Por: Fotos: Archivo Hasenberg-Quaretti

  Ha aparecido en la historia de América Latina una nueva Era para la mujer (…) han surgido dos   movimientos emancipadores, llamados feminismo y socialismo.

                                                 Luis Recabarren, La Mujer y su educación, El Socialista, 1916

              La labor profesional de Luis Vitale (1927-2010) se definió por su actividad como investigador, escritor y docente. A este historiador argentino- chileno cabe presentarlo, si bien su producción ensayística como su compromiso militante e intelectual con el trotskismo y el feminismo dan créditos de su frondosa trayectoria. Como era su costumbre participó con intensidad en una diversidad de frentes obreros de la región sur. Además, fue autor de innumerables investigaciones en torno a las luchas de los trabajadores formales y sindicalizados, pueblos originarios, campesinos, estudiantes, mujeres, precursores del pensamiento marxista, los procesos revolucionarios y el marxismo crítico en América Latina y el Caribe. También, se dedicó a la docencia universitaria en Chile, Venezuela, Alemania y Argentina. Tras la dictadura militar de Augusto Pinochet, en 1973, fue detenido y torturado en campos de concentración. Un año más tarde, se asiló en Hamburgo y tiempo después en Caracas.

Hacia 1986 se instaló, de manera provisoria, en la ciudad de Buenos Aires. Durante los febriles ochentas, Vitale se abocó de lleno a investigar y a escribir sobre el feminismo pero también a activar junto con figuras del movimiento: la escritora y editora Mirta Henault, la investigadora argentino-cubana Isabel Larguía y la fundadora de la histórica agrupación La Comisión por el Derecho al Aborto (CDA) la abogada Dora Coledesky. Los primeros grupos y espacios feministas se estaban multiplicando en esas avenidas porteñas que se abrían con la transición democrática y con el clima de las urgencias para reencauzar las instituciones y, a la vez, las demandas de un nuevo compromiso social. Aún, a las feministas les resultaba extraño el interés por parte de un varón a la causa. El expreso deseo de este historiador de abogar por las reivindicaciones de las mujeres estuvo motivado por la estrecha afinidad que mantuvo con las chilenas, argentinas, uruguayas y brasileñas en su prolongado y forzado exilio. Este fue un destino compartido por toda una generación del continente comprometida con los procesos revolucionarios del cono sur. Por cierto, su condición de refugiado provocó fisuras importantes en su concepción del mundo y de la política, como a tantísimos militantes de  diferentes estirpes. De esta manera, se familiarizó con las lecturas feministas en países del Norte donde los movimientos disponían de una reputación ascendente. Además esas experiencias lo habilitaron para reflexionar y evaluar sobre sus prácticas políticas anteriores como para dialogar con agrupaciones afines y con otros movimientos.

Pese a ello, Vitale fue un visionario: a partir de 1959 comenzó a registrar un caudal de de históricas luchas de mujeres a lo largo de nuestro continente. Las razones que lo encaminaron a franquear esas puertas se desconocen. Hacia 1981, con una mirada no sexista de la historiografía, redactó un primer borrador. Luego de discutirlo con feministas europeas y latinoamericanas en Barcelona, lanzó su primer ensayo Historia y sociología de la mujer latinoamericana, publicado por la editorial Fontamara. A continuación, nuevos estudios llevados a cabo en Cuba, República Dominicana, Venezuela, Colombia, México lo motivaron a editar, en Buenos Aires, La mitad invisible de la Historia. El protagonismo social de la mujer latinoamericana (Vitale, 1987). En palabras de Dora Barrancos: “En esos años vieron la luz aportes de un mayor aliento historiográfico. El primero de ellos no estaba sólo referido a las mujeres en la Argentina sino en América Latina y se debió a Luis Vitale” (Barrancos, 2006).

En simultáneo, colaboró en distintos medios gráficos que surgían en esa etapa entusiasta por alcanzar lo posible y más también. Así, intervino con numerosos artículos en el Suplemento “La Mujer”, bajo la dirección de la editora y escritora María Moreno, del diario Tiempo Argentino. También en la revista Todo es Historia, dirigida por Félix Luna, mediante su estrecha amistad con otra figura notable del periodismo de investigación y ensayista, el socialista Emilio Corbiére. Entre 1984 a 1986, participó en los debates de la revista Praxis, co-dirigida por el historiador-archivista Horacio Tarcus. Una vez más, el pensamiento clasificador de Vitale procedió a su incesante trabajo de ordenación. Sus textos entrarían en la categoría ensayos políticos historiográficos con un intento por recuperar la memoria de un pasado feminista cuyas disputas al régimen machista ayudarían, por cierto, a rescatar lo recorrido.

