Por: Fotos: Guadalupe Giménez Dixon

En un partido menos vistoso y más parejo que el del jueves pasado, la Selección que salió con un equipo similar al encuentro anterior (salvo el cambio de la delantera Yael Oviedo por Belén Potassa) logró lo que buscaba: la clasificación a Francia 2019. Cinco minutos antes del entretiempo, la delantera Mills abrió el marcador para el equipo panameño, que hizo sentir su localía con ocho mil personas en las tribunas del Rommel Fernández y salió a buscar el partido desde el comienzo. La selección panameña tenía que hacer cuatro goles y dejar su arco en cero para ir al menos a la instancia de penales. Durante los noventa minutos, la posesión de la pelota fue repartida y aunque el equipo nacional llegó más veces al arco rival, el local tuvo las situaciones más claras. A los veinte minutos del segundo tiempo, Florencia Bonsegundo igualó el marcador con un centro al segundo palo, que no encontró jugadora sino que acarició el travesaño primero, y después la red. A ocho minutos del final, Argentina se quedó en cancha con diez jugadoras porque Yamila Rodríguez que había entrado en reemplazo de la cordobesa Bonsegundo fue expulsada.

Vanina Correa, Laurina Oliveros, Gabriela Garton, Adriana Sachs, Milagros Otazú, Miriam Mayorga, Belén Potassa, Mariana Larroquette, Valentina Camara, Milagros Menéndez, Micaela Cabrera, Yamila Rodríguez, Virginia Gómez, Mariela Coronel, Yael Oviedo, Vanesa Santana, Amancay Urbani, Aldana Cometti, Eliana Stabile, Florencia Bonsegundo, Estefanía Banini, Ruth Bravo y Agustina Barroso fueron las veintitrés jugadoras que seleccionó Carlos Borrello para disputar esta serie de partidos camino a Francia. Pero como ellas mismas dijeron desde la Copa América en Chile y se encargan de reiterar cada vez que dan entrevistas o hacen posteos en sus redes: “Ni once ni veintitrés, somos muchas más”.

Con el agite de las 11.500 personas en el estadio de Arsenal todavía resonando en el cuerpo, con la experiencia de esa jornada histórica para el fútbol aún muy vívida, la hinchada de las pibas se reunió en distintos puntos del país para seguir el partido por televisión. Algunxs solxs desde el living de su casa, otrxs en grupos chicos en bares, otrxs amontonadxs en locales, centros culturales o canchas de fútbol después de jugar un partido.  En la Villa 31, La Nuestra Fútbol Feminista se reunió en un bar, lo mismo hicieron algunas jugadoras de clubes de AFA en el barrio porteño de Coghlan, desde donde El Femenino transmitió la previa al partido; el Cid Campeador también fue punto de reunión para otras organizaciones de la Coordinadora sin fronteras de Fútbol Feminista que se juntaron en un local de Nuevo Encuentro. Las rosarinas se juntaron en un centro cultural de la ciudad santafecina y en la capital de Córdoba, los colectivos Abriendo la Cancha y Wacha Marta convocaron en un bar céntrico; a pocos kilómetros, en Sierras Chicas, las Arco Iris terminaron de jugar y la cancha se volvió tribuna para alentar a la selección.

Cuando la pelota va y viene, trama historias. Las que limpiaron de piedras, hojas y varones los potreros hace años se cruzan con las pibas de ahora que copan cuerpo a cuerpo cada cancha que encuentran. Las pioneras cordobesas tuvieron su homenaje antes del partido. Rosa Villagra y Silvia Barrionuevo recibieron diplomas y remeras, enviados desde el grupo de Las Pioneras de Buenos Aires, y entregados por las integrantes de Abriendo La Cancha. Cuando a Silvia Barrionuevo, que todavía sigue jugando, le tocó hablar dijo: “Si me tuviera que morir en una cancha, me muero”.  En la ciudad de Buenos Aires también hubo homenaje para otra de las pioneras. Betty García es la mundialista de México 1971 que hizo todas las asistencias a Elba Selva para que anotara los cuatro goles frente a las inglesas aquel 21 de agosto. La ex delantera, hoy técnica del equipo La Norita FC, recibió un reconocimiento en el Senado de la Nación unas horas antes de que comenzara el partido en Panamá.

Cuando el partido termina, suena un reggeatón. Una cumbia. Un cuarteto. La hinchada se levanta del piso o de las sillas y baila, y también bailan en el micro las jugadoras. Gritan unxs y gritan todxs. Cantan: A Banini vas a ver gambetear la Torre Eiffel, yo te juro que pronto se va a caer. En el hall del hotel con micrófono en mano, la cinta de capitana todavía en su brazo derecho y sin reparar en el cansancio de haber jugado noventa minutos, Estefanía Banini pregunta “¿Argentina quiere fiesta?”.  Y sus compañeras responden haciendo un trencito. Hay que saltar, hay que saltar, la que no salta no va al Mundial. La número diez, además de llevar la pelota pegada al pie lleva la voz cantante del grupo.

En el baile, en el grito, en el canto, en el abrazo van el desahogo, el festejo y el saber que sí, que después de haber participado en 2003 y 2007, Argentina vuelve a ser mundialista, y que será una de las tres selecciones sudamericanas en Francia, junto con Brasil y Chile. En ese canto-grito-baile-abrazo (porque es una misma cosa) cabe la convicción de que hay una sola dirección y es para adelante, que ya no hay vuelta atrás. Qué pasó con las pibas es lo que se pregunta la gente / Y las pibas te copamos la parada /oh oh, en las calles, en las camas y en las cancha oh oh.

La mano detrás de la oreja durante la Copa América de Chile fue un punto de inflexión, en ese gesto las jugadoras exigieron ser escuchadas, reclamaron mejores condiciones para el desarrollo de la práctica deportiva, se negaron a que las empresas elijan una modelo para presentar la casaca que ellas transpiran en los partidos. Hoy se volvió evidente que no están solas, que están luchando hace años, que antes que ellas hubo otras, que atrás de esa foto donde aparecen veintitrés son un montón, un millón, muchas más.  Que el movimiento feminista levantó bandera y arrasó meta bombo y redoblante. Que nunca más el fútbol será tal como lo conocíamos. Que entonces ya son otras las canchas, las tribunas, los estadios, las canciones, las hinchadas, las transmisiones, el periodismo, los relatos, las historias, la memoria colectiva. El fútbol, no otro. Uno nuevo. En construcción. En manada.

Si a tu fútbol lo cuida la Policía / Y nuestro fútbol es alegría / es disidente, es feminista