Por:

Este próximo 8 de marzo las mujeres de diferentes países del mundo estamos organizando un Paro Internacional de Mujeres como respuesta a las políticas, las actitudes, las convivencias y las culturas machistas que sufrimos simplemente por ser mujeres. Razones sobran para organizarnos y luchar contra un sistema que nos ha tratado como ciudadanas de segunda categoría, un sistema que se ha apropiado de nuestros cuerpos, un mundo que ha normalizado la violencia machista en todos los ámbitos de nuestra cotidianidad. No es casualidad que entre los reclamos de los grupos de mujeres de diferentes partes del mundo haya muchos que se repiten como la desigualdad salarial, la precarización de las tareas que hacen las mujeres, el acoso sexual, la falta de representatividad en los espacios donde se toman decisiones, la prohibición del derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, la imposición de la maternidad, los feminicidios y podríamos continuar con una lista que se siente infinita.

Las compañeras Latinoamericanas ya han tomado las calles en diferentes países con la consigna #NiUnaMenos, refiriéndose al alto número de feminicidios sufridos, y en Estados Unidos con la gran marcha del 21 de enero en contra de todo lo absurdo que propone Donald Trump. Estas manifestaciones han demostraron la fuerza que tenemos cuando nos juntamos y abrazamos, desde nuestros diferentes espacios y comunidades, las causas de todos los grupos por el bien de nuestras vidas.

En Puerto Rico, si bien nos hemos lanzado a la calle en diferentes momentos y hemos celebrado el 8 de marzo, este año decidimos que era necesario llevar un mensaje contundente al gobierno colonial, la junta de control fiscal, los buitres y al fundamentalismo religioso, por eso, y al igual que está pasando en más de 40 países alrededor del mundo, hemos convocado un #ParodeMujeres para celebrar el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras.

¿Por qué un paro?

Si bien el paro tuvo una gran e importante acogida entre diferentes grupos de mujeres, algunos grupos sintieron que tal vez la actividad de protesta no se debía llamar paro si realmente no se pretendía parar ningún centro de trabajo en particular. Aunque apoyaban las actividades propuestas y reconocen que hace falta una acción contundente, les preocupaba que al final no se cumpliesen las expectativas de un paro tal y como lo conocemos. “¿Por qué llamarlo paro?” ha sido la constante pregunta que nos incomodó, y nos incomoda todavía, pero debemos reconocer que el ejercicio de debatir el nombre, que sí importa, nos ha ayudado no solo a afianzarnos en la idea sino a empezar a deconstruir la imagen que tenemos sobre los paros e incluso sobre las luchas.

Hablamos de un Paro de Mujeres, de mujeres que trabajan dentro de casa o fuera de casa, de mujeres que pueden estar organizadas o no, de mujeres que son madres o no, de mujeres de las comunidades LGBTTIQ, entre muchas otras. Es decir, demostrar qué pasaría si dejamos de hacer por un tiempo específico lo que la sociedad espera de nosotras, y ese tiempo que paremos durante el 8 de marzo lo decidimos las mujeres, y cómo paramos las labores también lo decidimos las mujeres. El impacto empieza por nosotras, nos empodera, nos obliga a reflexionar sobre nuestra fuerza individual pero sobre todo colectiva, y continúa en la calles demostrando que sí podemos desestabilizar el país, que sí podemos hacernos oír, que sí tenemos el poder de empezar a cambiar un sistema que se beneficia de nuestra exclusión y explotación. Por eso, desde la Colectiva Feminista en Construcción hemos impulsado el paro por todas las razones expuestas al principio, pero también por nuestros reclamos particulares:

  • Paramos a favor de la perspectiva de género como una herramienta para promover la justicia y la solidaridad en nuestra sociedad. Exigimos que se detenga el cierre y la privatización de las escuelas públicas, que le paguen un salario digno al magisterio y que se frenen los recortes en la Universidad de Puerto Rico.
  • Paramos para exigir la auditoría de la deuda como un mecanismo urgente que identifique qué parte de la deuda es producto de la corrupción de los diferentes gobiernos de Puerto Rico. A su vez, rechazamos la imposición de una Junta de Control Fiscal Colonial cuyo único propósito es pagar una deuda a los bonistas a costa de nuestro bienestar. Demandamos que se reconozcan las tareas domésticas y de cuidado como un trabajo necesario que tiene que estar remunerado y luchamos por un retiro digno y un salario mínimo que nos permita disfrutar de nuestro tiempo libre.
  • Paramos para reclamar el derecho sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos, demandamos que el aborto sea libre, gratuito y seguro; impulsamos el parto humanizado y condenamos la violencia obstetra. Nos organizamos para conseguir un plan de salud universal, mejorar los servicios de salud integral y proveer los servicios necesarios a las comunidades LGBTTIQ. Por nuestra salud y la de nuestro medio ambiente, demandamos la protección y el respeto a nuestra tierra y nuestras comunidades.
  • Paramos para exigir la separación de la iglesia y el estado, y la creación de un estado laico que represente a todas las personas. Condenamos la violencia machista que sufrimos las mujeres dentro de nuestras casas, en los centros de trabajo y la violencia institucional. Repudiamos el machismo en la policía de Puerto Rico que sigue re-victimizando a las mujeres que han sufrido la violencia machista. Demandamos poder transitar las calles de forma segura y libre de acoso y que se refuerce una implementación adecuada de la ley 54. Exigimos respeto para las personas inmigrantes y las comunidades LGBTTIQ y que se eliminen los roles de género que impone el propio gobierno.

Por todas estas razones, este próximo 8 de marzo Nosotras paramos y esperamos que el resto del país se una a nuestra lucha, porque nuestros reclamos son también los reclamos del país, porque nuestras propuestas son mejorar a la calidad de vida del país, porque el feminismo interseccional y decolonial es un camino que debemos abrazar si realmente queremos cambios que nos beneficien a todos los seres vivos que habitamos este planeta. Ya es hora de erradicar un sistema económico y social que solo nos ha traído dolor y destrucción. Esperamos que este día sea uno de muchos porque en los últimos años nos hemos acostumbrado a una precariedad que generaciones anteriores no habían conocido. Como expresó la compañera de PODEMOS, Teresa Rodríguez, en su discurso en la Asamblea de Vistalegre el pasado 12 de febrero, “el principal riesgo que me atemoriza a mí [es] el olvido, que la siguiente generación se acostumbre a vivir sin derechos, que olviden qué le robaron y que olviden quiénes se lo robaron”. Por eso, porque nos negamos a perdonar y a olvidar, este 8 de marzo, las calles son nuestras.

Más información en el evento de Facebook del Paro de Mujeres en Puerto Rico.