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La oficina 21 del Concejo Deliberante del Municipio de Moreno mide dos por cuatro, en el medio hay una especie de tabique que divide y un escritorio de madera con una silla a cada lado. Rocío tenía 20 años cuando comenzó a trabajar en el área de Deportes del municipio, en 2016, donde se desempeña desde hace años su papá. El presidente del Concejo Deliberante era allegado a su familia. La relación era cercana y de confianza.

En octubre o noviembre de 2016, Rocío estaba en la oficina de Deportes del palacio municipal cuando Marcelo García la convocó a su despacho en el Concejo. Eran alrededor de las 6 de la tarde y cuando llegó, se sentó en la silla vacía y hablaron de temas laborales. Hacía poco más de seis meses que trabajaba en el municipio. Cuando se levantó para irse y ya estaba en la puerta, García le pidió que no se fuera, que tenía algo más para ella y se levantó. En un instante se bajó el pantalón, el calzoncillo, le agarró la mano a Rocío, la puso en sus partes íntimas y trató de besarla. Rocío le dijo que no quería, que se quería ir y lo empujó.

Antes de irse García le dijo “Esto queda acá” y luego comenzó a mandarle mensajes por facebook.

Rocío, como muchas chicas que pasan por situaciones así, sentía mucha vergüenza y durante mucho tiempo no lo pudo contar a nadie. A lo que estaba pasando, se sumó que se cruzaba a García en el trabajo casi todos los días. Ella militaba en la misma agrupación que él, FORJA, pero no sintió que hubiera un espacio para plantear la violencia que había sentido de parte de un compañero que, además, era referente y tenía mayor jerarquía dentro del armado. En el trabajo pidió que la pasaran a otra área; de administrativa empezó a trabajar en limpieza. No pasó mucho tiempo hasta que empezó a sufrir ataques de pánico cuando estaba en el trabajo.

Un lunes estaba trabajando -contó a LATFEM-, las piernas dejaron de responderle y se desmayó. Al día siguiente le pasó lo mismo. La internaron en el hospital de Moreno, la vio un neurólogo y la derivaron al sanatorio de San Miguel. Ya en su casa, tenía picos de ansiedad y llanto. La primera semana así fue todos los días igual: pánico y terminar en una guardia con oxígeno.

A mediados de 2017 comenzó un tratamiento psiquiátrico y a una de las psiquiatras que vio le contó lo que había pasado con García. Pero en mayo de este año, mientras seguía el proceso terapéutico, la echaron de su trabajo en el municipio por las licencias psiquiátricas. El tratamiento, sin embargo, la había ayudado a comenzar a procesar y a contar lo que le había pasado a su mamá, Patricia.

Nunca pensó que iba a hacer la denuncia, le daba vergüenza que su papá -amigo de García- supiera, le daba miedo perder su trabajo y denunciar a un político. El viernes 12, fue con su mamá a la UFI 8, del Departamento Judicial Moreno-Gral Rodríguez, y asentaron una denuncia penal contra García por el abuso y el hostigamiento que sufrió.

Carina Leguizamón, de la Red de Mujeres de Moreno, las está acompañando. Por experiencia, sabe que las pibas prefieren no denunciar por miedo no solo al que las violentó sino a la impunidad en la que suelen quedar estos casos, que involucran el poder político.

Los últimos datos de la provincia de Buenos Aires arrojaron que se inician alrededor de 90 mil denuncias por violencia machista cada año. Según el Ministerio de Seguridad de la Nación en 2017 se registraron 1.263 casos de violencia sexual en territorio bonaerense que, como dijimos, representan un subregistro ya que en general el temor disuade a denunciar.

Marcelo García publicó en una red social que se ponía a disposición de la justicia y muchxs compañerxs de militancia lo dan por víctima de “mujeres insensatas” en los comentarios. El intendente Water Festa aún no opinó sobre la denuncia. No llama la atención la forma de reaccionar de García, porque la victimización suele ser el primer paso para correr del medio a la verdadera víctima. Una vez más, el varón privilegiado quiere ser protagonista. Aunque sabemos que no hay justicia social sin feminismo, el revisionismo y la tolerancia de los niveles de machismo en organizaciones y partidos populares va más lento que la historia, que ya dijo nunca más.