Por: Fotos: M.A.L.

Como en las otras audiencias, la plaza frente a tribunales se volvió un punto de encuentro para el aguante y el abrazo colectivo de activistas y familiares de Diana, que se mantuvieron en vigilia haciendo una radio abierta.

Fue más corta que las otras, pero igual de intensa. La cuarta audiencia por el crimen de Amancay Diana Sacayán –activista travesti por los derechos humanos, coordinadora del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación y trabajadora del área de diversidad del Instituto Nacional Contra la Discriminación la Xenofobia y el Racismo INADI– tuvo las declaraciones de dos testigos convocados por el lado de la defensa. Ahora quedan al menos cuatro audiencias más. Dos van a ser de testigos (el 16 y el 20 de este mes) y después vendrán los alegatos (el 7 y 14 de mayo). Después llegará el turno de las réplicas, por lo que no se sabe una fecha exacta de cuándo terminará este juicio que tiene como único imputado a Gabriel Marino, de 25 años.

Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las travestis en la cara de la gente

Como en las otras audiencias, la plaza frente a tribunales se volvió un punto de encuentro para el aguante y el abrazo colectivo de activistas y familiares de Diana, que se mantuvieron en vigilia haciendo una radio abierta.

Como en las otras audiencias, la plaza frente a tribunales se volvió un punto de encuentro para el aguante y el abrazo colectivo de activistas y familiares de Diana, que se mantuvieron en vigilia haciendo una radio abierta.

“Es cierta la ambivalencia: una quiere que termine ya, pero también sentimos que todavía quedan muchas cosas por decir, muchas cosas por escuchar y sobre todo muchas cosas por entender”, dijo Luciana Sánchez, abogada representante de la familia de Diana: “Que sea el primer juicio por travesticidio es un triste honor que requiere eso: que haya muchas cosas que tengan que ser dichas. Obviamente que hay cosas tan básicas que no habría que explicar, pero hay que insistir: insistir en que las compañeras son travestis, que los asesinatos no afectan de la misma manera”.

La tarde del 13 de octubre de 2015, apenas conocida la sospecha de que la persona asesinada en el edificio a una cuadra de la plaza de Flores podía ser Diana, Sánchez estuvo en la puerta, custodiando que todo el procedimiento se hiciera de forma correcta. Se puede decir, y no sería exagerado, que acompaña el caso desde la hora cero. Por eso -tanto para la familia como para quienes piden justicia por Diana- el nombre de la abogada, activista y lesbiana, es una garantía de que el procedimiento está en buenas manos.

“Lo que se está pidiendo es cadena perpetua, que son 35 años de cárcel sin ningún tipo de atenuante”, dijo Sánchez y explicó el espíritu detrás de la cantidad de testigos llamados a declarar: “Nos parece importante que haya justicia pero también que no haya más travesticidios. Por eso vemos la oportunidad de pedirle a estos jueces que den medidas para que este no sea un caso excepcional, que no sea el único caso en el que realmente se investigó: sino sirva para todos los casos donde nuestras compañeras son víctimas mortales. Y también las tentativas, porque sabemos que hay muchos casos que nunca son juzgados y que los atacantes andan sueltos. Diana fue una de las compañeras que trabajó mucho para visibilizar los travesticidios. Y creemos que visibilizarlos es una herramienta más para evitar que sucedan”.

El testimonio de Lohana Berkins

Hay muchas cosas que recién se van a escuchar en los alegatos. También falta incorporar la prueba por lectura dentro de las que estará el testimonio de la activista Lohana Berkins. Antes de su muerte, en febrero de 2016, Lohana se había encargado de forma personal de hacer aportes a la causa, e incluso mantuvo varias reuniones con la fiscalía para optimizar la investigación en casos de travesticidios. Es por ello que para la defensa, más allá de la formalidad, es muy importante que su testimonio entre por lectura.

Durante esta cuarta jornada, los miembros del Tribunal Oral Criminal N° 4 –compuesto por Adolfo Calvete, Ivana Bloch y Julio Báez –escucharon las declaraciones de un inspector que participó del allanamiento para detener a Marino en la casa donde vivía con su familia y de un hombre para el que trabajaba: el contador al que el acusado se refirió durante las escuetas palabras que habló al comienzo del juicio. Este último testimonio se hizo largo: duró casi una hora media y en varias veces sonó repetitivo, con detalles que dieron un perfil de cómo era Marino antes de estar en la cárcel. En la sala de tribunales también estuvieron los representantes del Ministerio Público Fiscal Ariel Yapur y Mariela Labozzetta -encargada de la UFEM: Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres y personas LGBTIQ-, la querella del INADI -representada por Juan Kassargian- y Lucas Tassara, defensor oficial de Marino.

La defensa de la familia de Diana adelantó que su estrategia apunta no solo a los años de cárcel del acusado, sino también en otras medidas de reparación y no repetición, que serán pedidas tanto al tribunal como a otras instancias de Gobierno.

“Nosotros ya llevamos dos años y pico con todo esto, estamos ansiosos, estamos apurados pero también sabemos que la justicia se toma su tiempo, porque nunca lo ha hecho”, dijo Sasha Sacayán, hermano de Diana. Y consideró que aunque se hace difícil tener paciencia, es algo que puede dejar un fallo ejemplar: “Esto no solo se trata de Diana Sacayán, se trata de lo que va a significar que lo que el tribunal se pronuncie sobre estas muertes”.

Caída la tarde, después de bailar las canciones de Bife y escuchar la palabra de las activistas que compartieron sus testimonios, se escuchó un grito unísono que dio por cerrada la jornada:

-Amancay Diana Sacayán ¡Presente! ¡Ahora y siempre!