Por: Fotos: Asamblea Popular Feminista

Cada 18 de junio, día del cumpleaños de Micaela Gaona y cada día de la madre, Lidia Gaona lleva a Byron a dejarle una flor a su mamá al cementerio. Cuando el papá del nene, Alexis Arzamendia, le disparó a Mica, él tenía apenas un año. Desde el próximo 25 de noviembre Byron, su familia, amigas y vecinxs tendrán un lugar comunitario, construido desde el feminismo popular en el mismo barrio para recordarla. La primera cerámica recordatoria contra los feminicidios, lesbicidios y travesticidios será en memoria de Mica, asesinada por su pareja la madrugada del 23 de julio de 2015 en su casa de la villa 21-24, en Barracas. Se trata de una acción colectiva empujada por la Asamblea Popular Feminista y la Red de Promotoras Territoriales en Género Villa 21-24 Kuñá Panambí. A la propuesta se sumaron la Escuela de Educación Media 6 de Barracas, donde iba Mica, Mujeres Públicas, el colectivo Ni Una Menos y la Escuela de Cerámica Nº 1 de Almagro. La fecha que eligieron para la colocación de la cerámica no es casual: será en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Una cerámica con forma de corazón señalizará el lugar donde ocurrió el crimen. “Marcamos el territorio para revertir un mensaje de horror. Para evidenciar que hay lazos solidarios y subterráneos posibles entre mujeres, lesbianas y otras identidades disidentes. Para mostrar la potencia que tenemos juntas”, dijo a LATFEM Yamila Iphais Fuxman, de la Asamblea Popular Feminista.

“La idea es señalizar para recordar. Es importante rescatar la necesidad de incentivar las prácticas comunitarias desde la política pública. No solo para contener, acompañar y prevenir sino también visibilizar los femicidios que son la expresión más brutal del machismo”, explicó a LATFEM, Laura Duarte, de la Dirección General de políticas de género del Ministerio Público Fiscal (MPF) e integrante de la Asamblea Popular Feminista. La intervención de la Red de Promotoras Territoriales en Género de la Villa 21-24 Kuñá Panambí, que en guaraní significa “mujer mariposa”, fue clave en todo el proceso. Ese fue el nombre que decidieron darse las promotoras en alusión a las hermanas Mirabal, asesinadas en República Dominicana durante la dictadura de Raúl Trujillo.

El femicidio de Mica no está impune en la justicia formal. El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional 25 condenó en agosto pasado a Alexis Arzamendia a 25 años de prisión por homicidio cuadruplemente calificado: por haber sido cometido mediando violencia machista; por haber sido contra su pareja; por alevosía y por haber utilizado un arma de fuego. Sin embargo, para el feminismo popular existen múltiples formas de reparación y una responsabilidad social con el modo de leer el pasado, el presente y construir el futuro. Una idea de justicia que va mucho más allá de los límites institucionales y se entrelaza con marcas que trazan una memoria por las pibas asesinadas. Frente a la pedagogía de la crueldad, la ferocidad de los femicidios, la cerámica con el nombre de Mica Gaona en la calle Iriarte 3500 intentará gritar: “¡No estamos solas, nos tenemos!”. “Contra esa violencia, construimos feminismo, con la convicción de que hacer visible nuestro repudio es una herramienta vital para recordar, concientizar y prevenir”, dicen desde la Asamblea Popular Feminista en la convocatoria.

No es un dato menor que este espacio asambleario que reúne organizaciones sociales, políticas, culturales, de derechos humanos, institucionales y vecinas en general surgió al calor de las asambleas convocadas el 25 de noviembre de 2016 por el colectivo Ni Una Menos. “Sentíamos que esa potencia que nos encontró tenía que transformarse en organización. Observábamos que había un bache muy grande de contención y acompañamiento en la zona sur. Empezamos a trabajar cuatro organizaciones y la asamblea se transformó en un espacio de confluencia que nos encuentra reunidas todos los miércoles”, contó Yamila.

El femicidio de Mica y las pibas

Mica tenía 20 años cuando la asesinaron. Estudiaba y trabajaba haciendo tareas de limpieza en el Hospital Churruca. Hacía dos años y medio que salía con Alexis, de 23 años. Ella quería separarse, salir del círculo de la violencia cotidiana que se traducía en gritos, insultos, empujones y golpes en los pasillos de la villa donde ahora la recordarán con una cerámica.

Mirar las estadísticas oficiales de los femicidios atravesadas con el vector edad muestra que los asesinatos de pibas de entre 16 y 20 años prácticamente se cuadruplicaron en los últimos 3 años. Y las víctimas de entre 11 y 15 años se triplicaron.

Mirar las estadísticas oficiales de los femicidios atravesadas con el vector edad muestra que los asesinatos de pibas de entre 16 y 20 años prácticamente se cuadruplicaron en los últimos 3 años. Y las víctimas de entre 11 y 15 años se triplicaron.

A Mica la mataron en 2015, el año que en la Argentina mujeres, lesbianas, travestis y trans salieron a las calles para exigir un freno a las muertes violentas de mujeres por el hecho de ser mujeres. Ese año hubo, al menos, 235 femicidios según la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Ubicar el femicidio de Mica en el territorio donde ocurrió muestra lo estructural de la forma más extrema de violencia machista. No son casos aislados: en 2015 fueron 5 los asesinatos de mujeres en una villa o asentamiento de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En particular, en el barrio en la villa 21-24 después del crimen de Mica ocurrieron otros:

  • El 29 de octubre de 2016 Élida del Valle Barrios, de 39 años, fue asesinada a cuchillazos por su ex pareja a plena luz del día en una plaza del barrio. Tenía dos hijos.
  • El 29 de diciembre de ese mismo año Lorena Dávalos, de 22, recibió un balazo en la cabeza de parte de su ex novio.
  • Y el 20 de junio de 2017 Aydée Mérida Durán, de 18 años, murió baleada por su novio.

Después del femicidio

Además de ser una marca imborrable en un país, en un barrio, en una comunidad, un femicidio marca para siempre a una familia. Byron es uno de los 3.158 hijxs que entre 2008 y 2017 se quedaron sin madre después de un asesinato por razones de género, según la ONG Casa del Encuentro.

Lidia Gaona, de 41 años, además de ser la madre Mica, crió a Camila, de 20 años, Ronald de 18, Giannina de 17 y Liz de 10. Después del femicidio de Mica, Byron quedó a su cargo. Así como también el proceso de empujar la justicia para cercar la impunidad.

Sus abogadxs, Gabriela Carpineti y Nahuel Berguier, hoy la están acompañando para que pueda tener acceso a la Ley Brisa que se reglamentó recientemente en el territorio porteño y así poder criar a Byron. La Ley Brisa es un régimen de reparación económica para niños, niñas y adolescentes de hasta 21 años, cuyo padre haya sido procesado o condenado como autor, coautor, instigador o cómplice del delito de femicidio. La legislación establece que el gobierno porteño garantice una prestación mensual equivalente a un haber jubilatorio mínimo.

Detrás de cada femicidio hay una historia que no cifran las estadísticas que se difunden a diario. El asesinato de Mica dejó una huella invisible para su familia, su comunidad que empujó el proceso de justicia y su barrio, hoy esa marca tendrá forma de cerámica para que el barrio no se olvide que ahí falta una piba. Y también será una forma de advertencia: ningún femicidio quedará sin respuesta porque hay organización feminista popular.