Con la retirada de la dictadura militar después de la derrota de la guerra de las Malvinas, en 1982, en Buenos Aires, surgió un periodismo ensayístico y de investigación de reveladora importancia para las décadas posteriores. Tal fue el caso de la revista Todo es Historia con su emblemático número 183, agosto de 1982, dedicado por entero a la mujer en la vida argentina. También los trabajos de María del Carmen Feijoó (Las feministas, 1982); de Leonor Calvera ( El género mujer, 1982); de Mirta Henault (Alicia Moreau de Justo,1983); de Estela Dos Santos (Las mujeres peronistas, 1983);de Ricardo Rodríguez Molas (Divorcio y familia tradicional, 1984);de Lily Soza de Newton (Diccionario biográfico de mujeres argentinas, 1986); de Ezequiel AnderEgg (La mujer irrumpe en la Historia, 1987), de Néstor Tomás Auza (Periodismo y feminismo en la Argentina. 1830-1930, 1988) entre otros tantos (Barrancos, 2006).

Archivo-Hasenberg-Quaretti- 8 de marzo de 1984. Buenos Aires.

 

Interpelar a dos puntas

Sin equívoco alguno, los ensayos de Luis Vitale reclamaban por un lado, a las corrientes marxistas ortodoxas y, por el otro, al feminismo hegemónico, blanco y universitario. A los camaradas de izquierdas les advertía la ausencia de un enfoque antipatriarcal a la hora de impugnar el orden capitalista. Por esta razón, recalcaba la indiferencia y desconocimiento de la subordinación de las mujeres que, de acuerdo a su visión, estaban al mismo nivel que con la clase trabajadora. En efecto, desde años anteriores, este historiador comprendía que ellas no eran consideradas parte de la historia y esa concepción androcéntrica dejaba fuera a la mitad de la población. Así, en un documento “Concepción de Partido” editado por la revista Transformaciones, de 1987, apuntaba en esa dirección: “Un partido antiimperialista, anticapitalista debe expresar los intereses específicos de la mitad de la población oprimida, es decir, la mujer. La opresión que sufre este sector no sólo es el resultado de la dominación de clase sino también de la existencia del patriarcado, adoptando nuevas formas bajo el sistema capitalista, y supervive en el llamado socialismo real. Por consiguiente, no basta con liquidar el régimen burgués de dominación de clase sino que también es necesario terminar con el patriarcado para alcanzar una sociedad donde todos los seres humanos sean iguales, sin discriminación de sexo”.

Mientras su ojo atento hurgaba en la vida interior de esas estructuras para denunciar que: “en las células o núcleos se reproduce la misma forma de dominación machista, autoritaria y represiva, que en la sociedad global: los hombres dirigen y teorizan, las mujeres hacen de secretarias, servidoras de café y organizadoras de fiestas para recolectar fondos destinados a la agrupación. Los dirigentes de los comités centrales, temerosos de perder votos, no quieren que se les mencione la posibilidad de hacer una campaña por el derecho al aborto, a pesar de estar informados que encada uno de nuestros países entre medio y un millón de mujeres practican anualmente el aborto ilegal, con todos sus riesgos fatales”.

La activista feminista Paula Lo Cane* se pregunta si las inquietudes de Vitale tuvieron recepción por fuera del feminismo. Es decir, si sus planteos a la izquierda ortodoxa se leyeron hacia adentro (siempre una ocurrencia aparecía silenciada por la cantilena de “las prioridades”) y también si provocó algún tipo de agitación y altercados. Es posible que su condición de varón favoreciera la escucha de otros compañeros. Aunque, un sinnúmero de interrogantes alientan a suponer que su legitimidad como hombre sosteniendo un discurso feminista tambaleó frente a sus pares. Quizás, sería una voz solitaria que de tanto en tanto emergía como un soplo de aire fresco. El hecho de haber recuperado la obra del historiador comunista chileno, Luis Emilio Recabarren, La Mujer y su educación, de 1906, habla de su necesidad de una búsqueda genealógica en torno a estas inquietudes. A la vez, la voluntad por parte de Vitale de demostrar que representaba una preocupación no solo para las mujeres sino también para aquellos cuadros comprometidos en un cambio revolucionario. Al menos en Argentina, él no tuvo incidencia sobre el militantismo de izquierdas para reflexionar a modo provocador en ese cruce entre trama política y cuerpos que se dejaba interrogar por el feminismo naciente. Hasta el momento nadie escribió párrafo alguno**. Al respecto, Vitale decía: “Manuel Agustín Aguirre, el que suscribe y otros, hemos intentado hacer algunas contribuciones sobre el tema, tratando de señalar la especificidad de las luchas de la mujer latinoamericana: su etnia indígena y negra, su condición de clase, su sobrecarga de trabajo hogareño y el especial machismo que soportan, sin demasiados resultados” (Vitale, 1983).

