Desde el 26 de enero, Giselle Santana repite una frase casi como un mantra: “Desde que te levantás hasta que te acostás, el INTI está”. Lo dice en cada espacio, en cada acto y ante cada micrófono. Giselle es secretaria gremial de ATE en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial y es una de las mujeres que encabeza la lucha por los 256 trabajadorxs despedidxs que aún continúan en un acampe en el predio de San Martín. Pero sobre todo, es quien grita a los cuatro vientos que el Instituto estatal está siendo desmantelado y que, aunque no parezca, es vital para la vida cotidiana. Es tan literal que bastan algunos ejemplos para entenderlo.  El INTI es el ente que controla y certifica productos industriales, nacionales o importados. Si unx se levanta y toma una botella de agua, es el INTI el que certifica que esa botella no desprenda productos químicos que puedan contaminar el agua. Si unx le da la mamadera a su hijx, esa tetina está certificada. Incluso los juguetes. Si unx manjea un auto, o construye una casa, las autopartes y los ladrillos tienen el visto bueno del Instituto. El INTI es también el custodio de los patrones nacionales de medida. Si alguien vende o compra un kilo de papa es porque esa balanza está certificada. Eso, llevado a una escala nacional, hace que las exportaciones y las importaciones tengan su justa medida y no haya un fraude. Gracias al INTI sabemos que cuando cargamos un tanque de nafta el contenido es el que indica el medidor y que cuando consumimos energía eléctirca y gas están en su justo calibre. Todo eso hace el INTI y por eso es tan grave la política de despidos y desmantelamiento.

“Se creó en el año 1957 con el objetivo de promover la industria nacional. Fue creciendo  en relación con eso el desarrollo tecnológico. Llegó a haber cerca de 3200 trabajadorxs en todo el país hasta el 26 de enero”, explica Giselle, en medio de reuniones con industriales, con gente del sindicato, con sus compañeros. Desde el 26 de enero su vida cambió 180 grados. Durante dos meses estuvo acampando en el predio y fue una de las voceras más reconocidas. Sufrió aprietes y un “curioso” robo en su casa que denunció públicamente como amedrentamiento. Sólo se llevaron un celular y su computadora personal. Pero el dato que llamó la atención fue que los “ladrones” entraron la única noche que había vuelto a su casa después de veinte días de no pisarla.

Entre los despidos hubo igual cantidad de mujeres y varones, algo que refleja la paridad que existe entre lxs trabajadorxs. Pero eso tampoco es casual. En el Instituto existe desde hace 40 años un jardín de infantes casi inédito en otros organismos. Los chicxs pueden ir desde los 45 días hasta los 5 años. Queda en el mismo predio de San Martín y la jornada es la misma que la laboral, de 8 horas. “Esto fue clave para la incorporación de mujeres en los puestos laborales porque es algo casi excepcional que permitió a un montón de mujeres poder insertarse en un campo laboral que en general es dominado por los varones. O sea, la existencia del jardín permitió la incorporación de mujeres al INTI y que seamos pares”. Y por supuesto, desde que comenzaron los despidos, las autoridades anunciaron extraoficialmente que el objetivo es cerrar el año que viene la sala de cinco y la de cuatro. “Los despidos fueron un golpe peor para las mujeres porque además de perder el trabajo perdieron la vacante de sus hijxs en el jardín. Al trauma de quedarse sin laburo se le suma el drama de cambiar a los chicos de jardín, en una época del año en donde solo podían llevarlo a una escuela privada porque cuando ocurrieron los despidos ya no había vacantes: fue muy duro para las compañeras”. Y sobre todo, les será mucho más difícil reinsertarse laboralmente a las mujeres que a los varones que además de la búsqueda de trabajo deberán hacer que eso coincida con una jornada extendida para sus hijxs. Un combo que muchas veces termina siendo imposible, lo que lleva a que se genere la tan famosa brecha salarial.

Desde que comenzó la lucha por las reincorporaciones se lograron algunas, pero por vía judicial. Giselle reconoce que el panorama es duro y que la patronal no sólo no negocia sino que va por más. “El objetivo de ellos es privatizar el INTI. Ya lo empezaron a hacer de forma sutil. Por ejemplo, en metrología legal el Instituto tenía la exclusividad de medición. El año pasado modificaron el decreto y dijeron que eso lo podía hacer cualquier otro laboratorio público o privado. Entonces le dan esas tareas a empresas amigas y con un INTI en conflicto, paralizado y militarizado los usuarios salen expulsados. O sea, nos van sacando competencias y eso tiene una única razón. Que el Estado deje de regular la industria nacional”.

Hoy el acampe continúa aunque de manera reducida. Hay 9 trabajadores y una trabajadora que están viviendo en uno de los edificios. Si salen, no pueden volver a entrar. Armaron un emprendimiento gastronómico: venden café y algunas galletitas al resto de los trabajadorxs y así sortean la toma pacífica. “Es muy duro ver a los compañerxs que están literalmente viviendo en el predio. Es un conflicto que no sabemos cómo se va a resolver pero sabemos que contamos con el apoyo de muchos gremios, de industriales y de una gran parte de la sociedad que entiende nuestro reclamo”.