Por: Fotos: Gala Abramovich

Es una convención de los últimos meses decir que el aborto legal es una deuda de la democracia y que el 8 de marzo de 1984 fue un hito fundacional. Pero es más, mucho más. Porque nunca tuvimos los mismos derechos y nuestras biografías se marcaron con la desigualdad y cada momento histórico que contamos como nuestro fue la conquista de derechos que el resto de la sociedad ya tenía, como el voto, la patria potestad o el matrimonio. Por eso rebasa los últimos cuarenta años y por eso estamos hartxs, como esa señora que se hizo un cartel que decía “no puedo creer que siga protestando por esta mierda”.

Lo personal es político porque la heteronorma como régimen político nos ordenó al punto de privarnos de cuerpo, de funcionalizarlo para la servidumbre y la reproducción; nos tuteló desde el Estado, nos legisló cuándo y por qué motivos podíamos disponer de él, con qué artículo y causal, con nuestra palabra sospechada y nuestra voluntad en corsé. Por eso muchxs activistas pueden contar abortos propios y militancia por ese derecho de una forma anudada. Por eso también el hartazgo de nuestra ciudadanía de segunda llevó a distintas generaciones a sacar sus abortos a la luz, como una forma de transmitir la memoria de una práctica de autonomía contra el Estado. Somos muchas, siempre supimos que en las memorias subterráneas habían experiencias no transmitidas, que en cada familia, en cada grupo de amigas, habían decisiones sobre la gestión de la maternidad no contadas, había abortos. Todas abortamos o todas acompañamos a abortar.

El día previo a la sesión por el proyecto con media sanción de Interrupción Voluntaria del Embarazo, las noticias fueron operaciones de prensa, maniobras ficticias o reales sobre el tratamiento en el recinto, alimentadas por lo impermeable y reaccionario de buena parte del Senado. Se trata de nuestros derechos: las especulaciones toman nuestras vidas como rehenes. Pero ese ruido, ¿no será el patriarcado crujiendo?

Una frase del Discurso de la servidumbre voluntaria se hizo presente estos días “Pónganse de un lado a 50 mil hombres en armas y otros tantos del otro; que se los disponga para la batalla; que choquen entre sí. Los unos, libres, para luchar por su libertad, los otros para quitársela: ¿de quienes creen que será la victoria? Los unos tienen siempre delante de sus ojos la felicidad de la vida pasada y la esperanza de una dicha semejante en el futuro; no consideran tanto lo que aguantan durante el tiempo que dura la batalla como lo que no deberán aguantar, ellos, sus hijos y toda su descendencia”. No somos hombres cis heterosexuales. Luchamos por nuestra libertad, nuestra arma es el feminismo. Hoy estamos conquistando una vez más la historia. Del feminismo no hay vuelta atrás, se multiplica, iconoclastea tótems autoritarios como algunxs senadores que no ocultan sotanas. ¿Cuánto tiempo más estarán cómodxs en sus bancas lxs que nos niegan derechos? ¿Qué discurso democrático podrán recitar en sus futuras campañas? ¿Con qué legitimidad? Nosotrxs ganamos la historia, ganamos el futuro y ganamos nuestra libertad. Será ley.