La semana pasada, en la Legislatura porteña, se aprobó una cuestionada ley que habilita por primera vez en la historia de la Ciudad de Buenos Aires a la quema de basura. La iniciativa, que vino de la mano del jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta—y que contó con la filtración de una planilla para comprar periodistas y ONG´s—contradice a otra ley que el Pro supo usar como caballito de batalla cada vez que quería sacar la carta de ecologista friendly: la famosa ley de “basura cero”, que fuera  sancionada en 2005 y que nunca se terminó de implementar. Esa ley prohíbe tajantemente la quema de deshechos por considerarlo dañino para el medioambiente y la salud. ¿Por qué entonces quieren llevarse puesta esa ley y empezar a quemar basura en la Ciudad? Porque la basura es un gran negocio que tiene ganadorxs y perdedorxs. De lxs ganadorxs se han ocupado históricamente los medios de comunicación que monopolizan las pantallas y el papel. Pero a lxs perdedorxs, lxs invisibilizadxs y relegadxs, se les destina sólo alguna nota de color, o algún epígrafe perdido para mirar con lupa. Y menos si esas son las mujeres, las que además de tener que cuidar a los hijxs, de tener que cuidar del hogar, tienen que levantar un carro de 320 kilos y revolver basura. Porque lxs perdedorxs en todo este juego nefasto de la basura, son los circuitos cartoneros de la Ciudad de Buenos Aires que ascienden a los 20 mil trabajadorxs de la economía popular.

“A esta altura de la vida, ser cartonero o cartonera es inhumano”, dice sin dudarlo Jacqueline—Jacky— Flores a LATFEM, en el local del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) en el barrio de Palermo, un espacio que funciona de comedor, bachillerato, y sobre todo, de lugar de reunión y contención a lxs trabajadorxs más relegadxs de la economía popular. Jacky es la Secretaria de la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores, de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y en estas últimas semanas, estuvo yendo a comisiones, reuniones, manifestaciones y finalmente a la sesión en la que se votó la ley: “es un retroceso enorme, es un golpe muy duro para la comunidad cartonera porque nadie nos garantiza la continuidad de nuestro trabajo”.

Si bien la nueva ley establece que los materiales que se incinerarían son los desechables y que se resguardan los reciclados, no aclaran cuál es el destino de ese material.

“Somos cartonerxs pero no tontos. En la ley no aclara que el material reciclable queda al resguardo de las cooperativas cartoneras. Entonces lo que nosotros entendemos es que queda la puerta abierta para terciarizar el material reciclable, como lo viene haciendo el gobierno de la Ciudad”.

Pero esto no empezó ahora. “El año pasado quisieron privatizar nuestro sector, y a fuerza de organización y resistencia logramos frenarlo. Están desguazando la dirección que tenemos en el Ministerio de Ambiente y Espacio Público. Y por último no terminan de implementar la ley de basura cero que ya lleva más de quince años desde su sanción”.

Según Jackie, además de las dos empresas que les compiten y que licitaron legalmente la recolección de basura—Cliba y Aesa—, existen otras empresas privadas que les roban el material reciclable, su única fuente de trabajo y dinero. “Tenemos identificados camiones que en general no tienen ningún nombre que se llevan nuestro material. Ese es el verdadero negociado del gobierno de la Ciudad”.

Al lado de Jackie están Marisol de 34 años y Natalia de 31. Hasta hace tres años ellas eran cartoneras y llevaban carros pesadísimos. Pero ahora son dos de las sesenta promotoras ambientales que tiene la Ciudad. Todavía les duele la cintura y la espalda. Pero ahora tienen las uñas pintadas y los callos en las manos son cada vez menos. Porque para las mujeres del mundo del cartón, poder tener las uñas arregladas es una victoria política.

Marisol y Natalia forman parte de un cuerpo de mujeres que “ascendieron” en la escala del mundo del cartón gracias a una ley impulsada por Jacky en 2012 que le permite a las mujeres dejar de levantar los carros y encargarse de explicarle a los vecinos todo lo que tiene que ver con el reciclado y la separación en origen. “Nosotras hacemos un timbreo intensivo. Tenemos dos manzanas por cada compañera en una zona determinada. Les explicamos a lxs vecinxs y les decimos que le entreguen en mano directamente al cartonero o la cartonera la bolsa”, cuentan. Dicen que la recepción de los vecinos de la Ciudad es buena, y aseguran que en los barrios en los que trabajan aumenta drásticamente la cantidad de material reciclable para sus compañerxs. “Lo que nosotras denunciamos es que el gobierno de la Ciudad no sigue promoviendo este cuerpo de promotoras ambientales, no avanza poniendo los puntos verdes en la Ciudad y eso nos perjudica mucho”.

Ellas están preocupadas. Sus maridos son cartoneros y sus hijxs van a las guarderías cartoneras—otra gran victoria de los últimos años—, pero con la nueva Ley y la situación económica vuelven los fantasmas. “Y sí, el miedo de volver a levantar un carro siempre está. Esperemos que no pase porque salir de ese lugar para nosotras  fue toda una victoria. Ahora estamos estudiando en el bachillerato y queremos progresar. No queremos volver levantar una carreta nunca más”.