Del #NiUnaMenos a esta parte se multiplicaron los hashtags y las denuncias que hacen foco en las diversas formas que adoptan las violencias machistas. Desde el mundo del espectáculo se viralizó, a partir de casos como el de Harvey Weinstein o Kevin Spacey, el #MeToo: #YoTambién fui víctima de acoso. La realidad es que lamentablemente casi todas las mujeres pueden decir esa frase. Y no sólo en el mundo del espectáculo, claro. Las mujeres del arte, históricamente relegadas, desde hace siglos objeto de representación de la mirada masculina, vienen transitando hace tiempo un camino de lucha para convertirse en sujetas de acción. En estos días, volvieron a agitar las aguas.

 

Cuidado: Machismo explícito

Como todos los fines de año, el Fondo Nacional de las Artes (FNA) dio a conocer los premios a la trayectoria 2017. Entre lxs beneficiados en las distintas categorías -letras, danza, arquitectura, artesanía, diseño, artes escénicas, danza y teatro, música, patrimonio, artes visuales, arte y transformación social- hay 11 varones y una mujer. Ningunx trans ni travesti.

El anuncio circuló en las redes con un matasellos que denuncia: CONTIENE PATRIARCADO. El sello virtual que se sobreimprime al volante oficial del FNA es producto de una campaña que comenzó la Asamblea Permanente de Trabajadoras del Arte. Ellas son un grupo de mujeres artistas que decidieron organizarse tras la muerte de la artista rosarina Graciela Sacco. Reunidas, aliadas y confabulando -así titulan los diarios cuando las mujeres hacemos política- las artistas redactaron un documento de 37 puntos que se propone como un pacto de compromiso para resistir y combatir las prácticas machistas a las que el universo del arte nos tiene acostumbradas.

No nos sorprende, como lo dijo la artista feminista Jenny Holzer desde su cartelón en el corazón de Manhattan hace más de 20 años: El abuso de poder no nos sorprende. Unas semanas antes que las argentinas, artistas, galeristas, curadoras, editoras y otras trabajadoras del mundo del arte retomaron esa frase de Holzer (#NoNosSorprende) en una carta que publicaron en el diario The Guardian sobre la necesidad de romper el silencio en torno a los abusos sexuales que se cometen en su ámbito laboral.

Las mujeres del arte de todo el mundo, entre las que también hay argentinas, como Marina Alessio, Inés Katzenstein y Ad Minoliti, dijeron en esa carta en The Guardian sentirse “manoseadas, menoscabadas, acosadas, infantilizadas, humilladas e intimidadas por aquellos en posiciones de poder, que controlan el acceso a recursos y oportunidades”, y denunciaron, ante todo, el acoso sexual y los favores sexuales que suelen pedirles a cambio de la inclusión en una muestra o en el número de una revista.

Una de las chispas que encendió la mecha fue la denuncia de Amanda Schmitt contra Knight Landesman, coeditor de Artforum, una revista que, como diría César Aira en su novela homónima, constituye al artista mismo. Amanda Schmitt rompió el silencio y le contó al mundo que para conseguir una publicación, el editor le sugería algún tipo de intercambio físico. Al principio sus colegas no la acompañaron, más bien negaron sus dichos y le dieron vuelta la espalda. Pero como suele pasar, poco a poco empezaron a aparecer más mujeres acosadas y abusadas por Landesman, quien finalmente tuvo que renunciar a su puesto de poder.

 

Sexo, poder, manipulación y óleo sobre lienzo

El mito del artista genio abraza con mano blanda y ojos entrecerrados al abuso sexual. Lo excusa, lo justifica y devuelve a una artista que llega a la sala o a la publicación completamente manipulada. El largo y arduo trabajo que vienen recorriendo las artistas mujeres para pasar de ser objeto a ser sujeto en la historia del arte se ve opacado por estas tretas cobardes. Es bastante probable que la obra más importante del Museo Nacional de Bellas Artes sea “La ninfa sorprendida” de Édouard Manet (de principios de 1860), pero las artistas están hartas. Ya no se sorprenden.

La Nymphe surprise (La ninfa sorprendida), Édouard Manet (1860)

 

El abuso de poder llega sin sorpresa y llega de las formas más diversas: como acoso sexual, como discriminación, ninguneo, invisibilización, silenciamiento. Las mujeres estamos tan acostumbradas como cansadas de participar de paneles en tanto audiencia, recibiendo las sabias palabras del varón, de las exhibiciones en ostensible minoría o, muchas veces, de muestras curadas sólo para nosotras, en el rincón menor de las descentradas.

