El escenario configurado con el armado de listas de cara a las elecciones de medio término en la Argentina, que se llevarán a cabo en agosto y octubre, se fue preparando en los últimos meses a través de un sin fin de estrategias combinadas y de tácticas ensayadas y recalculadas. Una vez más, la coreografía política volvió a colocar a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el indiscutido centro gravitacional de la oposición política, con su candidatura a Senadora por la provincia de Buenos Aires, acompañada a último momento por Jorge Taiana, en lo que fue un sofisticado paso de baile  para el consenso entre sectores que venían atravesando tiempos de incertidumbre en torno a la unidad de un espectro social que supo ganar una elección presidencial con el 54%. Un baile, una coreografía y un cuadro en el cual el movimiento de mujeres se coló por todos los poros de la escena política, por concesión o por convicción, pero de manera incontestable.

La reivindicación histórica de paridad en los cargos electivos de la democracia, conjuga una compleja trama de avances sociales, organizativos y políticos que involucró a casi todas las fuerzas políticas de la argentina. Si bien la ex presidenta CFK tensó el arco en la última semana cuando ordenó completar todas las listas del frente Unidad Ciudadana de acuerdo a la fórmula del “Una y Uno”, lo cierto es que ya desde hace al menos dos años que el debate venía avanzando con fuerza. En 2016 Malena Galmarini, dirigenta del Frente Renovador, fue una de las principales impulsoras del proyecto de paridad de género en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, a través de la banca de Sebastián Galmarini y con el apoyo de casi todas las fuerzas de la Provincia. Desde octubre de 2016 la paridad es ley en la Provincia, y ninguna lista puede ser oficializada si no cumple con el requisito de presentar un cupo femenino del 50 por ciento. Por supuesto que, además, este cupo refiere al género autopercibido y representado en el Documento de identidad, recostándose así la ley en el derecho a la libre elección de identidad de género que rige en el país desde 2012.  Sin embargo, la paridad a nivel nacional todavía no encontró su camino, en parte por la resistencia de la cultura política machista argentina y en parte porque algunas fuerzas votaron en contra del proyecto que venía unido al de reforma electoral. Al fin y al cabo, la paridad nacional quedó cajoneada, pero se inició desde entonces una campaña intensa por su aplicación de hecho, para que las fuerzas políticas se coloquen a la altura de una demanda que trasciende al momento electoral y que late como un ansia de igualdad en las calles. Los espacios políticos capaces de ir más allá del cupo del 30% sancionado en los 90, no hacen más que llevar a cabo una excelente lectura estratégica de lo que está ocurriendo en la argentina, al calor de las masivas movilizaciones, agitaciones, asambleas y producción de discursos que el feminismo no cesa de recrear.

La transversalidad con que esta conquista se amasó a lo largo de los años, triunfando como ley en la provincia de Buenos Aires y naufragando en el Congreso Nacional, obedece a un contundente, masivo, corrosivo y radical acontecimiento social, cultural y político que atraviesa a la Argentina: el ascenso irrefrenable del movimiento feminista. Movimiento tan transversal como nutrido de incolumnadas y organizadas, movimientos sociales, ONG, partidos políticos, colectivos de investigación, asambleas de articulación y un sinnúmero de experiencias que desde la irrupción en 2015 de la consigna #NiUnaMenos, logró articular una cantidad de demandas en las calles, tensionando al interior de todo linaje político, de toda organización y del Estado, la cultura desigual y macha con que en Argentina se hizo política históricamente.

En estas complejidades se movió históricamente la paridad, reivindicación tanto de movimientos populares como de la izquierda trotskista y las derechas liberales. La fuerza que lidera quien propusiera hace unos dos años una ley de derribo de aviones ante sospecha de narcotráfico, fue a la vez protagónica en el debate por la paridad; y fuerzas sociales que denuncian hace años el avance de la violencia institucional en la Argentina, también se alinearon y proyectaron la agenda.

