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Según la Asociación de Mujeres Axayacatl, el 90% de los acusados de violación a niñas y adolescentes en Nicaragua no han sido enjuiciados. Ese índice de impunidad se convierte en falta de confianza para las sobrevivientes.

No hay protocolos para poner en palabras una violación. Tampoco hay un instructivo para señalar el momento preciso exacto para contarlo. En tiempos de vaivén entre la virtualidad y una justicia que no siempre da respuesta, muchas veces el canal que encuentran quienes sobreviven a una violación son las redes sociales. Cinthya Zeledón puso en fila los recuerdos de una situación de abuso cuatro años después de ocurrida. Lo hizo a través de Facebook el último 7 de julio. “La mejor plaza pública a la que tenemos acceso en el país”, según la joven de Nicaragua que hoy tiene 23 años. Días después interpuso la denuncia formal por el delito de violación sexual contra Néstor Tellería en las oficinas de Auxilio Judicial de la Policía Nacional de Nicaragua. Para Cinthya animarse a contarlo fue como un boomerang: se volvió contra ella. El acusado interpuso una demanda judicial por el delito de injurias y calumnias por la que hoy ella deberá presentarse en una audiencia. De denunciante pasó a ser denunciada como reflejo de una justicia pensada a la medida de los varones que no valida los dichos de mujeres, lesbianas, travestis y trans.

“Cuando hice la publicación no sabía todo lo que iba a suceder. Fue un desahogo, una advertencia. Se hizo viral y tuvo consecuencias interesantes: muchos hombres y muchas mujeres comenzaron a escribirme como sobrevivientes de agresiones sexuales o crímenes de poder”, dijo Cinthya a LATFEM. Tras la denuncia virtual, el 17 de julio Cinthya fue a hacer lo propio en la policía. La investigación ahora está en manos del Ministerio Público. “Estoy esperando que al violador le llegue la notificación para que empiecen las audiencias”, relató. Una paradoja: la causa contra ella avanzó con más celeridad que aquella contra el hombre indicado como abusador.

Una amiga en común le presentó Néstor a Cinthya en diciembre de 2012 y empezaron a hablar por Skype. Ambos iban a la Universidad Centroamericana (UCA). Ella estudiaba la licenciatura de Comunicación Social y él Ingenieria en Calidad Ambiental. En febrero de 2013 Cinthya junto a otra amiga viajaron por el fin de semana a la ciudad colonial de Granada, a 45 kilómetros al sureste de Managua, la capital del país centroamericano. Después de ir a una fiesta en la que estaba Néstor, él le ofreció una bebida que le hizo perder la consciencia. Era la segunda vez que ella lo veía. Y fue entonces cuando aprovechó para abusar de ella. Cinthya se despertó con el cuerpo del hombre encima. “Publicar en Facebook este acto de violación es principalmente un acto de protesta. Muchas personas se preguntarán: “¿por qué denunciaste hasta hoy que Néstor Tellería te violó hace 4 años?”. Esta es la respuesta que tengo para darles, la historia de por qué lo denuncié hasta este momento. La historia de cómo me violó. La historia de mi reconocimiento como sobreviviente de la cultura de violación instalada en Nicaragua”, escribió ella el 7 de julio de este año en la red social Facebook.

El impulso para contar lo que había vivido no surgió de un día para el otro. Primero escribió lo que sentía en forma de poema en 2013. Los años siguientes el agresor la volvió a buscar y perseguir. Ella se aferró al estudio, a la Maestría de Estudios Culturales, donde se veía interpelada por la materia Culturas de Género y Violencia. Encontró en la teoría la explicación cultural a lo que había vivido.

Este año una profesora de la materia Culturas Juveniles le propuso formar parte de un equipo de investigación que explore cómo los imaginarios colectivos en hombres y mujeres jóvenes legitiman la violencia en contra de las mujeres. Ese fue el puntapié inicial para, primero, contárselo a su madre y a su hermana el último 7 de julio.

—¿Saben por qué me siento así? Se los diré porque estoy harta de tenerlo oculto. A mí me violaron cuando tenía 19 años. Era virgen y me sentí una mierda porque me hicieron jurar que iba a tener sexo solo cuando estuviera enamorada y después de terminar mi licenciatura. Yo pensaba que se habían dado cuenta de mi ostracismo. Del peso de esas ideas que se me impusieron.

Cinthya trató de mostrarse fuerte, apretó los ojos para no llorar y relató lo que vivió esa noche con contundencia. Su primera experiencia sexual había sido una violación. Minutos después de relatarselo a su familia, lo escribió en Facebook. Ella sentía-y siente-que era posible salir del lugar de objeto en el que la había puesto el violador. Contarlo la hizo sentir “distinta, valiente, apoyada”. Las marcas de ese momento de violencia extrema habían quedado en su cuerpo como una huella: a ella le costaba disfrutar de las relaciones sexuales. Denunciarlo fue para ella desmarcarse. “Me siento ligera, siento que he vuelto a conectar conmigo y con la vida”, dijo.

Recién cuando pudo hacer público aquello que había ocurrido, comprendió cómo lo había tratado de encapsular como un mal recuerdo para no sufrir. Había anotado la dirección del hotel de Granada donde sufrió la violación en un papel y lo había escondido entre las bombachas y corpiños.

#YoTeCreoCinthya

Frente a la denuncia en su contra impulsada por el agresor y el cuestionamiento de sus dichos, emergió la solidaridad entre mujeres para apoyar y validar el relato de Cinthya. #YoTeCreoCinthya fue la frase que circuló en redes sociales en formato de vídeos, carteles y textos de acompañamiento. “Las redes de apoyo son vitales para demostrar que no estamos solas ni en la vida diaria ni en la ruta de acceso a la justicia”, escribió la joven en su cuenta de Facebook.

En septiembre hicieron un plantón y el último 15 de octubre una bicicletada bajo el lema #YoTeCreo. Hoy será la primera audiencia del juicio en su contra en el Juzgado Cuarto Local de lo Penal en la Circunscripción de Managua en la Sala 18. Las capturas de pantalla de Facebook son las pruebas que el hombre señalado como violador usará en contra de Cinthya. También habrá un “plantón sororo” para apoyar a la joven.

Ella está asesorada por la abogada del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Wendy Flores. La abogada feminista Rosario Flores y Manuel Martínez están representandola. “Hay todo un equipo de trabajo para que este caso sea una sanación para mi y que sea un mensaje para chavalas y chavales: no importa el tiempo que te haya tomado hablar. Hay que vivir el proceso y cuando la persona se sienta lista es el momento para hablar y que se haga justicia”, explica.

Según la Asociación de Mujeres Axayacatl, el 90% de los acusados de violación a niñas y adolescentes en Nicaragua no han sido enjuiciados. Ese índice de impunidad se convierte en falta de confianza para las sobrevivientes.