—¿Necesitan que me corte para que me atienda?

Mirta Rosa Guerrero, la Shakira morocha, una de lxs ocho presxs de la Tupac Amaru reclamaba a la oficial de guardia que la atendiera el jefe del penal. Quería reclamar por el maltrato recibido durante el traslado a una audiencia de juicio.

—Diganle a Morales que si quiere un muerto acá lo va a tener— dijo Shakira. Y encaró para el baño.

Morales, el gobernador de Jujuy, es el principal enemigo político de Tupac Amaru, una organización que solo en la provincia construyó 8 mil viviendas, cuatro escuelas y centros de salud y recreación. Desde que asumió Morales, en diciembre de 2016, la obra de la organización fue desmantelada, detuvieron a trece militantes e imputaron a más de 60.

Al ver que no volvía del baño, las compañeras de Shakira se preocuparon. Abrieron la puerta y la vieron con una toalla en el cuello intentando ahorcarse. El servicio médico la atendió en el penal y la trasladaron a un hospital local.

Mirta Rosa Guerrero nació y se crió en el barrio de Alto Comedero, en el mismo lugar en el que años más tarde la Tupac Amaru construiría tres mil viviendas, centros de salud y un parque acuático; y a unos pocos kilómetros donde ahora está detenida acusada de asociación ilícita, extorsión, fraude a la administración pública y robo.

Hace 15 años, cuando todavía no había nacido la organización, coordinaba una copa de leche. Por esa época llevaba el pelo largo y enrulado, por eso la bautizaron Shakira, como la cantante colombiana de moda. Fue una de las mujeres que acompañó a Milagro Sala en la creación de la organización y hoy es una de las cuatro que comparten con ella prisión en Alto Comedero.

Hace dos meses a Shakira la operaron de una hernia. Desde la intervención sufre dolores. En varias oportunidades sus abogados pidieron su internación para poder terminar de hacer los estudios que pidieron los médicos. Todos los pedidos fueron denegados.

Esta semana comenzó el primer juicio contra Shakira. La acusaron de robarle una cámara de televisión al equipo de producción del programa Periodismo Para Todos, que conduce Jorge Lanata. Durante el juicio todos los testigos e incluso los denunciantes, dijeron que el ladrón había sido un hombre de un metro sesenta y pelo largo. A los jueces del Tribunal Oral Criminal 3 de Jujuy no les importó: la condenaron a tres años y tres meses de prisión efectiva.

A la salida del juicio, cuando bajaba las escaleras, una de las oficiales que la acompañaba le exigió que caminara más rápido. También le reprochó la elección de la vestimenta: unas botas de taco bajo. Al volver al penal, una de las visitas le contó que por segunda vez en el ingreso le habían sacado unas flores plásticas que le había llevado de regalo, a pesar de que ya habían pedido la autorización formal.

Cuando terminaron las visitas, Shakira pidió ver al jefe del penal. Estaba cansada del maltrato constante de las guardias. La oficial le dijo que no la iba a atender.

Unos minutos después, las otras presas abrieron la puerta del baño y la vieron con la toalla en el cuello. Las guardias nunca aparecieron. A Shakira la salvaron su propias compañeras.