Mientras que en palabras del historiador Omar Acha: “Vitale asumió, por un lado, conceptos muy tradicionales de la historiografía marxista, como el proyecto de una historia ‘universal’, el tema de los ‘modos de producción’, el dependentismo, y por otro  lado algunos muy novedosos, e incluso anticipatorios, entre los que se observan la dimensión étnica, la vida cotidiana y la historia de las mujeres. Se reprocha, no sin razón, que la historiografía de izquierdas fue muchas veces unilateral en sus preocupaciones. Entonces emerge la peculiaridad de Vitale: una propuesta historiográfica que a primera vista es un tanto ‘clásica’ en la línea de la “historia contributiva’ (visibilizar el lugar de las mujeres en la historia, ‘completar’ lo que hasta entonces había sido parcial) que, aunque es por supuesto una tarea importante, usualmente suele tener una eficacia muy limitada en la manera de hacer historia, es complejizada por las cuestiones introducidas y por sus advertencias contra los diversos ‘centrismos’ patriarcales, andros, euros, lo que de conjunto involucra una lucidez de crítica epistemológica más sofisticada”***.

En cuanto al feminismo blanco, universitario, de sectores medios y urbanos lo instaba a identificarse con las especificidades de nuestro continente indo-afro-latino. Vitale, en la publicación citada manifestaba lo siguiente: “Etnia-clase-sexo-colonialismo constituyen en América Latina partes interrelacionadas de una totalidad dependiente que no puede escindirse, a riesgo de parcelar el conocimiento de la realidad y la praxis social, como si por ejemplo las luchas de la mujer por su emancipación estuvieran desligadas del movimiento ecologista, indígena, clasista y antimperialista”(Vitale, 1987).

Y para que no quedasen dudas, lanzaba un listado de activistas regionales de notable prestigio: teórica y editora Giovanna Machado en Venezuela, Mirta Henault, Elena Gil e Isabel Larguía en Argentina, la antropóloga y académica Lourdes Arispe en México, la poeta y periodista estadounidense Margaret Randall****, la líder obrera y activista por los derechos humanos, Domitila Barrios de Chungara en Bolivia, el Frente Amplio de Mujeres (FAM) de Ecuador fundadoras del periódico mensual llamado Mujeres, con un perfil teórico y agitativo al mismo tiempo.De la misma manera que el pensador José Carlos Mariátegui planteaba la ligazón del discurso marxista al análisis de la realidad específica de nuestros países, es decir, la “nacionalización del marxismo”, el FAM proponía un atisbo similar con el feminismo. En efecto, todas ellas representaban muestras elocuentes de una teoría que se estaba desplegando con sus propias fuerzas. De alguna forma, se abría una hendija para examinar cómo diferentes categorías -raza, etnicidad, género, religión, nacionalidad, orientación sexual, edad, clase, discapacidad-, construidas social y culturalmente, interactúan en múltiples y, con frecuencia, simultáneos niveles, contribuyendo con ello a consolidar un régimen desigual y opresivo. Luego, estas distinciones no actúan de modo independiente unas de las otras; por el contrario, se interrelacionan en formas de discriminación múltiples.

En la visión de Vitale primaba la noción “mujer” como un sujeto universal y transhistórico, propio del modelo blanco y heterosexual que se había inscripto como una matriz en las corrientes feministas de ese entonces. Por ejemplo, en 1984, se crearon los primeros Seminarios de Posgrado en Estudios de la Mujer en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Esta iniciativa fue llevada a cabo por integrantes del Centro de Estudios de la Mujer (CEM), que más tarde abrió la Carrera Interdisciplinaria en Estudios de la Mujer en dicha facultad. Tres años después, se organizó la Subsecretaría Nacional de la Mujer, a cargo de Zita Montes de Oca (1987-1989). Por lo tanto, el clima cultural de los años ochenta prescindía de todo tipo de pluralidades en el vocabulario político. Pese a ello, la cuestión de la multiplicidad rizomática de nuestro continente se había presentado en los debates políticos a partir del I Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en Bogotá, en 1982*****.

