Por: Fotos: Mariana Leder Kremer Hernández

Estamos indignadas ante el estado de indefensión y falta de garantías de derechos humanos que tenemos las mujeres en nuestro país. Según el Observatorio de Derechos Humanos de la Niñez y la Adolescencia de la CODENI1, en Managua cada 5 horas hay una menor de 14 años en labor de parto seguido de Matagalpa donde se registran cada 40 horas, este observatorio tomó las estadísticas del Ministerio de salud del periodo 2011 – 2012.

En Nicaragua unas 1,066 niñas menores de 14 años dan a luz en los diferentes centros hospitalarios anualmente, según estudio del Gedat.2 Lo que evidencia las mismas cifras de violencia sexual según nuestra legislación, más otras consecuencias como lesiones, daños prolongados a la salud mental, infecciones de transmisión sexual como el VIH y el embarazo impuesto. A esto se debe agregar un incremento significativo del riesgo en términos de morbilidad y mortalidad materna en las niñas y las adolescentes.

La evidencia clínica demuestra que el riesgo de complicación y muerte por un embarazo es cuatro veces mayor en menores de 16 años que en mujeres entre 20 y 30 años y la tasa de mortalidad de sus recién nacidos es aproximadamente un 50 por ciento mayor.

Según el estudio Embarazo impuesto por violación–Niñas madres menores de 14 años del Gedat y el Ipas, (donde se entrevistó a 15 niñas víctimas de violación que quedaron embarazadas), el sistema de protección del Estado le “falló a las niñas, negándoles la posibilidad de prevenir ser víctimas del delito y les imponen una maternidad que no decidieron”.

En relación a la violencia contra la mujer durante el periodo 2006 – 2016 hemos registrado 725 femicidios, y en lo que va del año 10 mujeres víctimas más en los que si incluyen una niña de 15 meses muerta en un tiroteo policial donde ya tenía inmovilizado al investigado, y una mujer de 25 años, secuestrada, obligada al ayuno por 8 días y quemada por el pastor de su iglesia para purificarla “porque andaba con otro hombre siendo casada”, cuando había sido violada. Estos actos reflejan la misoginia, el fundamentalismo, la impunidad imperante que envían un mensaje de tolerancia a los agresores y de naturalización de tal acto en el resto de la sociedad.

Una vez más se comprobó que el afán de dominio que quiere ejercer el hombre sobre la mujer es la causa principal de los femicidios, según las conclusiones del estudio realizado este año, por el Observatorio Judicial de Violencia de Género de la Corte Suprema de Justicia, que revela que el 79 % de las causas de estos delitos fue el “odio y el ánimo de dominación” del agresor respecto a su víctima y no así el uso del alcohol, droga o trastornos mentales, como algunas veces se pretende justificar, otro dato que evidenció es que en la mayoría de casos el agresor viola a la víctima previa al asesinato.

Con este estudio y las declaraciones de la magistrada Alba Luz Ramos presidenta de la Corte Suprema de Justicia solo vienen a reafirmar los argumentos que las defensoras de derechos humanos de mujeres y organizaciones de mujeres hemos mantenido que la violencia de género se da en las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, donde los agresores someten a sus víctimas a sus voluntades y si no obedecen las matan.

Otro estudio realizado por medicina legal y presentado a la misma Corte Suprema el pasado mes de enero concluye que la violencia hacia la mujer es una epidemia. “es un problema de gran magnitud en Nicaragua, ya que el país tiene una tasa de entre 104 y 289 pericias médico legales por violencia a la mujer por cada 100,000 habitantes, que supera los parámetros de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que indica que las tasas superiores a 10 por cada 100,000 son epidemia”.

Otro de los datos que evidenció dicho estudio fue que las víctimas fueron mujeres jóvenes menores de 18 años. Al menos 22,164 de las mujeres están entre los 13 y 18 años. De acuerdo con el IML, no tienen los elementos médico legales y científicos para poder demostrar la violencia que no deja lesiones en la mujer, es decir, lo que la OMS denomina sufrimiento por la violencia, que causa efectos psicosomáticos que producen enfermedades como la diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y gastrointestinales. En el 28% de las pericias médico legales, las víctimas no presentan lesiones físicas, precisó el estudio.

Dicho estudio se basó en los de 150,586 peritajes médico legales realizados por el IML, entre el periodo 2013 al 2015; donde 90,830, de las víctimas fueron mujeres.

Sin embargo pese a estas evidencias las instituciones de la ruta de acceso a la justicia siguen naturalizando la violencia contra la mujer al no aplicar la sanción penal de los delitos y enviando un mensaje de resignación a las mujeres víctimas, donde la mayoría de los casos como no llevan una lesión evidentemente grave las traslada a las oficinas de defensoría pública ubicadas en cada estación policial para realizar los trámites de medicación con sus agresores, luego de la medida administrativa del año pasado de no tener habilitadas las comisarías en todas las jurisdicciones donde las habían habilitados con personal policial y civil especializado para el abordaje de la Violencia Contra la Mujer.

Por otro lado se continúa con la criminalización de las luchas sociales; lo cual se ha evidenciado mediante el control a los transportistas para que estos no prestaran sus servicios para movilizar a la población organizada en acciones demanda por la reivindicación de Derechos; obstaculización de caminos, requisas y detenciones ilegales por parte de la policial con el fin de impedir que llegue a la movilización y otras acciones que tienen un mensaje implícito que funda miedo y desmovilización en la población en general para limitar la participación y movilización social principalmente de las mujeres y del movimiento campesino que es liderado por otra mujer. El asedio, intimidación, lo vivimos de parte de la policía y de grupos para militares que obstaculizaban las marchas, plantones que las organizaciones de mujeres promovemos, está en estas últimas fechas han sido más evidente en los departamentos, si se ensañaron con el movimiento campesino enviando un mensaje de intimidación a todo aquel que intentara movilizarse, causo molestia en la población pero también tiene un efecto des – movilizador, MIEDO a sumarse a la protesta de cualquier arbitrariedad de que podamos estar siendo víctimas por parte del gobierno.

Es por ello que para nosotras pararnos tiene muchos significados:

  • Detenernos y ocuparnos de nosotras mismas
  • Juntarnos con otra para protestar, pero también para reír, para bailar, para jugar, para ser libres
  • Dejar de sostener un sistema económico que nos explota y no nos valora
  • Juntarnos para protestar por la defensa de nuestras vidas
  • Por la defensa de nuestros territorios, de nuestros cuerpos
  • Darle voz a nuestra rabia, a nuestra indignación por tantas injusticias que nos limitan y quitan la vida.
1 CODENI (coordinadora de la niñez)
2 Gedat (Grupo estratégico por la despenalización del aborto) en su estudio 2016, Embarazo impuesto por violación–Niñas madres menores de 14 años

Más información sobre el #8M en Nicaragua en el Facebook de Alianza de Centros de Mujeres.