Cuando estudié filosofía en la Facultad di con un libro de un pensador norteamericano, cercano a la tradición liberal, llamado John Rawls, denominado “Justicia como equidad. Política, no metafísica”

Siempre me resultó intrigante la segunda parte del título. ¿Qué significa la expresión “política, no metafísica”? ¿Y qué significa en relación a la justicia de una sociedad?

Significa que para ciertas cuestiones que atañen a la vida social en común (y sobre todo a las inequidades o desigualdades del orden social), no sirve discutir posiciones metafísicas ya que nunca nos vamos a poder de acuerdo…

¿Qué es una posición metafísica? Es una palabra que viene del griego y que quiere decir: aquello que está más allá de la física, o sea de la naturaleza. La metafísica es una concepción de las cosas que excede toda posibilidad de comprobación última y que por ello termina siempre autojustificándose a sí misma

Por eso, nunca podría haber acuerdo entre posturas metafísicas. Por ejemplo, jamás podría haber acuerdo entre un creyente y un ateo, en temas como la existencia de Dios o la existencia del alma, o sobre el origen del universo.

Pero para peor, tampoco va a haber acuerdo sobre los criterios que posibilitarían un acuerdo: la discusión entre un ateo y un creyente no se dirime sacándole una fotografía a Dios, o llevando a un médico a que revise la espalda de los ángeles. Es clarísimo el ejemplo del juicio de Galileo, cuando el cardenal Bellarmino lo interroga en el juicio y le saca el telescopio con el que Galileo pretendía probar sus teorías, y mirándolo a los ojos y con el telescopio en la mano, le dice: usted me va a decir que hay más verdad en este pedazo de lata que en la palabra de Dios…

¿Cómo ponernos de acuerdos si ni siquiera hay acuerdo acerca de lo que es un acuerdo?

Hasta incluso me atrevo a decir que hay ciertas posiciones científicas, o más bien cientificistas, que también suponen, oculta, una metafísica: de hecho, la misma experiencia empírica, esto es, lo que vemos con nuestros ojos de modo inobjetable supone confiar (en la palabra “confianza” está la palabra “fe”) en la transparencia de los sentidos: ¿por qué admito en última instancia que lo que veo es lo que veo y que los ojos acceden a la realidad tal como es?

Esta falta de acuerdo se manifiesta en este debate con la polémica  acerca del origen de la vida: ¿cuándo comienza la vida?, ¿cuándo se trata de una persona? ¿Cuánto abraca la vida? ¿Hay vidas más importantes que otras? Cada posición va construyendo una red de conceptos asociados y siempre termina justificando lo que previamente quería demostrar. No estamos hablando de otra cosa que de la posverdad

Por eso, creo que el debate sobre el origen de la vida es un debate que no vale la pena dar, que no vale la pena priorizar frente a las  urgencias que día a día nos depara la existencia social del aborto. Creo que es mejor no discutir metafísica para dirimir cuestiones públicas. Dejemos las discusiones metafísicas (que están buenísimas) para nuestra formación existencial, para la elección que hacemos de nuestra forma de vida privada, para definir con quienes queremos forjar amistades; pero para construir el orden social y convivir con la diferencia del otro, hagamos política

Saquemos a la verdad de la cuestión pública, pongámosla entre paréntesis. En nombre de la verdad se han cometido los más grandes exterminios de la historia. No pueden convivir nunca la democracia y los absolutos. No pueden convivir nunca la democracia y la verdad. Es que si hay una verdad y alguien cree poseerla, entonces al otro se lo ningunea, se le quita entidad (y automáticamente se lo convierte en un enemigo o en un ignorante o en un asesino)

El aborto es una cuestión política. Hablemos entonces de política…

Nuestra sociedad tiene que hacerse cargo de las desigualdades sociales que condenan a muchísimas mujeres en situación de desventaja social a la práctica de abortos en condiciones infrahumanas. Cada mujer que se desangra por falta de acceso exige que el Estado intervenga. Necesitamos política, no metafísica

Nuestra sociedad tiene que hacerse cargo de acompañar el proceso de emancipación del cuerpo de la mujer, históricamente sojuzgado, y naturalizada su expropiación. La naturalización del cuerpo de la mujer como receptáculo reproductor la ha condenado a la desapropiación de su propia autonomía. Una mujer que no decide sobre su propio cuerpo es una ciudadana de segunda. Política, no metafísica

Nuestra sociedad tiene que hacerse cargo de garantizar que cada cual pueda desarrollar en su vida privada, la concepción metafísica que desee. Lo único que debe resguardar la ley es que nadie imponga su propia concepción como razón de Estado. Cualquier cosmovisión metafísica puede ser, para quien la profese, muy beneficiosa en la formación del sentido de las personas, pero se vuelve autoritaria cuando se pretende norma universal. Si se promulgase esta ley de interrupción voluntaria del embarazo, nadie te va a obligar a vos a que abortes: no sigas vos obligando a muchísimas mujeres a no decidir por sí mismas. Política, no metafísica

El aborto es una cuestión política. Hagámonos cargo