Ante la temprana muerte de Graciela Sacco, grabadora, investigadora e interventora urbana que con su obra que tensó el espacio social de la mujer y el arte, las artistas argentinas se juntaron y se expresaron en la carta de compromiso de 37 puntos que incluye representación igualitaria en todas las instancias del campo del arte, prácticas feministas en relación a otras artistas, denunciar el machismo en el arte, no ser cómplice de las violencias ejercidas.

Las demandas que conforman esta carta de compromiso, que ya lleva la firma de más de 2500 artistas, partieron a su vez de un punteo espontáneo e inmediato que paradojalmente viene rumiando hace tiempo Leticia Obeid. Escritora y artista visual, Obeid cuenta que lo que expresa el texto “surge de esas ideas, malestares y percepciones que tenemos muchas, de que hay un sistema que nos enseña a mirar dentro de unas coordenadas donde lo que las mujeres producimos siempre parece tener menos valor, ser menos cierto, o incluso menos político que lo que producen los hombres”.

 

Hartas de cierto arte

“¿Las mujeres tienen que estar desnudas para entrar en el museo?”, se preguntaron las Guerrilla Girls a principios de los 80 frente a la notable diferencia de porcentaje entre artistas mujeres y artistas varones que había en las colecciones más relevantes de arte moderno en Estados Unidos: sólo un 5% eran obras de artistas mujeres, pero más del 85% de los desnudos eran de mujeres.

Podría preguntarse: ¿por qué es importante que haya más mujeres en los museos, en las galerías, como actrices en las distintas instancias de la escena del arte, el arte puede hablar por sí mismo o tiene que ser identificado según el género de su autor/x? Con voz dulce y fuerte, tras la máscara enorme y amenazante de gorila, una de las guerrilleras del arte responde clara: “Cada una de las decisiones estéticas esconde un valor por detrás. Y si todas las decisiones están siempre tomadas por el mismo tipo de gente, esto no refleja la variedad y totalidad que existe en nuestra cultura. En la actualidad esas decisiones están tomadas por los mismos varones, blancos, billonarios. Si lo que vemos no refleja la totalidad y la diversidad de las producciones, entonces lo que hay no es la Historia del Arte sino la Historia del Poder”.

[no title] 1985-90 Guerrilla Girls null Purchased 2003 http://www.tate.org.uk/art/work/P78793

La resistencia nace de la opresión y la historia del arte, sobre todo a partir del siglo xx, está llena de artistas que combatieron el machismo y revisaron el lugar de la mujer y los cuerpos feminizados no sólo en el campo del arte sino en la sociedad.

La resistencia nace de la opresión y la historia del arte, sobre todo a partir del siglo xx, está llena de artistas que combatieron el machismo y revisaron el lugar de la mujer y los cuerpos feminizados no sólo en el campo del arte sino en la sociedad. Desde los textos de Lucy Lippard a los de Linda Nochlin o Isabelle Graw, las artistas Judy Chicago y su cena de conchas célebres, la mujer araña Louise Bourgeois, Martha Rosler y su corte a cuchillo de la semiótica doméstica, Cindy Sherman autoimponiéndose papeles impuestos, Barbara Krueger y su cartelería de guerra, Ana Mendieta barbuda, Lygia Pape lengua negra, Liliana Maresca y el cuerpo entrega y fragmento, Ana Gallardo, y muchas más hasta llegar a las que firman esta carta de Compromiso de práctica artística feminista, incluyendo a críticas y curadoras, como Andrea Giunta quien prepara una muestra sobre más de 160 artistas latinoamericanas experimentales, Mujeres Radicales: Arte latinoamericano (1960 – 1985).

La carta de la Asamblea Permanente de Trabajadoras del Arte propone operaciones como analizar la posición de las mujeres y otros cuerpos feminizados en relación con cuestiones de raza, clase social, edad, geografía, orientación sexual, identidad de género y otros vectores diferenciales. Pero también sugiere prácticas relativas a los modos de relación entre mujeres: “Siempre que podamos ayudar a que otra mujer se tenga más confianza, hagámoslo. Si una mujer nos ayuda a fortalecer nuestra confianza, tomémoslo y agradezcámoslo”. Lo sentimos, parece que algo está roto, dice una frase ahora en tu pantalla. Es el lienzo que hizo un tajo para que pasara la manada de mujeres del arte.