Por: Fotos: Leo Crovetto

Preguntas que disparan miradas para atrás y obligan a repensarnos. Da un poco de vértigo, ¿qué puede aparecer? Un poco resisto, cuesta. Pero empiezo, y el entusiasmo aparece, junto con la memoria.

Encontré el feminismo de sopetón, quizás sin buscarlo o sin saber que lo buscaba. Tardé y fue casi sin sorpresa.

En mi adolescencia (“…allá lejos y hace tiempo…”) leí “Memoria de una joven formal” de Simone de Beauvoir, revelador de otro mundo que ella pintaba como posible. Mi sorpresa fue un desafío que quedó para siempre y se manifestó de varias maneras.

Ya en Buenos Aires y muchísimos años y vida después, volví a leerla en sus textos fundantes. La elegí casi sin pensar, ¿era seguir por donde había empezado? Volver no es un verbo cualquiera para contar esa etapa, porque fue el momento en el que salí de nuevo al espacio público, ese que por años fue de ¿otras? y en los que la vida que pude hizo que me fuera bastante para adentro. Y entonces ya grande, fue retomar la facultad, recibirme, conocer mujeres muy especiales algunas a quienes había leído o que de lejos eran casi ¿adivinadas?, vivir encuentros decisivos, como sumarme al “Foro por los Derechos Reproductivos”, y recibir el impacto de la realidad, con nuevas exigencias que no podía ni quería dejar pasar.

El año 2000, no fue divertido como lo imaginaba en mis siestas infantiles de verano. Los tiempos que siguieron fueron cada vez más duros. Sabía que había espacios a los que no me interesaba volver, y descubrí otros que me atrajeron con fuerza. El feminismo llegaba a empujones con más preguntas pero a la vez con la posibilidad de respuestas que abrían nuevos caminos, que tenían eco también en y con las mujeres de a pie con quienes me cruzaba cada vez más en marchas, en trabajos y sobre todo en mis primeros Encuentros Nacionales de Mujeres. Desde ese momento todo se aceleró.

Las lecturas, la acción, la posibilidad de juntarme y sobre todo de aprender, discutir, pensar y trabajar con otras. Lograr de a poco mi lugar a pura prepotencia de presencia y tozudez de acción y de redefinir los espacios privados. Y estuve ahí cuando muchas con rica y larga historia, esas mujeres “las casi adivinadas” empezaron a darle forma y cuerpo a una idea, a un sueño que se fue armando en las luchas de tantos años: tratar de aunarnos por el derecho al aborto. Un derecho que salió de pensarse en lugares más encerrados y se fue discutiendo en las calles, en las plazas, en los cortes, en los piquetes, en las escuelas, en los lugares de trabajo y estudio.

Éramos de distintas generaciones, llegamos desde diferentes historias pero reflejadas y encontradas en esa fuerza que nos fuimos transmitiendo y contagiando. Y así, ese feminismo leído, el de los comienzos solitarios, se fue convirtiendo en objetivos compartidos.

Desde el año 2005 la formación y consolidación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito se fue convirtiendo en el centro de mis acciones. Se tiñeron de verde los anteojos violeta. Esto me produce muchas veces molestias, ya nada se ve igual y hasta ¿sería más fácil olvidarse de todo? persisto porque persistimos. Y porque en este camino fui encontrando mucha gente joven que al sumarse provoca una infinita y conmovedora alegría. También se aceran desde diferentes historias, lugares, identidades, decisiones, elecciones y con músicas y estéticas que me fueron enseñando a disfrutar.

Aprendí, aprendo y vivo feminismos de y con cada persona con la que comparto esta lucha por una vida más digna de ser vivida.
En este mirar para atrás recupero maestras y termino festejando la continuidad.