Por: Fotos: Sol Avena

Desde el escenario del 3J, en la marcha por el cuarto aniversario de Ni Una Menos, hubo un momento en el que se escuchó: “Este movimiento se pronuncia por la defensa del trabajo, el salario, las jubilaciones y las pensiones. Consideramos urgente recuperar el sistema previsional argentino. Todes tenemos derecho a jubilarnos. Por la prórroga en la moratoria para la jubilación de amas de casa. El sistema de cuidados forma parte de la economía y de la producción. Demandamos el reconocimiento de las tareas de cuidado: es trabajo no remunerado y quienes lo llevan a cabo debe ser reconocides”.

A menos de dos meses de que caduque el plazo para que se termine una de las políticas públicas más feministas de la historia Argentina, la que le permitió a un millón de mujeres que nunca aportaron al sistema previsional o no juntaron los años necesarios, puedan acceder a la jubilación mínima, diputadxs opositores presentaron el “Plan de Inclusión Previsional Argentino” que busca restituir el derecho que el 23 de julio verá su fin. En números concretos, el gobierno de Mauricio Macri busca socavar este derecho dejando a más de 100 mil mujeres al año sin su jubilación.

El proyecto que impulsó la diputada del Frente Para la Victoria Luana Volnovich busca prorrogar por cinco años más las moratorias. Aunque en realidad, busca sobre todo presionar al gobierno nacional para que de marcha atrás con la decisión.

Los números demuestran la importancia de esta política y el peligro de que se extinga. Por caso, solo el 14% de las mujeres logra jubilarse en tiempo y forma. El restante 86% se jubila a través de una moratoria.

Según explicó a LATFEM Alejandra Fernández Scarano integrante del CEPA y una de las asesoras de la diputada en este proyecto “el año pasado el 53% que accedió a una jubilación fue a través de moratoria. Y si vas para atrás te da un promedio del 70%, es decir, siete de cada diez personas que se jubilan es a través de una moratoria”. Según el INDEC, hay un 34% de trabajadores no registrados. En el desglose, el 31% son varones y el 37% son mujeres. Para Fernández Escarano, “mientras vos tengas un tercio de la población trabajando de manera no registrada no podés no tener moratorias, porque sino estas trasladando los problemas laborales al sistema previsional”.

El salón Delia Parodi de la Honorable Cámara de Diputados—uno de los salones más importantes, pegado al salón de Pasos Perdidos—estuvo repleto de mujeres trabajadoras y sindicalistas. Bajo la consigna #NiUnaJubiladaMenos se presentó oficialmente el proyecto que se viene mascullando hace tiempo a medida que se acercaba la fecha de caducidad de la moratoria.

 

 

Ante la falta de respuesta del Gobierno, que no mostró ninguna intención por prorrogarla, ni siquiera desde el marketing, como suele hacer, mujeres diputadas tomaron la delantera con el apoyo, sobre todo, de lxs trabajadorxs del ANSES, que también estuvieron presentes. Son ellxs lxs que ponen la cara día a día frente a lxs cientos de hombres y mujeres a quienes no les alcanza la jubilación o a los que tienen que decirle que no se van a poder jubilar.

Junto a Volnovich disertaron las diputadas Mónica Macha, Victoria Donda, Vanesa Siley y el diputado Agustín Rossi. También estuvieron presentes lxs diputadxs Gabriela Cerruti, Cristina Álvarez Rodríguez, Horacio Pietragalla y Carlos Castañeto, entre otros.

Desde los micrófonos, todxs explicaron la importancia de la continuidad de la moratoria. Volnovich apeló a que el 23J se prorrogue y que sino “las mujeres somos las que tenemos que arrancarle las jubilaciones a este gobierno”. Siley, por su parte, llamó a movilizar a la puerta del ANSES y a que la oposición convoque a una sesión extraordinaria para tratar este tema.

Mónica Díaz tiene 59 años. Cumple 60 el 26 de julio, exactamente tres días después de que venza el plazo. Gracias a la nota de LATFEM Mónica confirmó lo que algunos abogados no terminaban de explicarle. No se iba a poder jubilar, definitivamente.

“Nosotros teníamos un comercio que cerramos en noviembre de 2018 después de 50 años. Ya no se vendía. Mi marido tiene 65 años, se jubiló con la mínima como autónomo. Yo lo ayudaba a él y cuidaba a mi suegra que estuvo postrada durante 9 años. Ahora cuido a mi suegro que tiene 90 años. Nunca pude aportar. Ahora me recibí de grande de pedicura y reflexóloga pero me cuesta ejercer. Tengo casa propia en Bernal, muy bonita, la hicimos con mucho sacrificio pero está imposible pagar servicios e impuestos. La verdad es que estoy muy angustiada porque con la jubilación de mi marido que es autónomo no se puede vivir. Me fue imposible trabajar y aportar durante mi vida porque yo lo ayudaba a él en el negocio y además tenía que cuidar a mis suegros. Ahora que teníamos esta posibilidad, como la jubilé a mi mamá y a mi suegra, ya la sacan y en mi caso no entro por tres días. Mi suegro está cobrando la pensión de mi suegra fallecida y la jubilación. Con eso nos está ayudando. Es una locura”.

Cuando desde el feminismo popular se insiste en que la brecha salarial entre varones y mujeres es uno de los problemas de fondo que promueven las desigualdades, no es solo un numerito que se repite. La diferencia entre los ingresos que tienen los varones y los que tienen las mujeres es, muchas veces, la causa para que una mujer que es víctima de violencias por parte de su marido no pueda irse del hogar. En ese sentido, es sumamente interesante el informe que Inés Berniell, Dolores de la Mata y Matilde P. Machado elaboraron desde el CEDLAS, el instituto de ciencias económicas de la Universidad Nacional de La Plata. Palabras más, palabras menos: las moratorias previsionales aumentaron la tasa de divorcios. Es decir, la independencia económica de las mujeres repercutió directamente en la situación de su hogar.

“El aumento en la renta permanente de las mujeres provocó un incremento estadísticamente significativo en la probabilidad de divorcio/separación de 2,6 puntos porcentuales para las cohortes de mujeres afectadas”, sostiene el informe de la universidad.

Por eso, jubilar a las mujeres no es una conquista solamente en presente. Es reconocerles un pasado como trabajadoras activas y generadoras de valor, en un sistema de cuidados que aún sigue invisibilizando sus trabajos.