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Zanellato ejerce una operación política que pone a su primera novela en línea con otros relatos feministas sobre la construcción de las subjetividades femeninas.

Entre dos ríos, de Romina Zanellato, novela corta publicada este año por Rosa Iceberg, cuenta algunas percepciones de una mujer joven habitante del siglo XXI. Alina está notablemente incómoda con el tiempo y sus preguntas tiran por la borda con agua sucia y bebé adentro todo el sentido común en torno a las mentes de las mujeres jóvenes. Alina lidia con lo que Patti Smith dice en el epígrafe del libro: la angustia ante la tensión entre lo efímero y lo permanente. Si anda papando moscas no es por “cabecita de novia” ni por triste, es que está concentrada en explicarse a sí misma la memoria de su cuerpo.

Un día Alina recibe una caja con cartas entre sus abuelxs, más que de amor romántico esas misivas son de un amor cotidiano, material. Un amor inentendible para Alina. Con ese tesoro que por momentos vive como un regalo condenatorio, que la obliga a la pesadumbre, viaja aquí y allá en busca de saciar su curiosidad.

Las preguntas que Alina lanza al pasado persiguen respuestas para su futuro. El relato va y viene en el tiempo y los territorios, entre el río Limay y el Paraná, y en ese mapeo de recuerdos y de vivencias Alina va construyendo una memoria de las mujeres de su familia. No hay espacio para la voz paterna, la sabiduría de lo permanente fue tejida con manos femeninas, la abuela, la madre, Alina. Lo que queda es eso: el recupero de la memoria femenina siempre apartada por improductiva, por rosadita. En ese ejercicio de escucha y relevamiento de las voces familiares, Zanellato ejerce una operación política que pone a su primera novela en línea con otros relatos feministas sobre la construcción de las subjetividades femeninas.

Zanellato ejerce una operación política que pone a su primera novela en línea con otros relatos feministas sobre la construcción de las subjetividades femeninas.

Pero no es sólo el pasado lo que inquieta a Alina. Una relación sexoafectiva con Ramiro le pone el cuerpo sobre la mesa, un cuerpo abierto de par en par, entregado como banquete para un varón que antes de pedir el postre se va corriendo. “¿Cuánto dura un amor de verano?”, se pregunta Alina, lo que el varón quiera, podríamos responderle. Ante el golpe del desamor la respuesta es girar sobre una misma, mirar a los costados, hacia el pasado, hacia adentro, mirar en todas direcciones, ¿hay mujeres? abrazarlas si las hay.

El relato de Romina Zanellato, que es periodista y poeta, avanza con la descripción antojadiza, y por momentos densa, de lo que los ojos de la protagonista y narradora perciben. Demasiada atención a lo que le regalan sus órganos, de un modo incluso amenazador para el ritmo del relato, vuelve a la novela un ejercicio poético, de registro del mundo, de registro de las sensaciones más primitivas. “Todo lo quiero documentar porque de tan imperceptible que es la vida, por ahí no la reconozco”, se dice Alina. La obsesión por mirar, registrar y contarlo todo refuerza el sentido de Entre dos ríos: estar girando sobre una misma, encontrarse, perderse, reencontrarse, perderse, será una condena irreversible pero puede volverse divertido si no cerrás los ojos.