Según la estimación del instituto Proyección Ciudadana, la composición de la listas en la provincia de Buenos Aires resultó: por parte del frente Unidad Ciudada (que lleva la fórmula CFK- Jorge Taiana), los hombres conforman el 52,4% de la lista, mientras que el 47,6% lo conforman mujeres. Para el Frente País (Sergio Massa- Margarita Stolbizer), 60% masculino frente al 40% de mujeres. En cuanto al Frente de Izquierda y de los Trabajadores (Néstor Pitrola- Andrea D’ Atri) , el 62,5% de varones ante un 37,5% de mujeres. Para la Alianza oficialista Cambiemos (Esteban Bullrich- Gladys González), hay un 62,9% masculino ante un 37,1% de mujeres. Y para el espacio Cumplir (Florencio Randazzo- Florencia Casamiquela), un 71,4% de varones ante un pequeño 28, 6% de presencia de feminidades en las boletas.

En síntesis, un 62% de los candidatos de la PBA son hombres, mientras que el 38% son mujeres. 

¿No es acaso esta distribución de los porcentajes de la paridad una muestra cabal de que una de las batallas más importantes del momento político, traducida en la elección, pasa por el condicionamiento que, en cuanto a la paridad (pero también en cuanto a otros temas), el movimiento de mujeres ha desplegado en el conjunto de la política argentina?

La fuerza que más se acerca a un esquema igualitario en la distribución de género es Unidad Ciudadana, seguida por el frente PAIS y luego por el FIT. El espacio qué más lejos quedó de una distribución equitativa es CUMPLIR, a pesar de llevar en la cabeza de la fórmula a una joven militante peronista y feminista, la abogada Florencia Casamiquela.

 

Candidatas en tiempos de neoliberalimo

Carolina Brandariz tiene 35 años, es docente y secretaria de género de UTE, además es militante del Movimiento Evita; es una de las jóvenes candidatas de la lista de Unidad Ciudadana dentro del frente Unidad Porteña en CABA. Este frente irá a las PASO en la Ciudad también con las listas Ahora Buenos Aires y Honestidad y Coraje. Brandariz fue una de las impulsoras en el último tiempo del proyecto de Licencias por Violencia de Género para docentes, desde la UTE (Unión de Trabajadores de la Educación). Para ella “la transformación cultural logró imponer un acercamiento a la paridad incluso antes de que la ley llegue a ese lugar”. “Es hora de visibilizar y potenciar en la Ciudad de Buenos Aires todas las políticas públicas de protección integral hacia la mujer. Hay que recuperar la política de los Centros Integrales de la Mujer, que supuestamente iban a estar en todas las Comunas, pero no los hay y su funcionamiento, cuando existen, se da de manera limitada y desarticulada con otros organismos del Estado que tienen políticas integrales dirigidas a las mujeres, señala. “Es necesario también discutir cómo se garantizan las medidas cautelares para las mujeres víctimas de violencia de género. Y, fundamentalmente, los paradores y las casas de la mujer: el estado de situación de los paradores es lamentable, proponen una vida en situaciones de alta precariedad, de muchísima marginalidad y violencia”. Por otro lado, sostiene que “es necesario que de una vez se concreten todos los proyectos de licencias para las mujeres trabajadoras”.