Sin duda alguna, este historiador anticipó la teoría de la interseccionalidad o discriminación interseccional****** en el Río de la Plata. Tal corriente se encontraba en pleno florecimiento en el Norte como parte de la crítica del feminismo radical al feminismo blanco y heterosexual inscripto en las coordenadas culturales de Occidente. En efecto, desde discursos coloniales este último asumía la representación del movimiento como un todo sin reconocer la diversidad dentro de la diversidad. En esa misma línea, la investigadora dominicana Rosa Curiel Pichardo polemiza acerca del sujeto homogéneo del feminismo: “Desde un cuestionamiento a la categoría «mujeres» por su pretensión universal las afrodescendientes o mujeres negras han hecho aportes significativos relacionando categorías como la ‘raza’ al sexo/género demostrando cómo el patriarcado tiene efectos diferentes en las mujeres cuando estas categorías les atraviesan” (Curiel Pichardo, 2009).

Hasta entonces el feminismo heterosexual e institucionalizado centraba su interés exclusivamente en torno a las desigualdades entre varones y mujeres. Ahora bien, al desconocer las diferencias entre las propias mujeres, se silenció otras relacionadas a la raza, clase, orientación sexual y etnia. De esta manera, sus estudios y postulados no eran aplicables a todas las demás.

A partir de los años 80 se empezó a gestar lo que hoy se conoce como “feminismo periférico” o “feminismo de frontera”. Como expresión del pensamiento crítico latinoamericano, este feminismo contrahegemónico y de resistencia contra las prácticas de opresión, incorporó nuevas realidades de mujeres afroamericanas, afrolatinas, caribeñas, indígenas, campesinas, lesbianas  y del “tercer mundo” para pensar y actuar feminismos situados en el capitalismo globalizado. Además, las condiciones materiales y simbólicas en que se presentaba el racismo, el heterosexismo y la pobreza. Frente al etnocentrismo del feminismo occidental dominante, las voces y las experiencias de mujeres excluidas empujaron desde varios frentes para que el proyecto intelectual y político del feminismo se descolonialice, se democratice. Había un objetivo de crear las alianzas necesarias que apoyen procesos transformadores para las mujeres y hombres de las comunidades empobrecidas y minusvaloradas (Cejas, 2011).

En esos momentos, todavía la elaboración teórica de nuestro presente se encontraba en un punto de partida, por lo tanto, los trabajos de Vitale adquieren una trascendencia y un arrojo elocuente. Por esta razón, las categorías sexo-clase- etnia- colonialismo- constituyeron esferas claves de su producción abierta y en permanente enriquecimiento. El propio autor en el prólogo de su libro La mitad invisible de la Historia. El protagonismo social de la mujer latinoamericana, en1987, cuestionaba duramente la visión etnocentrista en cuanto a la historiografía feminista latinoamericana.

Cabalgando entre la redistribución material e injusticia que hacen de las diferencias desigualdades –cuestiones que no son instancias independientes del proceso de marginación y subalternidad– Vitale intentó, por un lado, diseñar iniciativas superadoras del pensamiento y prácticas clásicas de las izquierdas partidarias. Por el otro, mostró la historia relegada de una parte del feminismo de nuestro continente. En palabras de Ochy Curiel “se cuenta una otra historia que ha sido invisibilizada, a través de los tiempos, invisibilización que ha estado ligada a procesos de colonización y colonialidad histórica, que ha traspasado tanto las teorías como las prácticas políticas” (Curiel Pichardo, 2009; ver también Expósito Molina, 2012). Justamente, Vitale pujó por abrirse a nuevas cuestiones vinculadas a sectores y a colectivos omitidos y silenciados en la agenda de las “que tienen derecho a tener derechos” en el feminismo de ese presente en América Latina y el Caribe.

