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Según los resultados de la Encuesta de Prevalencia y Características de la Violencia contra las Mujeres del INE, más de 7 de cada 10 mujeres fueron agredidas por sus parejas y en el ámbito público social casi 8 de cada 10 mujeres ha sufrido algún tipo de violencia. El Observatorio de la Coordinadora de la Mujer también ratifica la cifra de que 7 de cada diez mujeres en el país han sufrido algún tipo de violencia, situando a Bolivia con los mayores índices de violencia contra la mujer entre 12 países latinoamericanos.

Semanas previas al 24 de septiembre, fecha del aniversario de Santa Cruz de la Sierra, la pizzería D15 sacó un arte publicitario en redes sociales que anunciaba una nueva variedad de sus productos a manera de homenaje. Una pizza con rúcula, muy verde, como en teoría es este departamento boliviano. El único problema que saltó rápidamente a la vista de los usuarios de Facebook, fue el texto de la pieza publicitaria: “Ninguna cambita cunumi, una cruceña con todas sus letras. Así es nuestra nueva pizza con masa de espinaca”.

Cunumi, en el coloquial cruceño siempre fue una palabra usada de manera peyorativa y racista por sus orígenes indígenas. ´Kunumi´, explica el escritor y sociólogo guaraní Elías Caurey, es una palabra guaraní y traducida al castellano sería muchacho o joven. Llama la atención que en un país como Bolivia, que atraviesa una larga época de cambios políticos y sociales que dieron origen a la Ley 045 “Contra toda forma de discriminación y racismo”, podamos encontrar y con mucha fuerza, expresiones de odio como la del arte publicitario de la pizza verde.

Sin embargo esto no termina ahí; indagando en la página de Facebook de la pizzería se encontraron otros artes bajo la misma lógica, que rezaban frases como: “Te ponemos en cuatro, te damos de a dos”, “Este domingo a las 12:00 te voy a dar”, “Me pidió la puntita y se la comió toda”, en letras grandes, acompañadas de textos mucho más pequeños que hablaban de la comida. Las expresiones estaban acompañadas de fotografías del que suponemos sería el cocinero, con actitud amenazante, siempre sosteniendo un gran cuchillo en primer plano.

De manera que tenemos un combo de racismo, machismo y apología de la violencia. Las imágenes dieron vueltas las redes sociales, oscilando entre el rechazo profundo y el sorpresivo apoyo. La escritora Liliana Colanzi, comentó al periódico El Deber lo siguiente:

“No veo chiste ahí sino el reforzamiento de una conducta racista muy arraigada en Santa Cruz. Tampoco veo lo gracioso en validar una cultura de la violación a través de publicidades con mensajes sexuales agresivos, acompañados de fotos de hombres con un cuchillo en la mano. Esta normalización de la violencia hacia la mujer es la que permite el feminicidio. Son problemas que están conectados entre sí”.

La analista y comunicadora Beiby Vaca acotó al tema haciendo un análisis comunicacional del mensaje explícito de las publicidades:

“La comunicación nunca es neutral ni inocente. El lenguaje es la herramienta con la que construimos el mundo, y siempre funciona en dos planos: denotación y connotación. Quienes manejan su campaña seguro lo saben y por tanto, tendrían que asumir responsabilidad por la connotación sexista y clasista, en un contexto en el que ambas expresiones causan expresiones de violencia simbólica y explícita (basta ver las estadísticas de mujeres de todas las edades golpeadas, violadas y asesinadas) a lo ancho y largo del planeta”.

Sin embargo y pese a todas las campañas iniciadas por grupos feministas y por esfuerzos individuales que tuvieron bastante eco, alcanzando incluso medios de comunicación como periódicos que publicaron entrevistas y columnas de opinión y radios que tocaron el tema; los representantes de la agencia de publicidad Tango, el dueño Juan Manuel d´Arruda y el publicista Claudio Alcorta, ambos argentinos, defendieron con vehemencia su estrategia publicitaria argumentando que no era violenta, que trabajaban el doble sentido y el humor, que teníamos que aprender a leer las letras chicas y que solo habían usado palabras “cambita” y “cunumi” que son ampliamente reconocidas para expresar desprecio porque querían resaltar que no se trataba de una pizza del montón.

Una semana después, el tema seguía dando de qué hablar. Si bien desde el principio se acusó a las mujeres que denunciaron a la pizzería de “feminazis”, más adelante se les recriminaría por prestar atención a cosas sin importancia por motivos mediáticos, mientras que otros problemas merecían más acción responsable. Una llamativa contradicción cuando son grandes los cambios en pro de los derechos humanos que las feministas han conseguido en la actualidad. En un contexto donde se puede comprobar cómo está naturalizado el racismo, el machismo y los mensajes que incitan a la violencia contra la mujer, es tan solo lógico pensar que la educación no es una prioridad, ni una tarea de toda la sociedad.

Justificar y reforzar la creación de las publicidades de D15 cuando claramente constituyen la violación de dos leyes es también hacer apología del delito. La Ley 045 “Contra toda forma de discriminación y racismo” y la 348 “Ley integral para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia”,  han sido vulneradas, pero según el fiscal departamental consultado Freddy Larrea, no son viables las denuncias porque “no se identifica a un sujeto víctima del delito”. Es decir, nos encontramos frente a vacíos legales y reglamentarios en Bolivia, como la falta de regulación publicitaria, por lo cual prácticamente está todo permitido.

Según los resultados de la Encuesta de Prevalencia y Características de la Violencia contra las Mujeres del INE, más de 7 de cada 10 mujeres fueron agredidas por sus parejas y en el ámbito público social casi 8 de cada 10 mujeres ha sufrido algún tipo de violencia. El Observatorio de la Coordinadora de la Mujer también ratifica la cifra de que 7 de cada diez mujeres en el país han sufrido algún tipo de violencia, situando a Bolivia con los mayores índices de violencia contra la mujer entre 12 países latinoamericanos.

Solo nos queda concluir que una de las caras más oscuras que ha revelado esta situación es la falta de asociación entre las ideas y las acciones. La gente reacciona solo cuando se encuentran los cuerpos de las mujeres asesinadas, cuando se conoce alguno de los millones de casos de violaciones de niñas, o cuando se enteran de casos de mujeres que han sido esclavizadas durante 38 años en pleno 2017;  pero sí está bien normalizar ideas como “Me pidió la puntita, se la comió toda”, “Ninguna cambita cunumi”, “Te ponemos en cuatro, te damos de a dos”, sumado a imágenes de hombres amenazadores sosteniendo grandes cuchillos. Al parecer los feminicidas, los violadores, los secuestradores, existen por arte de magia y no se los asocia con las ideas machistas que nos enseñan entre chistes, publicidades y la sociedad en general: que la mujer es del hombre para poseer, para violar, para matar.

Todo el mundo repite la consigna de que la educación es la única solución. Pero la educación no solo está en las aulas de los colegios o de las universidades, está en las vallas de publicidad, en Facebook, en los chistes, en nuestra forma de expresarnos, dentro y fuera de los hogares. La educación está en nuestra responsabilidad como individuos que formamos parte activa de una sociedad.