Vicki Freire (32), referente de la agrupación feminista, mixta y disidente Mala Junta (parte de la organización Patria Grande),  es una de las principales candidatas por Ahora Buenos Aires (compuesto por Patria Grande y Seamos Libres, dos jóvenes fuerzas que empiezan a hacer pie en todo el país) una de las listas que compiten dentro del espacio Unidad Porteña. En una valoración sobre la composición de las listas, fundamentalmente en los cargos más destacados, considera que “las mujeres tenemos una presencia significativa, al punto de que hay mujeres disputando candidaturas con mucho peso y con mucha capacidad de definir. En la Ciudad de Buenos Aires esto se expresa fundamentalmente con la participación de Elisa Carrió, que es quien va a buscar aglutinar los votos del PRO, que como sabemos son muy fuertes en la ciudad de Buenos Aires. Y CFK, que es el gran dato, el gran hecho de la elección en términos nacionales, en la PBA, buscando aglutinar y expresar un voto de resistencia y de rechazo al modelo neoliberal del PRO”. “Hay una participación femenina que se ve en todos los distritos, con candidatas de trayectoria como Stolbizer y Cerruti, o extra partidarias como Fernanda Vallejos y Gisela Marziotta”, apuntó. Con respecto a las reivindicaciones propias del movimiento de mujeres y fundamentalmente a la violencia machista, en el programa de Unidad Ciudadana en PBA y en Unidad Porteña, donde compite Ahora Buenos Aires, hay candidatas travestis como Alma Fernández, o vinculadas a los derechos humanos como Elizabeth Gómez Alcorta, abogada de Milagro Sala. “Buscamos que en nuestras propuestas las reivindicaciones vinculadas a los derechos de las mujeres, trans, lesbianas y travestis cumplan un rol central. Tenemos la voluntad de cumplir con una agenda vinculada al movimiento Ni Una Menos, y por eso nuestras compañeras tienen un lugar central en las listas. Llegamos al cupo en la Ciudad de Buenos Aires, pero también nos parece fundamental que las compañeras que ocupan lugares en las listas expresan una perspectiva, una militancia, una agenda feminista”, dijo Freire. La lista de Ahora Buenos Aires lleva por la ciudad a doce candidatos a diputados nacionales varones y once mujeres, mientras que para la Legislatura propone a 22 mujeres y 17 varones.

Myriam Bregman (45), que encabeza la lista de legisladores en CABA por el FIT, y que seguramente vuelva a ocupar una banca clave para el movimiento de mujeres, luego de vencido su mandato en el Congreso Nacional este año, adelanta que va a presentar “una batería de proyectos, comenzando por las propuesta de declarar la emergencia laboral. La desocupación supera el 9 por ciento en la ciudad y esa cifra es aún mayor en las mujeres, que además somos las que más sufrimos la precariedad laboral”. El análisis de Bregman no es menor, ya que recoge una de las cuestiones centrales que estuvieron presentes tanto en el Paro de Mujeres del 19 de octubre de 2016 como en el 8M, Paro Internacional de Mujeres. La caracterización de fondo que el movimiento de mujeres viene llevando a cabo en torno a cómo la pauperización de las condiciones de vida que el ajuste viene profundizando perjudica sobre todo a las mujeres, coloca al movimiento mucho más allá de la agenda reivindicativa de las luchas contra el femicidio-un eje que sigue siendo central, sobre todo cuando el Plan de Erradicación de la violencia hacia las mujeres tiene un presupuesto destinado fundamentalmente a la construcción de refugios que ni siquiera se han puesto en marcha- .

Se trata, también, de la profundización de un proceso de transferencia de recursos que no ha hecho más que acelerar la crecida de los índices de indigencia y pobreza, perjudicando en la Provincia de Buenos Aires sobre todo a los hogares de jefatura femenina. Según el último informe del Observatorio del Conurbano bonaerense sobre la incidencia de la pobreza en el área, la misma cala un 39,3% en los hogares de jefatura femenina, contra el 31,2% para los hogares de jefatura masculina. Por otro lado, la principal variable de impacto en los hogares viene siendo el incremento de la desocupación: un 71,1% de las personas pobres se encuentran en hogares de jefaturas desocupadas. Si analizamos este dato a la luz del hecho de que la desocupación femenina escala aproximadamente dos puntos por encima de la desocupación de los varones, nos encontramos con un panorama al estilo de un cóctel explosivo de desocupación, pobreza y violencia en diversos ámbitos de la vida.

Ante esto, la campaña electoral no podrá ser ajena y el movimiento de mujeres tiene puntos muy importantes que señalar en la escena. La reivindicación histórica de paridad, pero también el desafío de mostrarse como actriz social, cultural y política en el contexto de las resistencias al neoliberalismo depredador.