida se evidencia como nudo de un entramado social. No se trata, en este caso, de una autoficción donde el yo se revela o confiesa manías y sus variados condicionamientos, tampoco donde se expone el absurdo de la vida para una mujer joven, burguesa. No hay grandilocuencia de las cosas mundanas ni desmesura, obscenidad o banalización de la propia existencia; en este relato autora y narradora se van contando la propia historia, se la van apropiando.

El guión de Vollenweider explica el mundo a partir de una sola vida. El sentido de la intimidad expuesta en la literatura es raspar los momentos donde la pequeña vida se evidencia como nudo de un entramado social. No se trata, en este caso, de una autoficción donde el yo se revela o confiesa manías y sus variados condicionamientos, tampoco donde se expone el absurdo de la vida para una mujer joven, burguesa. No hay grandilocuencia de las cosas mundanas ni desmesura, obscenidad o banalización de la propia existencia; en este relato autora y narradora se van contando la propia historia, se la van apropiando.

En la apropiación del propio relato no hay inocencia alguna. Hay elecciones de qué y cómo narrase. Y es en estas elecciones que reside la contemporaneidad de este texto, así como en ese montaje radica su politicidad. No hay sin embargo, al ras del relato, una voluntad reivindicativa de banderías políticas, sino la naturalización de un estado de inquietud respecto al contexto, respecto a las tramas del contexto, de cómo lo que se ve y lo que se vive nos reenvía a otras escrituras, otras memorias, como en las notas al pie en cualquier texto.

Así se transita por diversos macrotemas, la memoria de lxs detenidxs desaparecidxs de la última dictadura militar argentina, la vida tradicional de pueblo, la domesticidad, la historia de las Madres de Plaza de Mayo, la vida lesbiana, la extranjería de una sudamericana en Europa, las estrategias para sobrevivir siendo la Otra, la justicia social del Peronismo y el amor como modo de armarse una pequeña comunidad de sobrevivientes. Lo más destacado, quizás, sea la óptica para pensar así la historia reciente y el presente desde la perspectiva del exilio, de constituirse como Otra para alguien.

Pensarse y representarse desde lo otro, pensar el tango desde Berlín, comparar a París con la Pampa, como hacía Mansilla. Esta distancia donde se nos permite pensar, habilita un dejo de ironía, por ejemplo: durante el viaje en tren por Alemania la narradora nos reenvía a la historia de los ferrocarriles en la Argentina: “a los nuestros los trajeron los ingleses, traían el progreso”, dice debajo del dibujo de carteles de estaciones donde Lugano se mezcla con Herlitzka, Boulogne con Grunbein. En el contexto de un libro con perspectiva crítica “traían el progreso”, sólo puede ser una figura retórica, la ironía. Pero no es lo que abunda, lo que sobresale es una interpretación histórica amororsa y nada cínica.

Esta mirada alejada pero que intenta a cada paso poner en vínculo lo personal con lo histórico social es la que le permite a la autora dibujar a Videla. O le permite contar que con las casas compradas con crédito para viviendas durante el primer peronismo venían de regalo dos enanos de jardín. O relacionar a los refugiados contemporáneos en Europa con la llegada de inmigrantes a la Argentina. O hacer mención a “la heimweh”, una enfermedad suiza que sería algo así como la nostalgia.
Se ha dicho que en el cuento Nota al pie (1964) de Rodolfo Walsh, las notas al pie que toman el relato son el avance de la voz del pueblo sobre el centro del texto; en el libro de Nacha, encontramos que las notas al pie son la retícula que da cuerpo a la propia narración de esta mujer joven, las notas al pie comienzan siendo el centro mismo del relato. Si las mujeres y nuestros modos de pensar la historia han sido históricamente un apartado al pie de página, un suplemento, o capítulo de un libro de la historia general, de la literatura, este libro es hijo de una época donde aquellas existencias materiales y mironas que somos no temen ya el descrédito, asumimos nuestra minoridad, nuestra escritura como nota al pie y empezamos a contarnos desde ahí, sin pedir permiso, haciendo de estas llamaditas el hueso, el tronco del texto, sin el cual todo el bosque no podría ni mencionarse.