//La primera versión de este artículo fue publicada en la Revista Herramienta n° 58, 01/06/2016

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*Entrevista realizada en enero de 2006

** Se consultó a tres ex militantes trotskistas de su generación y nadie supo responder (Aldo Casas, Nora Ciapponi, Eduardo Lucita). Inclusive, desconocían esta faceta en la trayectoria de Vitale. Otro periodista e historiador que se abocó por entero a escribir sobre historiografía de mujeres fue el socialista Emilio Corbière. Ser secretario de la referente del feminismo socialista Alicia Moreau lo familiarizó con aquellos grandes debates. También en 1986 apareció en la revista Praxis, un número dedicado a la militancia y a la vida cotidiana un artículo revulsivo escrito por el poeta, el ensayista político, periodista, editor y activista trotskista Carlos Brocato. En “Crisis de la militancia (notas sobre la sexualidad)” hablaba de “productivismo” al aludir a ciertas corrientes que, embarcadas en una supuesta “liberación sexual” de superficie, lo hacían porque el sexo mejoraría la militancia, como ciertos jabones de tocador el cutis. Por otra parte, fue el primer varón, en Buenos Aires, que compuso el ensayo “La penúltima batalla de la moral dogmática”, alrededor del aborto voluntario, en 1990, publicado por el grupo Elegir.

***https://ideasfem.wordpress.com/textos/i/i14

****https://elpais.com/diario/1988/01/03/opinion/568162808_850215.html

*****https://ideasfem.wordpress.com/?s=Encuentro+Feminista+Latinoamericano+y+del+Caribe%2C+en+Bogot%C3%A1%2C+en+1982

******El concepto de interseccionalidad es acuñado por KimberleCrenshaw(1995). Luego, lo introdujo en 2001, en la Conferencia Mundial contra el Racismo en Sudáfrica. Crenshaw consideró que había categorías como la raza y el género que interseccionaban e influían en la vida de las personas. Para ella el racismo no tenía los mismos efectos sobre los hombres que sobre las mujeres negras y tampoco éstas no vivían las consecuencias del sexismo de igual forma que las mujeres blancas. Partía de una estructura primaria donde interseccionaban a parte de la raza y el género la clase social, a la que se añadían otras desigualdades como la condición de mujeres inmigrantes. Para Crenshaw no se trataba de una suma de desigualdades, sino que cada una de éstas interseccionaban de forma diferente en cada situación personal y grupo social mostrando estructuras de poder existentes en el seno de la sociedad. Ver (Molina  Carmen, 2012).

 

Bibliografía

Barrancos, Dora, Historia, historiografía y género: Notas para la memoria de sus vínculos en la Argentina. Luján, Aljaba,  Vol.9,  2005. En: http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1669-57042005000100003 (último acceso: 26/11/2017).

Cejas, Mónica, “Desde la experiencia, Entrevista a Ochy Curiel”. Andamios, México,  Vol. 8, n°17,diciembre2011.En: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-00632011000300009&lng=es&nrm=iso (último acceso: 26/11/2017).

Crenshaw, Kimberle, “Mapping the Margins: Intersectionality, Identity Politics, and Violence against Women of Color”. En: Crenshaw, K. / Cotanda, N. / Peller, C. / Thomas K. (eds.). Critical Race Theory.The Key Writings that Formed the Movement. Nueva York: The New Press, 1995 [publicado previamente en Stanford Law Review 43/6 (1991)].

Curiel Pichardo / Ynés, Rosa (Ochy), “Descolonizando el Feminismo: Una perspectiva desde América Latina y el Caribe”. En: Primer Coloquio Latinoamericano sobre Praxis y Pensamiento

Feminista realizado en Buenos Aires. Grupo Latinoamericano de Estudios, Formación y Acción Feminista ( GLEFAS) y el Instituto de Género de la Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires: junio de 2009. En: http://feministas.org/IMG/pdf/Ochy_Curiel.pdf (último acceso: 26/11/2017).

Expósito Molina, Carmen, “¿Qué es eso de la interseccionalidad? Aproximación al tratamiento de la diversidad desde la perspectiva de género en España”. En: Investigaciones Feministas, Vol.3. Barcelona: Universidad de Barcelona, 2012. En: https://revistas.ucm.es/index.php/INFE/article/viewFile/41146/39358 (último acceso: 26/11/2017).

Vitale, Luis, “El marxismo latinoamericano ante dos desafíos: feminismo y crisis ecológica”. En: Venezuela: Nueva Sociedad, Vol.66, mayo-junio de 1983.

–, La mitad invisible de la Historia. El protagonismo social de la mujer latinoamericana. Buenos Aires: Sudamericana/Planeta, 1987.