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Mayra Arena llegó a la televisión propulsada desde la plataforma TedX, esa que pasteuriza cualquier discurso en un cuarto de hora y que combina experiencia singular y sentido común, datos y emotividad, una historia personal, humor y lágrimas. Cuando una persona llega a ser protagonista de una charla Ted, ya tiene una historia de superación personal para contar, compartir y generar empatía. Con aquellxs que se pueden indentificar y con aquellxs que la miran a traves de una pantalla, como se mira un espécimen extraño en la vitrina de un museo.

I. Para llegar a la tv una persona pobre tiene que estar bañada, bien vestida, peinada, maquillada. Tiene que estar “civilizada” y socializada. Tiene que estar adecuada al contexto, no desentonar, hablar una lengua que entendamos todxs. Puede conservar algún rasgo de origen, altas llantas, pelo teñido, un resto de acento en el habla, alguna marca en el cuerpo. Pero una persona pobre en televisión no es la persona pobre que nos cruzamos en el descanso del subte, pidiendo plata como un mantra, con bebés sucios dando vueltas como moscas, hedionda y amenazante. Para estar en la televisión una persona pobre tiene que ser ex pobre.

II. Mayra Arena llegó a la televisión propulsada desde la plataforma TedX, esa que pasteuriza cualquier discurso en un cuarto de hora y que combina experiencia singular y sentido común, datos y emotividad, una historia personal, humor y lágrimas. “¿Qué tienen los pobres en la cabeza?”, se titula su charla. Cuando una persona llega a ser protagonista de una charla Ted, ya tiene una historia de superación personal para contar, compartir y generar empatía. Con aquellxs que se pueden indentificar y con aquellxs que la miran a través de una pantalla, como se mira un espécimen extraño en la vitrina de un museo.

Mayra Arena llegó a la televisión propulsada desde la plataforma TedX, esa que pasteuriza cualquier discurso en un cuarto de hora y que combina experiencia singular y sentido común, datos y emotividad, una historia personal, humor y lágrimas. Cuando una persona llega a ser protagonista de una charla Ted, ya tiene una historia de superación personal para contar, compartir y generar empatía. Con aquellxs que se pueden indentificar y con aquellxs que la miran a traves de una pantalla, como se mira un espécimen extraño en la vitrina de un museo.

III. En 1968 el artista Oscar Bony llevó a la sala del Instituto Di Tella a una familia obrera. Padre, matricero de Valentín Alsina, su esposa e hijo se colocaron en respectivos podios blancos para su exhibición en la sala de la calle Florida. Un cartel avisaba que por estar ahí el obrero cobraba el doble que en su trabajo habitual. Limpios y expuestos, pero sin el tamiz del ascenso (esta familia obrera se había traspolado directo de su origen a la sala), lxs pobres de Bony no tuvieron ni tienen el mismo efecto simbólico que Mayra Arena en la charla Ted. Permanecieron un Otro. Intrusos, en el sentido que les da el filósofo francés Jean Luc Nancy, un otro que no termina de alterarse, Los obreros de Bony volvieron a su villa. Mayra Arena, como hace unos años también lo hizo Daniel Cerezo, muestran en su Ted la casilla de la que salieron como un recorte del pasado. Yo puedo ser como ustedes, nos dicen. Pero jamás: ustedes pueden ser como yo.

IV. La mirada sobre la pobreza se configura desde la experiencia: “Ser pobre es irse a dormir y soñar que se come” (Arena), “la peor pobreza es la pobreza de lo cultural”, “para dar no hace falta tener algo en el bolsillo” (Cerezo). “La pobreza poco tiene que ver con lo económico”. “La pobreza tiene que ver con la dignidad que se pierde” (también Cerezo).  

Que podamos ver cómo una serpiente se come a una rata en un serpentario no significa que podamos encontrarnos cara a cara con la serpiente. Ni siquiera con la rata.

V. El salto al aire se produce cuando la persona pobre pasa de la charla Ted al vivo de la televisión. En el piso del programa de Luis Novaresio, con un ministro, un ex gobernador, una actriz y un conductor habituado a llevar invitadxs que sostienen un discurso oficialista, Mayra Arena se sacudió algo de la condensación higiénica del formato Ted. Repitió, sí, algunos conceptos y frases de su conferencia, pero también agregó: “Soy peroncha”. A diferencia del pobre macrista que fue Daniel Cerezo, solidificando la narrativa del caso, del liderazgo y de la superación personal que propone Cambiemos, Mayra Arena defendió la educación pública en el prime time frente a cámaras.

VI. En la tele, Mayra Arena tenía en su puño el pañuelo verde de la Campaña por el Aborto legal, seguro y gratuito. Madre a los 14, Mayra ya no integra el número de pobres que en las encuestas se oponen a ley de interrupción voluntaria del embarazo ni quiere ser (ni es) ya de esas pobres que, explica, tienen hijxs y muchxs porque es lo único propio que pueden tener. Lxs vecinxs y los compañeritxs de estudio que le permitieron acceder al uso de inodoro y bidet, que le mostraron que se puede comer al mediodía y a la noche diferentes comidas, y muy probablemente su paso por la universidad pública -en la facultad de Ciencias Políticas- la habilitan, hoy, a llevar su pañuelo verde de las masas feministas medias.

VII. Mayra, además, es mujer. Y eso, cuenta, desmintiendo la intersección entre clase y género, le permitió recibir mejores limosnas que sus pares varones. “La nena da mas pena”. Arena no es la primera piba pobre que llega a la tv. Hay otras, coristas en los programas de bailanta, líderes de la canción romántica cumbiera o la novela, autodenominados Pibes Chorros formando una banda de música, justamente porque ya no lo son.

VIII. Queremos ver al pobre planchadito planchadito planchadito. En la pantalla, como un actor o una actriz que nos explica y nos conmueve, pero si lo vemos tirado en la calle con su manta sucia y su cartón, cruzamos de vereda.

IX. Tras su paso por la televisión, no fue lo mismo. Buena parte de la audiencia prefirió conservar la imagen de Mayra en Ted. Su postura amable y educada pero combativa en las respuestas del periodista ya decepcionaron a la conciencia burguesa que había podido empatizar con ella. A Mayra se le empezó a notar la bronca y el reclamo. A ver si me la cruzo piqueteando, coartando el derecho de los que quieren ir a laburar. No me cierra, dijeron varies en las redes. Lo que se cierra frente a esta Mayra peroncha, que además de dar pena cuestiona, es la espiral de silencio que pareció haberse abierto. El silencio que nos aleja de les pobres y que cada tanto susurra desde la alcantarilla. Para hacernos trastabillar y provocar la caída de un estado de cosas, de una monedita o la caída de ojos que nos deje mirar para otro lado.