Por: Fotos: EFE

Esta no es la primera vez que a Butler no le dan la bienvenida en algún país. Ya en 2012 cuando ganó el Premio Adorno que la Universidad de Frankfurt otorga a personalidades destacadas de la filosofía, el teatro, la música y el cine, la estadounidense había sido fuertemente criticada por su posición en torno al conflicto Israel-Palestina por grupos que, desafiando el principio de no contradicción, son sionistas de izquierda.

Desde el sábado circula en las redes sociales un video que muestra a Judith Butler durante su llegada al aeropuerto de Congonhas (Brasil) junto a su pareja, Wendy Brown, y una marea antifeminista que le recuerda a la filósofa que no es bienvenida, al grito de “asesina de niñxs”, “corruptora de menores”, “destruidora de la familia”, “pedófila” y hasta “contra Israel”, demostrando así estar al tanto de toda la producción butleriana y no tan sólo de los hits. Si a esto le sumamos las más de 360.000 firmas juntadas para cancelar las conferencias previstas y las movilizaciones que incluyeron la quema de una muñeca con su forma, podemos afirmar con más certezas que dudas que se trata del acontecimiento con más revuelo en la historia reciente de la filosofía.

Preocupadxs porque Butler quiere “hacernos creer que la identidad es variable y el fruto de la cultura”, sectores conservadores decidieron movilizarse al grito de #ForaButler, desplegando un accionar lleno de agresiones, olvidando quizás que la estadounidense propone una resistencia política de la no violencia. Así, en el video del aeropuerto se ve a una Butler que no da lugar a quienes la provocan y sigue de largo; es Wendy Brown la que se queda a responder a los ataques tanto verbales como físicos, poniendo el cuerpo y diciendo “fuck you”.

Esta no es la primera vez que a Butler no le dan la bienvenida en algún país. Ya en 2012 cuando ganó el Premio Adorno que la Universidad de Frankfurt otorga a personalidades destacadas de la filosofía, el teatro, la música y el cine, la estadounidense había sido fuertemente criticada por su posición en torno al conflicto Israel-Palestina por grupos que, desafiando el principio de no contradicción, son sionistas de izquierda.

Esta no es la primera vez que a Butler no le dan la bienvenida en algún país. Ya en 2012 cuando ganó el Premio Adorno que la Universidad de Frankfurt otorga a personalidades destacadas de la filosofía, el teatro, la música y el cine, la estadounidense había sido fuertemente criticada por su posición en torno al conflicto Israel-Palestina por grupos que, desafiando el principio de no contradicción, son sionistas de izquierda.

En esta ocasión, lo que más pareciera preocupar a la avanzada conservadora y fundamentalista de Brasil es la idea de Judith Butler de que el género es performativo, una idea central en sus escritos de los noventa. Llegan veinte años tarde. Por otro lado, ninguna de las actividades previstas incluía las cuestiones de género: una de las conferencias versó sobre democracia y la otra sobre sionismo. Si no fuera por el despliegue de violencia característico de la derecha, el revuelo simplemente causaría risa.

Lo preocupante aquí es, por un lado, la legitimación de que se puede atacar a alguien por su posición política y, por el otro, la instalación de un neoconservadurismo antifeminista en la región que cada vez logra más adhesiones. Estas no son sino dos caras de la misma moneda: técnicas de gobierno neoliberal, donde el pluralismo encuentra sus límites en el diálogo racional y el consenso moral y toda oposición es vista como enemigo al que hay que eliminar.

En su último libro, Cuerpos aliados y lucha política, Butler retoma las ideas de Hannah Arendt y nos recuerda que nadie tiene la prerrogativa de elegir con quién cohabitar la tierra, sino que estamos obligadxs a vivir con aquellxs que ya existen y que cualquier elección acerca de quién debe o no vivir lleva siempre a una práctica genocida. Como sostiene Chantal Mouffe, no se trata de eliminar el carácter antagónico de la política, sino de transformar el antagonismo (que considera a lxs oponentes como enemigxs a ser eliminadxs) en agonismo, a saber: un conflicto entre adversarios legítimos que pertenecen a la misma asociación política y adhieren a los principios ético-políticos de la democracia liberal (la libertad y la igualdad) aunque discrepen en lo concerniente al sentido y la implementación de dichos principios.

El #ForaButler que se escuchó esta semana en Brasil es la cara visible de una democracia que se debilita en manos de la derecha neoliberal conservadora, donde la única obligación vigente pareciera ser la renuncia al pensamiento crítico y la repetición mecánica de conceptos tales como “diálogo” y “transparencia”. En este contexto, un llamado al pensamiento filosófico como el que promueve Butler puede ser una clave para la resistencia a una versión neo-liberal de la democracia que, en nombre de valores conservadores, ejerce la violencia y una manera de abordar la “democratización de la democracia”.