La derecha moderna, que se parece mucho a la clásica, sabe operar: sobre las estructuras de trabajo, sobre las formas de producción, sobre los medios de comunicación, sobre los lazos sociales y, finalmente, sobre el sentido común. En mis ocho años en Télam vi muchas formas de operación pero nunca tanta vigilancia disciplinadora mezclada con hipocresía discursiva como en los últimos años. Los años de Macri. Gente que desembarcó del mundo privado-precarizador con la tarea de sacar todo rastro de ideología y terminó cuidando al presidente hasta límites absurdos. Gente que vendió el modelo empresarial con entusiasmo y terminó ocupando los espacios estatales -que antes despreciaban- como patrones de estancia. Gente amparada en la idea arbitraria del “periodismo independiente” que, con el argumento de querer recuperar el prestigio de la Agencia Nacional de Noticias, terminó eliminando cables informativos, censurando contenidos, sancionando compañeras sólo por manifestarse y, en un contexto de ajuste, despidiendo a dos periodistas de larga trayectoria por la publicación de un cable en la sección Economía que, según el directorio de la empresa, contenía datos falsos sobre el origen de los tenedores de las Lebac. Más allá de la discusión económica que involucra a la crisis financiera, los periodistas fueron desvinculados de forma inmediata sin haber pasado por ninguna instancia intermedia que sancionara su supuesta responsabilidad. Más curioso es el hecho de que el cable en cuestión no fuera corregido ni eliminado por las autoridades correspondientes. Motivos que hacen pensar en la intencionalidad de promover un conflicto que sirva como instrumento disciplinador: el miedo a perder el trabajo por cometer un error. En este tiempo de incertidumbre social donde el discurso del poder apunta a la voluntad individual como único método de supervivencia y el Estado adopta su versión corporativa para desmontar simbologías, vigilar opositores y castigar disidentes, el miedo deviene instrumentador de las relaciones de trabajo y, más profundamente, de los vínculos sociales: agachar la cabeza, acatar órdenes, denunciar ‘cosas raras’ y, como repite el presidente, ‘poner el hombro’ para salir adelante, para ahorrar mejor, para ir juntos hacia un destino cada vez más incierto que, sin embargo, tiene sus modelos ejemplificadores en la pérdida de poder adquisitivo; en el endeudamiento imparable; en la represión a manifestantes y en el aumento nada gradual de tarifas, por mencionar algunos hitos de la revolución de la alegría.

En este contexto que tiene al miedo en el centro de los movimientos, la agencia Télam -que aunque a muchos no les guste sigue siendo del Estado y no de un gobierno- ofreció una contundente respuesta por parte de sus trabajadores: cinco días de paro donde no salió al aire ningún material de los alrededor de 500 que habitualmente salen por día. El paro, que será retomado el martes si el directorio de la empresa no da una respuesta favorable a lxs compañerxs despedidos, configuró un acontecimiento significativo donde confluyeron distintas generaciones, formaciones, ideologías y miradas en una intensa semana de asamblea permanente. Editorxs, redactorxs, fotógrafxs, camarógrafxs, choferxs y administrativxs que le dieron forma a un cuerpo vivo donde se expusieron las problemáticas que atraviesa el oficio en general y la agencia en particular, desde la situación concreta de los despidos hasta la necesidad de trabajar con el lenguaje inclusivo, pasando por los episodios de censura, los abusos de poder por parte de la patronal y el vaciamiento del área de publicidad, entre muchos otros temas que hacen a la compleja historia de la agencia creada el 14 de abril de 1945.

De esta experiencia nació la iniciativa mediática #SomosTelam, que visibiliza en las redes sociales el trabajo realizado a lo largo de años por la agencia, que muchas veces es desconocido hasta por lxs usuarixs. Frente al sentido común que desprecia la presencia del Estado en la vida de las personas que necesitan algo más que confianza en sus propios sueños para llegar a fin de mes (o directamente para comer), el paro reactivó la larga tradición de lucha gremial que forma parte de la historia de la agencia. El paro, con sus múltiples sentidos, sirvió para recordar que la única forma de romper el cerco mediático y vencer las fronteras del miedo es encontrar la fuerza en la voz colectiva.